Detrás de las cámaras de The Room

The Disaster Artist. Obra maestra (2017) de James Franco


Por Mauricio Hernández 

Detrás de las cámaras de The Room

The Disaster Artist. Obra maestra (2017) de James Franco


Por Mauricio Hernández 

 

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The Room (Tommy Wiseau, 2003), considerada una de las peores películas de la historia, ha alcanzado por esa misma razón un status de culto. Su director, Tommy Wiseau, obtuvo gran reconocimiento por su opera prima, pues su cinta causa fascinación y extrañeza al mismo tiempo, pero, ¿qué hay detrás del supuesto peor cineasta jamás conocido? La dupla creativa que forman James Franco y Seth Rogen no es extraña a las osadías creativas —ellos son los responsables de «la muerte» de Kim Jong-Un en Una loca entrevista (The Interview, Evan Goldberg y Seth Rogen, 2014)— y en su más reciente andanza cinematográfica, The Disaster Artist. Obra Maestra (The Disaster Artist, 2017), nos cuentan la historia de Wiseau y el proceso de su magnum opus.

«Si tuviera una máquina del tiempo, regresaría e intentaría entrar en ese set sólo para mirar y sentir cómo era. Porque tiene que haber sido increíble», dice Adam Scott en una serie de videos con declaraciones reales de algunas celebridades al respecto de «la mejor peor película de la historia» con la que el filme da inicio. Con esta confesión se establece el tono de la cinta, pues ciertos aspectos de la manufactura van encaminados, precisamente, a mostrar la experiencia de estar presentes en el plató de The Room. Un ejemplo de ello lo encontramos en el manejo de la cámara que, lejos de buscar planos elegantes, se limita en general a seguir a los personajes con el objetivo de transmitir al espectador la ilusión de ser él mismo quien la sostiene, pues el constante meneo en la imagen en momentos en que el camarógrafo camina y los veloces movimientos para seguir los diálogos, son algunas claves para enfatizar dicha sensación de naturalidad.

Aun así la virtud más grande del filme recae en sus personajes. Por un lado Tommy (James Franco) se nos presenta como un ser misterioso, que habla sin artículos gramaticales, narcisista, rechazado por la sociedad, deseoso de aceptación y fiel a la vida en «su propio planeta»: alguien que tiene el poema I Do Not Choose to be a Common Man de Thomas Paine pegado en la pared, como texto de vida y posible epitafio. Por el otro, Greg (Dave Franco), un aspirante a actor que en su desesperación busca a Wiseau para pedirle consejos sobre cómo resolver su miedo al escenario, es mostrado como un tipo soñador, amable y demasiado blando para tomar decisiones.

En cuanto a las actuaciones, destaca la labor de James Franco, pues la apropiación que hace de la naturaleza extravagante de su personaje, resulta notoria en el trabajo con su voz y gesticulaciones. No obstante, es el desempeño logrado por Dave Franco, suficientemente eficiente para generar química entre ambos y dotar de realismo a la representación del vínculo auténtico que existe entre las personas a quienes interpretan. Como en la cinta a la que honra, en The Disaster Artist. Obra maestra, el protagonista y el director comparten el crédito. y esto hace evidente que James Franco resulta mejor actor que director. Ciertamente la comedia es un género que maneja, y en la cinta el humor cobra gran importancia, sin embargo en algunos momentos se introducen chistes que quebrantan el equilibrio de la escena. Asimismo, en la búsqueda de generar tensión o dramatismo, se colocan algunas pistas musicales en ocasiones inadecuadas que rompen con el discurso de espontaneidad. Aunque no es la primera vez que Franco asume la dirección, quizá debería permanecer delante de la cámara.

A pesar de sus desperfectos en la realización, The Disaster Artist. Obra maestra se erige como un homenaje a los sueños imposibles, al trabajo en el showbiz y a las personas inadaptadas. Un reconocimiento a una (de muchas) de esas películas que «son tan malas que son buenas».