La vida bajo el escenario

La reina del miedo (2018) de Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia


Por Luis Manuel Rivera 

La vida bajo el escenario

La reina del miedo (2018) de Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia


Por Luis Manuel Rivera 

 

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Es cada vez más común encontrarse con actores o actrices que en algún punto sienten la necesidad de dirigir; no lo es tanto que alguien que forjó una trayectoria asistiendo dirección, se decida a tomar la batuta de una película. En La reina del miedo (2018) se juntan ambos casos: Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia codirigen un debut sólido y valiente que se concentra temáticamente en los miedos que sufre la protagonista, una reconocida actriz de teatro.

Bertuccelli es conocida por protagonizar varias películas taquilleras de Argentina, mientras que Tiscornia, como todo personaje que no dirige, fotografía, monta o mínimamente diseña el sonido de una película, es una completa desconocida fuera de la industria. Fabiana ha sido asistente de dirección de Lucrecia Martel, Pablo Trapero y Juan José Campanella —en diferentes rubros, tres de los directores argentinos más destacados de los últimos 20 años—.

En La reina del miedo Bertuccelli interpreta un personaje que probablemente tenga elementos de su realidad; no lo sabemos y tampoco es importante. Una famosa y a la vez solitaria actriz de teatro, Tina Minelli, se ve rodeada de tres hechos que marcan el hilo de la trama: el estreno de un monólogo que protagoniza, —El tiempo de oro—, su reciente separación y la enfermedad de un querido amigo que vive en Noruega. Los dos últimos terminan por tomar más fuerza sobre ella y es ese proceso que combina el duelo, los miedos permanentes y la soledad, los que mermarán su relación y desempeño profesional.

Al aparecer Bertuccelli prácticamente todo el tiempo en pantalla, uno bien puede suponer que el peso de la dirección, si bien no en la toma de decisiones pero sí en el momento operativo, pudo recaer en Tiscornia, que más allá de tener poco protagonismo en los titulares que hablan de la película, pareciera al menos igual de importante que Bertuccelli en la dirección. A un guion escrito por la misma Valeria, que se percibe siempre fluido y con un conocimiento absoluto del terreno que habla, se suma una cámara que persigue pero nunca invade la figura de la protagonista. No es difícil también deducir a lo largo de las casi dos horas la solidez de la escuela en la que se ha formado Tiscornia.

La secuencia filmada en Copenhague, donde la protagonista visita a Lisandro (Diego Velázquez), su amigo enfermo, es de una naturalidad tremenda, Velázquez se convierte prácticamente en coprotagonista a partir de ahí y es incluso quien resulta fundamental en el desenlace de la película. La narrativa de este fragmento filmado en Noruega pareciera sacada directamente de una escena real de dos argentinos afincados ahí, no por su aporte documental, sino por lo ligero que se percibe el trato entre ambos en pantalla. Se logra sobre todo el cometido de la visita de Minelli: retratar una auténtica amistad.

Más allá de esa secuencia, el resto de la película versa sobre la relación que el personaje de Bertuccelli tiene con las personas que le rodean y cómo influyen sobre ella. Una empleada doméstica que de tan ridícula roza lo cómico, un ejército de jardineros que trabajan por las mañanas en su casa, un ex marido evasivo y hasta un productor de teatro de la más baja calaña. Todos conforman el universo en el que la protagonista vierte y del que extrae sus miedos.

Un filme que consigue por demás reflejar un posible universo actoral, que no resulta en thriller, comedia ni drama; es las tres cosas al mismo tiempo, porque igual de variadas son las preguntas que se plantea y las perspectivas desde donde las aborda.