DocsMX 2017: El confinamiento como práctica social

Icon (2016) de Wojciech Kasperski


Por Eduardo Cruz 

DocsMX 2017: El confinamiento como práctica social

Icon (2016) de Wojciech Kasperski


Por Eduardo Cruz 

 

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En los primeros planos de Icon (Ikona, 2016), filme del polaco Wojciech Kasperski, conocemos a un psiquiatra que, tras años de trabajar en una clínica para mujeres con enfermedades mentales en la provincia de Siberia, se cuestiona: «¿Dónde se encuentra el alma humana?» Sus cavilaciones metafísicas tienen principio en su contacto diario con personas cuyos padecimientos les han condenado al encierro y al olvido, relegándoles a una condición mísera, como si de seres insustanciales se tratara. Si el alma, ente inmaterial, formara parte material del interior de cada uno, ¿en dónde se encontraría?, ¿qué implicaciones tendría si se hallara, por ejemplo, intricada en el cerebro? ¿Y si fuera en el corazón? Su cuestionamiento pretende alcanzar una respuesta en favor de la cura de enfermedades mentales o, por lo menos, una vía para comprender mejor el origen del inevitable destino de sus pacientes.

En contraposición al médico, Kasperski se aleja de las discusiones filosóficas y usa su cámara para indagar de manera directa en el sentir de éstas personas. A la manera de Wang Bing en ‘Til madness do us part (Feng ai, 2013), su lente se adentra discreta, pero sin pudor, en el sanatorio, mostrando sin reparo las relaciones de poder establecidas y el modo de vida de las pacientes que ahí habitan; mujeres de todas las edades, de diferentes estratos, abandonadas por sus familias, que sin más que hacer vagan por las precarias instalaciones. La clínica es un lugar lejano al que la mayoría de estas mujeres entran para no salir nunca. Como en una prisión. En un momento, una paciente pide la dejen salir, el médico la interpela, «¿para qué quiere irse?» Quiero ser libre, responde ella, con la mirada perdida, «Ser libre es no depender de nadie» remata. En su libro Historia de la locura en la época clásica, Foucault refiere a un cuadro icónico del Bosco, La nave de los locos, que ilustra al estilo gótico una supuesta práctica del renacimiento según la cual los locos eran expulsados en botes y condenados a recorrer los ríos, sin rumbo fijo, hasta su muerte. De alguna manera, el hospital psiquiátrico que conocemos en el filme, opera con el mismo fin.

En ese sentido, la película podría leerse como un estudio de los lugares para el confinamiento, espacios preparados para hacinar seres humanos que han perdido todo el valor de producción en una sociedad voraz y controladora, trazando diálogos remotos con otras cintas de similares intereses, como la fantasmal La casa es negra (Khaneh siah ast, 1962) de la poeta iraní Forugh Farrojzad y de manera inmediata con la perturbadora Titicut Follies (1967) del norteamericano, representante del Direct Cinema, Frederick Wiseman. Reflexiones ambas, cada una a su manera, al rededor del confinamiento como práctica para invisibilizar ciertos sectores sociales. 

«¿Quién necesita a personas como nosotras?» pregunta alguna otra interna y su voz retumba. Kasperski busca facilitar con sus imágenes la comprensión de una alteridad lejana para muchos. Crear puentes y generar vínculos con personas cuyas voces no llegarían a escucharse de otro modo. 

Este texto fue publicados originalmente en la página oficial del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México.