Cartas al futuro

Entrevista a Jonathan Rosenbaum


Por Correspondencias 

Cartas al futuro

Entrevista a Jonathan Rosenbaum


Por Correspondencias 

 

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Mutaciones del cine contemporáneo es un libro fundamental para toda persona interesada en el pensamiento cinematográfico. Entre las riquezas de su contenido, encontramos un intercambio epistolar sobre las transformaciones ocurridas en la cinefilia con el cambio de siglo, mantenido por un puñado de grandes críticos de los cuales Jonathan Rosenbaum (Alabama, 1943), funge como uno de los coordinadores. Esta entrevista electrónica, traducida del inglés, busca indagar en el estado actual de aquellas cartas, de la mano de uno de los referentes más importantes de la crítica de cine en el mundo.

 


 

Hace casi dos décadas que se publicaron por primera vez las cartas de Mutaciones del cine contemporáneo. Nos da la impresión que, en estas correspondencias, cada uno tiene muy clara su genealogía cinéfila y su línea de pensamiento en torno al cine. En cambio, para los críticos más jóvenes no parecen estar tan claras las tradiciones de la crítica cinematográfica. Hay, tal vez, una confusión de los referentes históricos, propia del internet y los grandes flujos de información. ¿Cómo piensas que la cinefilia y la crítica de cine han cambiado desde la publicación de Mutaciones?, ¿cómo abordar la crítica cinematográfica desde este desconocimiento de la tradición fílmica?

No estoy seguro si concuerdo con su suposición sobre la ignorancia de los cinéfilos más jóvenes. Mi experiencia sugiere que ellos son, o más ignorantes, o más sofisticados respecto de la historia del cine y la historia de la crítica de cine que los cinéfilos de mi generación. Es importante reconocer que los cinéfilos de hoy tienen mayor acceso a más películas y más textos de críticas que lo que tenían los cinéfilos de hace medio siglo. En realidad, es difícil comparar ambas situaciones porque los procesos de disponibilidad por los que atraviesan las películas y los textos no son los mismos, y al mismo tiempo, está claro que los cinéfilos en la actualidad, tienen acceso a más películas y textos de los que yo tuve cuando recién descubrí el cine como una forma de arte en los sesenta. Por supuesto, teniendo más acceso puedes también caer en una mayor confusión debido a la cantidad de opciones, pero yo insistiría en que es más importante la calidad de los espectadores y lectores que la cantidad. En mi experiencia, los cinéfilos más jóvenes que saben lo que buscan, ven más y leen más que los cinéfilos de mi generación en los años sesenta.

En el libro que escribiste junto a Mehrnaz Saeed-Vafa sobre la obra de Abbas Kiarostami, haces referencia a La casa es negra de Forugh Farrohzad, explicando que se trataba de una película de difícil acceso. Hoy en día, esta película se encuentra online, e incluso para los hispanoparlantes, circula una versión subtitulada al español. Además, —como pasara con el surgimiento de los sistemas de reproducción casera como el BETA y el VHS en su momento, que revolucionaron la forma de aproximarse a las películas pudiendo, por primera vez en la historia, revisar las películas una y otra vez—, hoy en día, el surgimiento de las plataformas de streaming y de descargas ilegales, permite tener entrada a una enorme cantidad de cintas casi de cualquier parte del mundo en instantes. ¿Cómo ha cambiado este acceso y disponibilidad de las películas al cine mismo?, ¿cómo consideras que eso ha influido en las nuevas generaciones de críticos de cine?

Contesté mucho de esta pregunta en mi respuesta anterior. Básicamente, yo creo que los espectadores de hoy son más ignorantes y más conocedores de lo que solían ser. Más ignorantes, porque están más influenciados por la publicidad y el desconocimiento de las grandes corporaciones sobre lo que poseen; pero también, más sofisticados por las opciones y oportunidades que tienen aquellos que saben con claridad lo que están buscando.

