Encuentro virtual con Eduardo Williams

Gozar de su guía y caminar sus paisajes


Por Gabriel Acosta 

Encuentro virtual con Eduardo Williams

Gozar de su guía y caminar sus paisajes


Por Gabriel Acosta 

 

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La conversación fue muy agradable, hablamos por Skype, a siete horas de diferencia. “Teddy” estaba en París y yo en México. Con el micrófono de la computadora grabé las respuestas y con una grabadora externa, mis preguntas. Cuando revisé este último archivo, no se había grabado. Todo lo que quedó fueron sus maravillosas respuestas, su ritmo, su amenidad, su sensibilidad y su genialidad. De las preguntas sólo quedaron algunos restos.

 


 

Pensé en aprovechar la invitación de la revista Correspondencias. Cine y pensamiento, para reflexionar contigo sobre el paisaje. He estado cuestionándomelo, pensé mucho en Costa da Morte, Leviathan, People´s Park, Manakamana, también en Jauja y La Libertad. De pronto, algo se modificó y pasé de pensar el paisaje como algo que existe y se filma como protagonista o bien, como un espacio meramente contenedor, a algo que se construye; que atraviesa a los personajes, sí, pero también al director, a su cámara, y milagrosamente (es posible) también al espectador. Estuve meditando sobre el paisaje como posibilidad; como multiplicidad y subjetividad. Esto abría muchas puertas a pensarlo, por ejemplo, como una construcción fragmentaria y también, como el remanente en la memoria de los sueños. Así recordé Pude ver un Puma: la continuación del diálogo, la continuidad de un presente que atraviesa el mismísimo espacio y tiempo. Pensé, «para “Teddy” el paisaje de una escena se conforma de la yuxtaposición de espacios diversos». Tan sólo quisiera invitarte a reflexionar juntos en el cine, tu cine. De lo ya pensado, lo sentido y lo existente; pero, sobre todo, del cine posible.

Costa da Morte aún no la vi. Justo cuando estaba en festivales, yo no estaba en festivales. Estaría bueno verla, especialmente para hablar de paisajes. De Jauja me habían gustado varias cosas, e igual es una versión más clásica del paisaje en mi mente, pero me gusta más cuando la persona está en relación al lugar que cuando está en relación a otras personas. Creo que es un poco lo que hago en mis películas. A veces es tan importante la relación con el espacio como lo es con los demás. Supongo que también es lo que me gusta ver en otras películas.

Creo que hay algo —que también es lo que intento—, y es sentirse como parte de un paisaje y no sólo un observador. Es desde ese lugar que me gusta estar en contacto con el paisaje, me parece que es como sentirse dentro de un sistema del cual formas parte, y eso es parte de vos. Me parece que hay algo de no ponerse a observar lo bello, o especial, o feo, o lo que sea, sino como ser parte de eso. Lo asocio con la película, veo cómo lo comparto y cómo a veces me sale naturalmente. Me doy cuenta que me gusta más pasar por los paisajes que observarlos quieto; ver cómo cambian, entender a las personas como parte de un paisaje más grande. Me parece que esto muestra una cierta relación con el espacio. No ver tanto la persona y el paisaje como elementos diferentes sino como partes de un mismo sistema.

En este momento, mencioné algo sobre lo dinámico y la importancia que tiene el paisaje tanto en su vida como en sus películas.

Hay algo del orden de lo dinámico. Me interesa también ver al paisaje como una especie de cuerpo que va cambiando, como cuando vas avanzando por ahí y no tienes a la persona muy cerca. La tenés más lejos, entonces ves como una cosa que va mutando. Pasas por un túnel y después se abre, se oscurece, se abre en algo más voluminoso, no sé… todo eso en la pantalla va siendo como una cosa, como un cuerpo que va cambiando, en movimiento. Como si exploraras un lugar: la imagen que va descubriendo una gran estructura que se mueve mientras avanzamos sobre ella.

