Versiones, materia, historia

Entrevista a Niles Atallah


Por Correspondencias 

Versiones, materia, historia

Entrevista a Niles Atallah


Por Correspondencias 

 

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Niles Atallah (California, 1978), estuvo en la séptima edición del Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM) con su película Rey (2017), que formó parte de la Competencia Internacional. En esta ocasión, nos habló de su posición frente a la historia, y su interés por intervenirla, revisitarla e inventarla.


Algo que creemos que destaca en Rey, es la reconstrucción que haces de un hecho histórico poco documentado. En ese sentido, ¿cómo concibes lo histórico?

Lo que me sucedió al hacer la película, es que al inicio sentí que estaba encontrándome con una versión relativamente coherente del personaje. Me di cuenta que eso pasaba cuando yo manejaba menos información; entre menos cantidad de información manejaba, más concreto era el personaje, pero mientras indagaba más, había muchas contradicciones y versiones distintas. Había muchos hoyos en la historia, en donde los historiadores hacían un salto narrativo totalmente ficticio, sacando conclusiones desde sus puntos de vista sobre lo que sucedió y motivó al personaje histórico de Orélie-Antoine de Tounens. Esto me llevó a volver en el proceso y mirar a Orélie-Antoine como otro personaje, y tratar, en ese sentido, de contar una historia acerca de quién era y qué hizo; habla tanto de mí como de él, entonces se volvió una autorreflexión.

Me di cuenta que al mirar hacia él y decir: «ah, él pensaba esto, él hizo esto y creía que iba a hacer esto» es que yo estaba proyectando mis prejuicios sobre él; esto me enfrentaba constantemente. Me di cuenta que mientras yo escribía sobre lo que el personaje hacía, tratando de crear una versión definitiva de su historia o una versión coherente, acabó siendo una versión construida por mis propias proyecciones, claro, basada en ciertos hechos históricos.

Se trata de un proceso de reconstrucción histórica que no es necesariamente arbitrario, pero está lleno —filtrado como un colador— por nuestros prejuicios y los de nuestra época; por cómo nosotros pensamos todo el tiempo. Eso es la historia, una reconstrucción de un conjunto de proyecciones de diferentes personas. Entonces eso es lo yo quería al crear la película. Al final, la idea de hacer tantas revisiones del mismo personaje, de deteriorar el material, tiene que ver con el hecho de que no quería proponer una versión definitiva, al sentir que no ayudaba a este proceso de reconstrucción histórica.

Es tiempo de darnos cuenta que la historia está escrita por —y es un cliché decirlo— los vencedores, por gente que logra asegurar su versión como la definitiva y difundirla por todos lados, hasta que queda como piedra en las mentes de las personas; forma ideologías y convence a la gente de hacer cosas como luchar en el ejército por sus países e invadir a otros. Esto está construido sobre todas estas narraciones ficticias del pasado a las que llamamos educación. No se trata de tirar toda la historia por la borda; eso es un extremo que me parece que tampoco ayuda, hay que encontrar algún lugar intermedio y decir: «mira, la historia está llena de revisiones, está llena de proyecciones, está llena de ficciones. ¿Quiénes son las personas que escriben?, ¿cuáles son sus agendas?, ¿cuáles sus ideologías?, ¿por qué piensan eso?, ¿por qué escribieron eso?» y también decir: «¿dónde están las voces de todas las personas, de la gente que no quedó en esta versión?»

En Rey, un hueco importante es la voz mapuche y de todos los demás pueblos indígenas, porque esa voz no está en casi ninguna versión de Orélie-Antoine de Tounens. No quedó registrada porque ellos tienen una tradición oral que es muy distinta a la tradición de la República de Chile y de Argentina, se aseguraron —con todo este proceso histórico del que hablo— de que el poder escribiera su versión definitiva de los hechos y esa versión, desde luego, no incluye la de los mapuches. Cuando escribieron acerca de Orélie-Antoine, lo mostraron como un enemigo; un loco que incitó a los indígenas “ignorantes” y “borrachos”, que eran “débiles de mentes” y vulnerables a un aventurero francés que hablaba bonito. Esa es la versión chilena básicamente, claramente es una versión errada. Si tú lees los libros de historia de Chile de los años 30, es la versión que cuenta. Hoy en día la mayoría de las personas que reciben cierta educación, se dan cuenta de que esto no puede ser la versión definitiva, entonces uno va rastreando hacia atrás en la historia y ve que la versión mapuche nunca quedó registrada, nadie pensó que era necesario traerlos al juicio, hablar con ellos o investigar su opinión. Entonces, de nuevo, hacer una versión definitiva de la historia, como un biopic convencional, una película de época donde mi trabajo hubiera sido escribir en un guión, las escenas entre Orélie-Antoine de Tounens y Quilapán, el líder mapuche, hablando de sus acuerdos y desacuerdos, pero esa es una versión que no está y no se puede acceder; no sabemos qué pensaron. Sabemos lo que Orélie-Antoine dijo que los mapuches dijeron, pero no sabemos lo que los mapuches dijeron. Quería hacer eso evidente, deseaba exponer ese proceso y dejar que el espectador lo viera y dudara de lo que se mostraba.

