Comunidad Wiseman

En Jackson Heights (2015) de Frederick Wiseman


Por Rafael Guilhem 

Comunidad Wiseman

En Jackson Heights (2015) de Frederick Wiseman


Por Rafael Guilhem 

 

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Para acercarnos a En Jackson Heights (In Jackson Heights, 2015) , hay que hacerlo no como si fuera únicamente una película, más bien contemplándola como parte de un programa mayor; la pieza de un mosaico en el que Frederick Wiseman —asociado al Direct Cinema— ha trabajado a lo largo de su filmografía, y que corresponde al retrato de las diferentes actividades humanas de la vida contemporánea y su relación con las instituciones. En esta última cinta, Wiseman se ocupa de Jackson Heights, un barrio ubicado en Queens, Nueva York, que supuestamente es el lugar mas diverso por hablarse alrededor de 170 lenguas en sus calles. A través de un registro sutil y prolongado, el realizador estadounidense construye una cartografía del espacio en tanto lugar habitable; con sus conflictos, contiendas y resistencias. Iglesias, grupos de apoyo, vendedores, migrantes y transexuales, conforman los tránsitos, ajustes y huellas de este microcosmos. El montaje es tal vez la piedra angular del cine de Wiseman, posibilitando con el furioso ritmo de sus imágenes y sonidos, que los acontecimientos diarios vayan estructurando una narrativa rizomática casi de modo imperceptible, una organización de los eventos a partir de un eje del que van y vuelven. Lo que hace esta visión tan compleja, es la capacidad de la película por que sea la vida la que disimuladamente se muestre a través de las personas y no al revés. En cada plano emergen interminables historias que podríamos seguir, sin embargo, Wiseman prefiere recortar todo lo que se ubica en un espacio, y logra que la concentración de este cruce de vidas, se convierta en algo que trascienda lo individual. Lo que aporta el centro de gravedad de la cinta es el papel que tiene la comunidad, entendiendo desde luego que no es un bloque homogéneo, sino un abanico de intereses, acciones, deseos, afectos y nexos. Todo lo que se captura es la vida pública y su discusión colectiva: ver un partido de futbol, manifestarse frente a un restaurante donde sucedió algún acto discriminatorio, o bien, para intercambiar las experiencias de cruzar una frontera. En ese sentido, es central que la mirada de la cámara no toma posición, se preocupa antes por hacer densa la realidad, entretejerla hasta que emerja como algo palpable. Y aunque Wiseman tiene la preocupación de observar, esto no le impide ser inventivo, al contrario, ver es un acto de creación. Sucede que, al construir una visión a largo plazo, es necesaria la paciencia y la espera para ir completando el trazo que propone el director, y que resulta aventurero por elaborarse de modo paralelo a la realidad. Es, antes que nada, un historiador en tiempo presente, y como tal, obtiene imágenes de procesos que apenas están sucediendo. En Jackson Heights, —a diferencia de sus obras anteriores como At Berkeley (2013) o National Gallery (2014)—, ya no se acerca a las instituciones sino a su transformación. Vemos que lo social, entendido como la relación de personas a través de instituciones, apela ahora a formas renovadas; nuevas figuras colectivas, diferentes sectores privatizados y comunidades asumiendo la responsabilidad de sí mismas, mientras el Estado empieza a alejarse cada vez más de sus funciones. Por ejemplo, cuando vemos grupos de ancianos homosexuales organizándose por encontrar un espacio propio para llevar a cabo sus actividades, no estamos sólo ante una resistencia al gobierno y sus pilares institucionales, sino también a la voraz mercantilización de los distintos aspectos de la vida. Es tal vez un momento de completa transformación, y todo esto, si quisiéramos investigarlo en unos cien años, estará registrado en las películas de Frederick Wiseman.