Por ejemplo, en un plano bastante largo en Buenos Aires, vamos siguiendo a un chico caminando. Va por unas escaleras y después baja. Al final, está en una especie de parque. Este lugar me pareció bastante bueno y ahí, quizás, pueda conectar con lo que me preguntabas de la importancia que tiene el paisaje en la película, o para mí. Muchas veces, especialmente al principio, lo que me comenzaba a dar la idea para hacer una película era el paisaje. En Pude Ver un Puma, cuando vi el lugar en ruinas [Epecuén] en youtube, primero me impresionó mucho (como a todo el mundo), porque en un primer momento es algo espectacular. Después, pensé cómo podrían pasar por este lugar los personajes (no físicamente sino con la actitud con la que lo atraviesan), así como hablando, en su vida normal, sin hacer referencia a lo que estamos viendo. Pensé que esto podría darle una nueva posibilidad al paisaje: lo cambiaba, lo hacía entrar en duda. Si hubiera hecho un corto sobre lo que ocurrió ahí, tal vez podría haber sido interesante, pero no tanto para mí. Después descubrí que, si tenía unos personajes pasando por ahí, hablando de su vida o de cualquier otra cosa, y haciendo como si nada, se produciría la duda de si ellos están viendo lo mismo que nosotros, o si es que para ellos es completamente normal y para nosotros no. No entender bien. Me parecía muy interesante eso de que dos cosas diferentes como el paisaje y la actitud de los personajes puedan abrir tantas dudas y posibilidades; después fue que lo asocié al paisaje urbano de terrazas y al final, a algo de naturaleza. Más adelante lo fui armando, pero todo comenzó desde ahí: en el descubrimiento del paisaje.

En muchos de los otros cortos que hice, también. La primera idea venía desde ahí, como que el espacio físico me traía la idea para hacer una película. Hay un corto que hice en el que un chico entra en un túnel bajo tierra (es en Francia y en Sierra Leona), está en un jardín y abre como una tela, un tubo gigante que va para abajo. Eso me dio la idea para hacer ese corto. Después he intentado que no siempre sea así, que no sea siempre el paisaje el que me trae la idea para esa escena o para esa película, por eso me gustó ir a países o a ciudades que no conocía, para ir con mis ideas hacia el encuentro con un posible paisaje. Muchas veces no iba en busca de algo concreto sino que llevaba mis ideas y no sabía con qué me iba a encontrar. Por ejemplo, en Maputo yo no sabía bien cómo era la ciudad, y tampoco intenté averiguarlo. Fui ahí y lo descubrí estando ahí. Una vez que fui encontrando los diferentes lugares, o bien me iban dando nuevas ideas, o veía cuáles de mis ideas se iban adaptando a esos nuevos lugares. Creo que siempre, para mí, lo que cuenta la historia de la película es la imagen y el sonido, no la palabra. Siempre imagino la película como una especie de gran camino a través de diferentes paisajes. Cuando pensaba en El Auge del humano, muchas cosas no las pensé antes de hacerlas, pero cuando escribí el guión tenía una especie de estructura y algo sumamente importante era ese pasaje por diferentes paisajes. Para mí, eso va dando una idea de desarrollo y de cambio. Desarrollo de una narrativa, por así decirlo. Es algo abstracto que me cuesta explicar con palabras, no es lo que mejor me sale: explicar las cosas con palabras.

Sobre entrar en trance, la continuidad, y los diálogos.

A través de imaginar una larga caminada (un gran avance sobre diferentes paisajes), donde empiezan con algo suburbano, que muta hacia un espacio suburbano pero de otra ciudad, después hacia algún tipo de naturaleza, después a otro, y después corta con algo completamente contrastado. Cuando voy pensando la película, voy pensando eso. Más allá de que algunos paisajes no conozco en detalle, sé qué tipo de lugar estoy buscando. Después me dejo sorprender por lo que encuentro y para mí es un elemento muy importante. Creo, tal vez, cuando decido si filmo esto o lo otro, que nunca en mi vida decidí filmar algo que no fuera en relación al lugar donde lo filmo. Nunca el lugar fue un accesorio; algo que hiciera porque tenía que hacerse en algún lugar. El lugar siempre es parte de la idea, de lo que vemos como espacio, como paisaje; siempre es parte importante de la idea y su relación hacia lo otro, que pueden ser las personas o la cámara o el movimiento. Me parece que es porque intento hacer que toda la imagen hable, que no sea algo tan llevado por la palabra únicamente. Obviamente, hay palabras que me importan y por eso se habla en la película, pero me parece que el paisaje es un personaje, o varios personajes, que van diciendo lo suyo a lo largo de toda la película.