Parece que en el cine contemporáneo hay cierta preocupación por la historia y su representación, ¿a qué lo atribuyes?

Yo no sé si es sólo el cine contemporáneo que tiene esa preocupación. Yo creo que, si uno trabaja como cineasta, realizador o como quieras llamarlo, está registrando cosas, creando historias y, por lo tanto, te vas a topar con la ética en la creación de historias y con el hecho del registro, de qué es lo que quedó registrado. Cuando estés viendo esos archivos, también te vas a dar cuenta de que están hechos por alguien que tuvo acceso a las cámaras, o que las personas, hoy en día, que están contando historias son las personas que tienen acceso a cámaras y acceso a la creación de películas. Ahí hay un proceso, que es un proceso político. Debe estar mirado, con mucho cuidado y de manera ética para preguntarse: ¿cómo está hecho ese registro?, ¿cómo está recreada esa historia? Todo eso es lo que te hace sospechar y dudar cuando ves y lees la historia. Inevitablemente yo creo, como realizador, que vas a dudar y tener cierta sospecha e interés, cierta curiosidad de indagar en ese proceso, por ejemplo, Napoleón, que era una persona que escribió mucho y tenía una fuerte preocupación acerca de su propia imagen. De hecho, cuando él vivía en la isla de Santa Elena, donde fue exiliado el resto de su vida, trabajó escribiendo sus memorias y las versiones sobre lo que él había hecho, porque sabía que para la posteridad eso era lo que iba a quedar de él, entonces quería manejar esa imagen. Por eso hay mucha información que queda de él, es un personaje que escribió muchas cartas y también, es alguien de quien muchas personas escribieron. Ahí ya tenemos un problema porque, ¿quiénes fueron las personas que escribieron acerca de él?

A partir de la fotografía y del cinematógrafo, se inaugura una nueva forma de pensar la historia, ¿qué relación tiene esta idea con tu trabajo, en relación a la materialidad de la imagen?

Bueno, yo creo que ver una imagen registrada mecánicamente es muy impactante. Nosotros hemos perdido esa novedad y esa magia, seguramente por la saturación de imágenes registradas. Pero creo que, si uno fuera una persona que vivió en el año 1840, por ejemplo y ves una imagen registrada, ahí cambian un montón de cosas. Con las imágenes ves cierta ilusión de objetividad, de que la realidad también existe fuera de ti y que tú puedes ser registrado; un momento dado de la vida puede ser capturado y puedes volver hacia atrás y mirar eso, imagínate cómo era para las personas no tener imágenes de ellos mismos y después de envejecer, tratar de contar a sus nietos y bisnietos, cómo era su madre que había muerto.

Nosotros tomamos todo esto como algo normal, porque podemos ver muchas imágenes en nuestras vidas, pero imagínate lo importante que era eso. Y ahora, cuando inicia el cine, imagínate lo impactante de ver las imágenes en movimiento. Todo esto es algo impresionante, es un salto a una nueva era, no solamente de cómo ver la historia sino de cómo ver todo, cómo vernos nosotros mismos y a los procesos de nuestra vida. Esto tiene mucho que ver con cómo la historia está hecha. Yo investigué mucho tiempo para hacer Rey, en los archivos que quedan de los inicios del cine. Lo primero que uno podría pensar, es que se trata de un tesoro, de las huellas de la humanidad que permanecen en imágenes y sonidos, esto es sumamente importante. Después notas que no es tan simple, porque al comenzar a mirarlo te das cuenta que solo ciertas personas tuvieron acceso a las cámaras. Tiene mucho que ver, en los inicios, con un gran proyecto colonialista de los Lumière, de mandar a los cinematógrafos para registrar las colonias, porque esta tecnología nace básicamente en Europa y los mandan a las diferentes partes del mundo, que eran territorios colonizados, para volver con esas imágenes, proyectarlas y mirarlas. Nanuk el esquimal, es un ejemplo más tardío, pero mucho más conocido. Esto ya pasaba, algunas de las primeras imágenes filmadas eran de personas que vivían lejos y que eran parte del proyecto del zoológico humano, de capturar esas imágenes y mirarlas. Entonces, básicamente estamos viendo a través de los ojos de personas que tenían un propósito y encuadraban de una cierta manera, buscando a veces algo científico o etnográfico. Pero no podemos reducirlo, hay que reflexionar acerca de esto y del acto de ver, porque es un acto muy tramposo, lleno de ilusiones.