En el mismo libro de Kiarostami, dices que como estadounidense, no tienes derecho a ver a Kiarostami principalmente como un artista iraní al no saber realmente en qué consiste ser iraní, y por lo tanto, lo entiendes más como un cineasta mundial. Nos interesa mucho tu posición de crítico estadounidense, en relación a las distintas cinematografías del mundo, incluida la de tu país, que tiene una gran influencia más allá de sus fronteras donde, por lo tanto, la idea de lo local queda trastocada. ¿Cómo es tu aproximación a la cinematografía estadounidense a diferencia de otras cinematografías?, ¿cómo se puede entender el cine estadounidense desde la categoría de lo local y lo global?, ¿es conveniente seguir hablando de cinematografías locales?

Alexander Horwath tiene una interesante discusión sobre las cinematografías “locales” en su carta de 1997 en Mutaciones del cine contemporáneo, —cinematografías en las cuales «sus dialectos son demasiado específicos como para poder insertarlos en el comercio mundial de bienes. Por ejemplo, en Austria: Wolfgang Murnberger (actualmente) y John Cook (en los setenta); en Alemania: Michael Klier, Helge Schneider. O en Kazajistán: Darezhan Omirbaev. E incluso en Hollywood: Albert Brooks. Cada uno de nosotros podría pensar en otros veinte.»—. Algunos otros directores estadounidenses “locales” podrían ser Richard Linklater (Austin, Texas), John Waters (Baltimore), y el difunto George Romero (Pittsburg). Y también, se podría hablar en cierta medida de críticos cinematográficos “locales”: para bien y para mal. J. Hoberman es un crítico de cine muy de Nueva York. ¿Soy yo un crítico de cine de Chicago en el mismo sentido? No lo creo. Como señalo en mi página de Facebook, trabajo y duermo en Chicago, pero mi hogar es básicamente el internet (y mi lugar de nacimiento fue un pequeño pueblo en Alabama). En cualquier caso, aunque los recursos de Internet a veces nos obligan a repensar lo que entendemos por “local” y “global”, creo que estos términos siguen siendo significativos.

En distintas ocasiones has mencionado que una de las funciones centrales de la crítica cinematográfica es la información. Es algo que nos llama mucho la atención, pues a menudo lo que más circula es información, pero existe poca reflexión y detenimiento frente a ésta. Nos gustaría que ampliaras esta idea.

Uno no debe olvidar el problema de la desinformación, que sigue siendo hoy tan extendida como siempre. Por ejemplo, la desinformación sobre que Carl Dreyer tuvo una estricta educación religiosa, que se copia y se re-copia sin cesar de fuentes erróneas —tal vez en parte para explicar los temas religiosos de muchas de sus películas—, a pesar de que Dreyer no era religioso. Y a veces la supresión o simple omisión de información tiene consecuencias ideológicas: el hecho de que Rosetta de los hermanos Dardenne inspiró una nueva ley en Bélgica conocida como “ley Rosetta”, que elevó el salario mínimo para adolescentes, es una pieza crucial de evidencia para aquellos que Insisten en que las películas no pueden cambiar o afectar el mundo, pero esta información falta en la mayoría de los escritos sobre la película.

Para terminar, queremos preguntarte qué opinión te merece el cine mexicano de la actualidad. ¿Has visto algo?, ¿hay algo que te interese particularmente?

Lo siento, pero no estoy en condiciones de responder a esta pregunta. Por un lado, ya no trabajo haciendo reseñas de cine, y los únicos festivales cinematográficos a los que asisto son los que me invitan —y el único festival al que he asistido este año fue II Cinema Ritrovato en Bolonia, que sólo muestra restauraciones de películas más antiguas—. E incluso, si asistía a varios festivales cada año, era sólo porque fungía como miembro del jurado, lo que limitaba las películas específicas que tenía tiempo para ver. Además, incluso si todas las grandes películas mexicanas llegasen a Chicago (lo cual no es algo que ocurra), no tendría ninguna manera segura de saber cuáles debo ver. Así que me temo que no hay un modo razonable para tratar de responder a su pregunta.