¿Cómo hacer que el otro entre en el juego, que el camarógrafo y el equipo se conecten con esa mirada tan particularmente suya? Sobre la comunicación que excede las palabras y la relación (impactante) del lugar sobre Teddy, los actores, y el equipo.

A veces me cuesta saber. Es algo de la manera de ser, o de actuar, o de en qué lugar te pones, o en qué humor estás para hacer la película. Estas indicaciones que les doy y también todo lo que no digo, todas esas cosas que parece que no importan o que no nos estresan, me parece que generan una comunicación que va más allá de las palabras, porque a veces en el rodaje me cuesta trabajo explicarles a los demás, e incluso a mí mismo, lo esencial de la película. También me doy cuenta después que hay mucho de lo que los demás se percatan por cómo hacemos las cosas más que por lo que digo, sobretodo me doy cuenta con los actores, o especialmente cuando es en otro país. Por un lado, me interesa que algunos lugares sean normales para ellos, porque uno actúa diferente en un lugar que le es normal a uno que le resulta extraño. Muchas veces actuamos en sus barrios o en sus casas, y otras veces actuamos en lugares a los que ellos nunca fueron. Me gusta tener esa doble relación con el espacio. A veces se generan cosas, que pueden ser mejores o peores; a veces están más nerviosos, pero a veces también se liberan más, inventan más cosas que cuando están en su propio barrio, donde a veces uno probablemente se siente menos libre. No sé, depende de la persona, pero me fui dando cuenta de esas cosas. Me parece también que fue importante pasar tiempo juntos, hablar de cualquier cosa y darnos cuenta que cuando hablas de cualquier cosa estás también contando. Yo estoy contándoles de mí, y ellos de ellos. Eso nos llevó a sentirnos cómodos uno con el otro, que es lo más importante para mí. Lo que yo más quería de los actores es que ellos pudieran expresarse con toda la libertad posible. No es fácil cuando estás frente a una cámara y con gente que no conoces. Esto creo que también tiene que ver con la relación con el equipo. Pasar tiempo juntos, darse cuenta de que mucho de la película se transmite no necesariamente explicando la película. También intentar destruir las ideas previas que tienen los demás sobre el cine, o sobre lo que es hacer una película cuando no es muy parecido a lo que vamos a hacer, por ejemplo. Salirse un poco del rol de jefe o de autoridad, aunque necesitas un mínimo control sobre la dirección a la que vamos: que haya alguien que lidere un poco, pero no desde un lugar de verticalidad, y no desde un lugar de cortarles la libertad a los otros o darles más nervios o miedo sobre la situación. Siempre intento mejorar sobre esto. Aunque uno se crea muy amigable y buena onda, cuando llegas a otro país, la gente no sabe quién sos y piensa que sos un jefe. Eso les hace sentir cierta tensión con vos. Para mí sería importante tratar de que eso no sea tan fuerte.

En la cámara, en realidad, yo lo veo bastante simple —habría que preguntarles a ellos tal vez—: hay ciertos elementos puntuales que hacen que las cosas queden unidas. En esta película, por ejemplo, habemos tres camarógrafos, es un poco diferente la cámara, pero me parece que tiene la misma fluidez o personalidad. También tiene que ver con ciertos elementos: la relación entre actores, con el espacio y con el movimiento. Es algo que se mantiene constante.

Volviendo a pensar el paisaje, nos proponemos ir más allá del marco que encuadra una pintura. Se me ocurre, por ejemplo, que en News from Home, o en Syndromes and a Century, se crean paisajes mentales de Nueva York o de Bangkok, como si de un recuerdo se tratara. Y esos son aún claros, pero hay otros más dudosos, más heterogéneos, acaso podremos también quedarnos con un paisaje de Aquilea en Invasión, o con el que construye Salomé Lamas en Eldorado XXI, o con el de La Última Tierra de Pablito Lamar. Ni qué decir de Permanencias de Ricardo Alves. Ya ves hacia dónde me dirijo, ¿cómo construyes tus paisajes, cómo los sueñas y los planificas?, ¿cuándo puedes ver el paisaje en tu mente por primera vez —esa nube de diálogos, imágenes, lugares y movimientos—?

