Mapa de los sueños del mundo

Mis noches harán eco (2016) de Sophie Goyette


Por Eduardo Cruz 

Mapa de los sueños del mundo

Mis noches harán eco (2016) de Sophie Goyette


Por Eduardo Cruz 

 

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Hay un momento justo en la frontera entre estar despierto y dormido en que sueño y realidad se mezclan y confunden uno con el otro. Es durante esta vigilia profunda donde pueden sucederse ciertas revelaciones; objetivos personales o profesionales no realizados y olvidados reaparecen, heridas sentimentales no cicatrizadas vuelven a abrirse e incluso las voces de quienes ya no comparten este plano existencial consiguen hacerse presentes y hablar con la contundencia de las que nunca se han ido. La vigilia pareciera ser un no-lugar, un limbo o un oasis a donde escapar de los infortunios del mundo, un espacio en medio en el que sin embargo, podrían reconocerse con total solidez los más íntimos deseos del ser humano, con la claridad minuciosa de un reflejo en el espejo.

Como embriagada por este estado se encuentra Mis noches harán eco (Mes nuits feront écho, 2016), opera prima de la joven cineasta canadiense Sophie Goyette, que con apenas algunos sencillos recursos de cámara y fotografía, nos introduce es un perpetuo estado de confusión entre lo real y lo onírico. En la cinta conocemos a Éliane, Romes y Pablo, tres seres conectados más allá de las diferencias de idioma, género, edad o nacionalidad, atrapados en la pesadumbre e insatisfacción de las ilusiones no cumplidas: Éliane es una joven canadiense que nunca pudo estudiar música de forma profesional debido a las inseguridades de sus padres y al inesperado accidente de auto que se los llevó, dejándola a ella como una sobreviviente suspendida en el mundo, y que ahora dedica su tiempo a hacer de princesa en fiestas infantiles. Romes, un hombre mexicano de edad media, que aún con la vida resuelta en los aspectos económico-sociales, descubre un día, mientras acompaña a Élienne a conocer la provincia nacional, el enorme vacío que la reciente muerte de su madre y la terrible relación con su padre han generado en él. Por su parte Pablo, padre de Romes, accede a los intentos del hijo por reconciliarse pidiéndole lo lleve a China, país que pareciera siempre quiso visitar, solo para descubrir estando allá, que el motivo de su constante amargura frente de su esposa e hijo es un misterioso amor jamás concretado por sus compromisos matrimoniales, y decide entonces volver a aquella mujer, como si ella estuviera esperándolo aún después de una vida entera. Los tres personajes, que parecieran en realidad ser uno, representan los diferentes estadios del desarrollo humano. Su conexión se funda en la relación que todos guardan con la muerte y en que, en los tres casos, el recuerdo de los sueños no cumplidos son el preámbulo de un gran cambio.

Goyette opta por la cámara en mano para aproximarse y reconocer los cuerpos y rostros de sus actores y así sumergirnos en la desazón de los personajes: los persigue todo el tiempo, mientras ellos caminan, constantemente a través de túneles, naturales o artificiales, como si estuvieran tratando de llegar al otro lado, al lugar prometido, pero también para hacer hincapié en su incómoda forma de habitar el mundo, un mundo que además, se nos muestra deslavado y casi mudo: ciudades enteras, océanos y montañas parecen callar a su paso, sin ganas de insistir en tu contundente realidad. Todo esto genera una estética de la aparición, donde cada objeto desprende una peculiar energía, enfatizando el desarraigo entre las personas y los lugares.  

No queda claro si cada personaje sueña incluso dentro de sus sueños o si los sueños aquí son sólo narraciones, hechizos que invocan fuerzas naturales. En ese sentido podríamos vincular Mis noches harán eco con cintas como a Un lago (Un lac, 2008) de Philippe Grandrieux o a Kaili Blues (Lu bian ye can, 2015), de Gan Bi, cintas en donde los espacios han sido trastocados y su materialidad puesta en duda, haciendo surgir un cuestionamiento, incluso enunciado en algún momento en el film: «¿cómo podemos estar seguros de que estamos soñando? » ¿O es que acaso la vida es siempre un sueño?