No te preocupes, no es lo mismo

No te preocupes, no irá lejos (2018) de Gus Van Sant


Por Eric Castell 

No te preocupes, no es lo mismo

No te preocupes, no irá lejos (2018) de Gus Van Sant


Por Eric Castell 

 

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No son nuevas las historias de redención llevadas a la pantalla grande. Durante años hemos sido testigos de un catálogo variado que expone las peripecias por las que sus protagonistas deben pasar para poder alzarse ante las adversidades irrefutables de su destino. En No te preocupes, no irá lejos (Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot, 2018), el trabajo más reciente del realizador americano Gus Van Sant, la premisa parece advertirnos que estamos ante una muestra más de esta fórmula, vista en cintas como la popular Amigos intocables (Intouchables, Olivier Nakache y Éric Toledano, 2011) o en fechas más recientes en La teoría del todo (The Theory of Everything, James Marsh, 2014) o Una razón para vivir (Breathe, Andy Serkis, 2017). Sin embargo, Van Sant nos plantea una serie de anécdotas anacrónicas que se desarrollan dentro un universo menos compasivo y meloso, dejando de lado los clichés y los recursos básicos del subgénero.

Cuando hablamos de Gus Van Sant es necesario diferenciar los dos estilos en los que se ha manejado a lo largo de su filmografía; uno contemplativo casi circunstancial, presente en cintas como Last Days (2005) o Elephant (2003) y otro más narrativo y digerible para las grandes audiencias como El indomable Will Hunting (Good Will Hunting,1997), Mi nombre es Harvey Milk (Milk, 2008) o Tierra prometida (Promised Land, 2012). En No te preocupes, no irá lejos convergen lo mejor de estos dos terrenos.

John Callahan (Joaquin Phoenix) es un hombre de mediana edad que debido a su alcoholismo termina postrado a una silla de ruedas, por lo cual se encuentra completamente a merced de su apático asistente y de un tortuoso recuerdo de la infancia. Cansado de esto decide acudir a un grupo de ayuda donde conoce a una serie de personajes cuyas historias, en lugar de ser tomadas de manera trágica, son abordadas en cada sesión desde la ironía, una que raya incluso en lo ofensivo. ¿Es realmente ofensivo reírse de las propias desgracias? ¿por qué llorar si se puede reír? ¿por qué lamentarse por lo que no se puede cambiar? Cuestionamientos hechos de manera sutil por Donny (Jonah Hill), el gurú de tan peculiar grupo, quien será de gran ayuda para que Callahan encuentre la paz dentro del torbellino de complicaciones en su vida.

La película se convierte en un testimonio de superación que funge a la vez como una especie de recordatorio acerca de las decisiones que tomamos y como es que estas influyen a veces de forma negativa en nuestro futuro. La manera en que el director lleva la historia —alejándose del melodrama y el efectismo— remarca su clara intensión de enaltecer el humor en un contexto en el que pareciera imposible poder abordarla desde este tópico. Es así que el protagonista encuentra un estadio de catarsis ante la tragedia que su situación supondría, mediante el arte de la caricatura, trabajo cuyo tono encanta y ofende y que a su vez pone en la mesa de discusión temas actuales de nuestra sociedad dentro de la era de lo políticamente correcto.

El humor ácido de las caricaturas de Callahan provoca carcajadas explosivas en algunos mientras en otros una indignación colosal. Es en esta dualidad en la que el personaje interpretado por Joaquin Phoenix encuentra su propósito en la vida; buscar la reacción de las personas que lo rodean, por ello no es casualidad la escena en la que pide la opinión de la gente sobre su trabajo. Van Sant acierta en su puesta en escena, con un reparto más que correcto. A Joaquin Phoenix y Jonah Hill, se le unen Rooney Mara y Jack Black, aunque meramente como personajes anecdóticos, y es que al final No te preocupes, no irá lejos es eso, anécdotas cargadas de sinceridad y alejadas de pretensión; desde el titulo podemos vislumbrar la clase de obra ante la que estamos, apartada de una complejidad innecesaria y sentimentalismos gastados.