En referencia a lo que me decías sobre la construcción del paisaje, creo que hay algo un poco intuitivo, que a veces lo pienso y a veces no. Es tratar de poner el paisaje cortando las dos dimensiones de la pantalla, siempre en una situación, o de movimiento, o de posición que le den profundidad. Es algo medio básico pero que a veces no es tan evidente y que siempre intento hacer. A veces cambia en cada escena porque los lugares son muy diferentes, pero me gusta como parte del contraste. A veces lugares muy cerrados, oscuros, o muy abiertos y luminosos. También me interesan mucho los paisajes que cambian inesperadamente. Me gusta principalmente porque en tu mente hay lugares que están separados y si caminas por un lugar y pasas por un paisaje, se ve como un mismo lugar se convierte en otro. De manera muy simple, el interior y el exterior. Antes no lo había pensado tanto y es algo que me interesó mucho en esta película: unir bastante el interior con el exterior por el movimiento. Pasa que en general en nuestra cabeza, el interior y el exterior son lugares separados y como que tendemos a cortar los espacios. También me di cuenta de esto leyendo unos poemas de un poeta chileno que me pareció muy bueno. Me inspiró a poner atención en eso. El libro se llama Sobre cosas que me han pasado, de Marcelo Matei. Habla sobre la continuidad y no me baso en eso pero sí son momentos en los que uno se siente conectado a alguien, o bien, sientes que las ideas del otro te interesan y quieres estar más atento a ese tipo de cosas.

Con respecto al idioma, nunca fue mucho problema. Confío bastante en la comunicación que va más allá del idioma. A veces me comunico con gente en un idioma que no hablo muy bien, como en francés. Pero como no quiero controlar todo en la película, no estoy tan desesperado porque todo sea como yo lo pienso. Sí intento obtener algunas cosas que estoy intentando expresar claramente, pero después, si hay algo en la traducción que se pierde o que se transforma, tal vez es bueno. Estoy abierto a eso, no estoy tan desesperado por comunicar con exactitud. Porque tampoco yo tengo esas ideas con exactitud. Por ejemplo, si hay otro camarógrafo, me gusta que él también tome sus propias decisiones, que tenga algún espacio de libertad. Nunca fue muy grave el tema del idioma. Por eso te decía de usar las palabras pero que no sean el centro de la comunicación, o el centro de la película. No darle tanta importancia a la palabra. Creo que por eso me gusta el cine, porque es la única manera que encuentro para expresarme lo más sinceramente posible.

Siento que hay películas en las que el paisaje es un accesorio, algo que queda al fondo, como para decorar la escena mientras todo sucede alrededor del diálogo.

Sí, eso me pasa a mí a veces, siento que sí hay gente que se conecta con eso, pero yo la verdad es que cuando tanto peso de la película está puesto en la palabra, pierdo un poco el interés. Me pasa que si pienso que es algo que podría leer, prefiero leerlo. Cuando leo decido yo el ritmo de las cosas, decido cuando quiero pensar en otra cosa y después volver a leer, no sé, tiene otra dinámica que me gusta más. Cuando veo una película es para recibir otras cosas que no son tanto palabras. 

Hay una especie de continuidad y rompimiento, de ritmo. Quizás se ve en algunas escenas que por momentos son muy continuas, de ir caminando y que todo se va desenvolviendo suavemente, y que de pronto alguien comienza a hablar y por ahí se corta en el medio y pasa a otra escena empezada. Creo que hay una variación entre cortar y continuar. Pasa lo mismo con las ideas: no querer acomodarse mucho. O como decía al principio, que los paisajes me servían mucho para pensar las películas y después me di cuenta que no me quería acomodar ahí, o sea, seguir usándolo, pero también intentar otras cosas.

Sobre cómo se enfrenta a lo desconocido.

Llevo algunas escenas escritas que no tengo idea dónde pasan. O llevo notas, o pequeños diálogos que no son escenas. Tengo diálogos sueltos, o situaciones, o una idea abstracta de un lugar que necesito. Por ejemplo, necesito un lugar más o menos comercial, pero no sé cuál, entonces al final, después de recorrer la ciudad encuentro por ahí un mercado que me gusta mucho, y por ahí encuentro otras personas en otro mercado, y entonces termino haciendo relaciones entre diferentes espacios.