Eso quería exponer en Rey; proponer al espectador un viaje a través de un laberinto de ilusiones y espejos, donde al final de ese laberinto ¿qué es lo que queda?, ¿cuál es la verdad?, ¿qué vemos?, ¿qué entendimos de esa historia? No es tan simple, iniciamos creyendo que quizás vamos a conocer a un personaje y su historia, pero al final quizás no sabemos lo que aprendimos. Es por eso que dudo mucho de las películas y documentales, especialmente de los que proponen algo instructivo, o de los que uno cree que va a salir aprendiendo algo de una historia; también en la ficción, cuando dicen en una película histórica que quieren sumergirte en la época, que sientas que estabas ahí en el campo de batalla… esas ahí son banderas ideológicas, alarmas de que el cineasta está también bajo el mismo hechizo y bajo la misma trampa de creer que tiene acceso a una objetividad o a una verdad, a una versión definitiva de la historia. Yo creo que la realidad es mucho más complicada.

Volviendo un poco a Orélie-Antoine de Tounens, se trata de un personaje que parece contradictorio porque, por un lado, pretende liberar a los mapuches del cerco militar chileno, pero por el otro, quiere instaurar una monarquía, ¿cómo concibes a Antoine, en ese sentido?

Claro, hay muchas contradicciones. Yo creo que antes que nada era un hombre del siglo XIX, tenemos que recordar que en el siglo XIX, supuestamente no era malo el término colonialista o colonial, pues se trataba de un proyecto de civilizar como algo positivo. Decir colonial en esa época era algo bueno, entonces pienso que para un hombre europeo, la idea de ir a liberar gente, civilizarlos, traer una constitución y una monarquía; una versión europea de gobernar, no eran cosas contradictorias. Para nuestra época, suena muy contradictorio, pero para él no creo que lo fuera. Yo creo que esto es un buen ejemplo de cómo se van desplazando las actitudes, la consciencia de una época, los pensamiento culturales y sociológicos; cómo están siempre en desplazamiento, siempre cambiando. Entonces, cuando nosotros miramos desde un punto hacia atrás a algo, tenemos que recordar que estamos mirando a través de nuestros ojos ideológicos hacia otra época donde las cosas significaban otra cosa para las personas, incluso la manera en que hablan, las palabras que usan… hemos perdido esas implicaciones de sentido. En lingüística, es sabido que los contextos, los significados de las palabras también están en un constante proceso de cambio. Un verbo o un adjetivo, ahora significa otra cosa para nosotros de los que significó hace 400 años, quizás el fondo se mantiene, pero todas las otras implicaciones han cambiado y esto, es algo que se hace evidente cuando uno mira hacia atrás.

Nos da la sensación de que en tu película hay un trabajo interesante del español, como una revaloración del lenguaje no sólo en tanto información, sino en su cualidad sonora, ¿qué dimensión tiene para ti la sonoridad de la palabra hablada?

Hay muchas encantaciones en Rey que el personaje hace, esto tiene que ver con el aspecto que no hemos comentado para nada porque me he reducido a hablar de la historia y los procesos políticos, pero que es un aspecto mágico en Rey, que tiene mucho que ver con una especie de proceso ritual; ritualístico o casi como una ceremonia mágica. Me parece que en el cine hay una subvaloración de todo este mundo mágico que tiene la imagen y el sonido. La unión de estas dos cosas, es una forma muy poderosa y antigua de provocar la transformación o el suceso mágico en un público, creo que desde la época en que las personas pintaban en cuevas, contando historias, tocando música y bailando. El cine tiene mucho que ver con esto, y esto es algo que va más allá de la forma en que uno puede intelectualizar el proceso de las ideas; más importante aún que las ideas en el cine, son las experiencias vividas en la sala de cine o cuando uno está viendo una película. Es algo que la imagen, la cara de una persona, el sonido de una palabra, la repetición del sonido de una palabra, la forma en que entra con el montaje de la película, tienen un ritmo y una forma de comunicar de manera inconsciente, que es quizás mejor llamarla comunicación mágica, donde yo creo que entran tanto las emociones, como la sabiduría que uno tiene y que no sabe que tiene. En ese sentido, tal vez la película puede funcionar como una especie de puente hacia conocerte mejor a ti mismo, o por lo menos, tener un vínculo hacia este océano interior con el que a veces es difícil conectar. Es un mundo onírico, un mundo de sueños, pero más allá de eso, es como se relaciona el mundo de los sueños con nuestra conciencia viva. Para mí, el cine tiene mucho poder porque es el puente entre estos mundos.