El truco de la pirámide

Tiempo compartido (2018) de Sebastián Hofmann


Por Samuel Lagunas 

El truco de la pirámide

Tiempo compartido (2018) de Sebastián Hofmann


Por Samuel Lagunas 

 

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Convence y vencerás. Aspira a lo máximo. No te detengas. Convierte tu dolor en fortaleza. Consignas como estas son los signos vitales de los cuerpecillos corporativos de forma piramidal: venta de zapatos por catálogo, de sartenes, de suplementos alimenticios. En la nueva película de Sebastián Hofmann es una pirámide la que alberga a los descompuestos personajes, impone la lógica de sus relaciones económicas y personales y al mismo tiempo explicita la vieja metáfora social marxista que postula que en la base se encuentra la clase trabajadora —el proletariado— y en la cúspide los dueños del capital. La utopía, tal y como la concibe Marx, consiste en que los trabajadores del mundo se unan y se levanten en contra de los amos hasta conseguir que la estructura jerárquica se deshaga terminando así con todos los malestares relacionados al trabajo: la sobreexplotación, la alienación, la plusvalía.

Tiempo compartido (2018), ganadora como mejor guion en el pasado Festival de Sundance y nominada a 5 premios Ariel —incluidas las categorías Mejor película y Mejor guion original— cuenta paralelamente la historia de dos matrimonios: Pedro (Luis Gerardo Méndez) y Eva (Cassandra Ciangherotti) llegan a la villa de un hotel para pasar una semana de vacaciones con su hijo único, mientras que Andrés (Miguel Rodarte, quien entrega hasta ahora su mejor actuación) y Gloria (Montserrat Marañón), empleados de la cadena Everfields, dirigida malévolamente por el extranjero Tom (RJ Mitte), hacen todo lo posible por sobrevivir a la voracidad piramidal del consorcio que amenaza con aniquilarlos si no se convierten en vendedores estrella.

El truco de la pirámide, aunque saturado visualmente, no pierde su esquematismo. Los túneles subterráneos, habitados por personajes de una parsimonia paralizante, son hoscos y truculentos; antagónicamente, en la parte media de los consumidores el paisaje se llena de colores eléctricos, sonidos vivos y cuerpos exultantes que se conjugan en secuencias de enajenante y clasista plenitud. La caracterización de la punta a través de Tom, en cambio, se encasilla en sus límites de perversidad, elegancia y una habilidad diabólica de persuasión.

Oscilante entre el terror psicológico y la comedia negra, lo mismo que su antecesora Halley (2012), Tiempo compartido se regodea en su diseño (sonoro y arquitectónico) pero descuida la narrativa: si sobre Andrés y Gloria pesa un ominoso pasado que detonará los puntos de giro de ambos personajes, en Eva y Pedro los fantasmas de su pasado se intuyen, pero con incoherencia e indecisión: ¿un embarazo difícil, una depresión, una extraña enfermedad en el niño? Para Pedro —personaje que en su cojera y en su nariz rota luce calcado del jovencillo tramposo (Ben Whishaw) de La langosta (Yorgos Lanthimos, 2015)—, las vacaciones se antojan como una posibilidad de redención conyugal, sexual y paternal, que inmediatamente se ve frustrada por la confusión provocada por una familia antagónica en clase social, color de piel y hábitos de convivencia, con la que deberán compartir la villa. Este esbozo de comedia de costumbres (típico, por una parte, en la filmografía de Luis Gerardo Méndez) quedará ofuscado por la paranoia conspirativa que irá distorsionando a Pedro, burgués que, para recuperar la metáfora marxista, buscará aliarse con uno de los empleados de la cadena hotelera para demoler la pirámide y desenmascarar a los opresores.

Con apenas dos largometrajes, Hofmann ha conseguido un estilo que lo distingue en la filmografía mexicana al mismo tiempo que lo estigmatiza: superficial, plástico, efectista; atributos que en Tiempo compartido en vez de producir una esperpéntica crítica a la deshumanización provocada por el consumo y las ideologías del éxito, acaban caricaturizando toda resistencia posible y legitimando, con ello, la incapacidad de sus protagonistas: su destino de permanecer anclados al sitio de la pirámide en que les ha tocado vivir.