En general hay cierta idea de querer descubrir la ciudad y a la vez lugares diversos en la ciudad, y no quedarse con solo un tipo de lugar. Buscar lugares que muestren la ciudad diferente a la ciudad. Igual la idea no es mostrar la ciudad como una ciudad, como esta ciudad, sino mostrar diversidad de espacios en un mismo lugar. Por ahí quería ir más a los suburbios, o más al centro, a lugares oscuros, más en lugares extraños y caminando descubrí un lugar que era toda una barranca que empezaba en un parque bien cuidado, después, una barranca oscura que terminaba en una avenida. Empecé a pensar: «aquí tengo que hacer una escena», empecé a pensar cómo era, qué diálogos que tenía irían bien con esa escena, qué personas que conocí podían ir bien. Ahí se empezó a formar. Lo más concreto son diálogos y situaciones. Por ahí quería que hubiera una escena con alguien corriendo, después imaginé dónde podía ser, después pensé que debería ser un lugar con mucha gente. Pasé por una rotonda que me gustó, fui uniendo diferentes cosas que tengo para formar una escena o algo así.

A Filipinas fui porque la vi en un lugar en internet y me gustó, y dije «tengo que ir ahí». En ese caso sería un poco como lo clásico que hacía antes: ver un lugar y decir «filmo ahí». Después, todo lo que había imaginado en ese lugar, no lo encontré. Quería filmar en unos árboles medio raros que había en la zona, supuestamente, pero después no los encontré. Había muchos agujeros en la zona y quería filmar un agujero creado por un terremoto, pero no me dejaron ir. Terminé encontrando esta laguna, con ese lugar al lado, y me gusta cómo se relaciona con el agua del principio especialmente; con la inundación donde el chico pasa caminando por el agua marrón y al final están todos nadando en el agua. Diferentes maneras de usar el agua, o de convivir con el agua en diferentes lugares.

Todo se fue formando así: no encuentro esto, pero encuentro lo otro, entonces qué es lo que encuentro. Primero quería una escena con dos personas en esos árboles extraños y al final como encontré este lugar con agua, pensé que tenía que haber muchas más personas. Además de querer aplicar ideas a lugares, también ser capaz en la adaptación. Adaptarse a situaciones o a lugares, eso es lo que intento aprender cada vez más. Es la única manera en la que puedo hacer estas películas, si soy capaz de adaptarme. Si quieres hacer una película en tres países y viajando, no te queda otra que adaptarte a todo, pero eso es bueno si lo sabes usar. Bueno, eso es lo que intento…

Sobre las transiciones.

Hace mucho tiempo que me gusta mirar hormigas. Fue una especie de descubrimiento cuando vivía en la casa de mis padres en Buenos Aires. Había un pequeño jardín y yo estaba ahí, solo y aburrido. Miraba las hormigas, les sacaba fotos y descubría cómo mirándolas muy de cerca puedes ver cierta personalidad, o ver bien cómo se mueven. Después fui pensando cómo ese gesto de mirar algo en detalle te puede llevar a otro mundo, transportarte a otra manera de vivir, al mismo mundo. Me gustó eso de tener una hormiga tan cerca y a la vez sentir que es un mundo tan lejano. No tengo idea cómo la hormiga siente el mundo, o cómo es consciente del mundo. Hay algo de esa cercanía y lejanía, de esa simpleza de mirar algo, que te lleva a algo muy loco y muy inentendible para vos. Tratar de ponerte en el lugar de esa hormiga es algo muy raro y muy lejano, y a la vez está ahí, está conviviendo con vos, aunque no te des cuenta. Todas esas cosas me empezaron a parecer muy interesantes. Después leí un libro de una mimercóloga — los científicos que estudian las hormigas—, que me pareció genial. Trataba sobre la comunicación entre las hormigas. Tenía muchos datos muy buenos, pero siempre va a quedar algo extraño: el mundo que nunca vas a comprender, más allá de que puedas estudiarlo y que puedas ir entendiendo cosas de su modo de vida.

Una vez creo que leí que la colonia más grande de hormigas en el mundo va desde Estados Unidos hasta México, es mega gigante y todas son como de la misma familia, así si se huelen entre ellas está todo bien, y si pasa una de otra familia, la matan porque huele diferente. Creo que eso me dio la idea de conexión, obviamente ellas no van caminando de un lugar a otro, pero están conectadas por el mismo aroma, por si se llegan a encontrar.