Tardes de evocación

Mis noches con Julia (2018) de Rodrigo Alonso Kahlo


Por Eduardo Cruz 

Tardes de evocación

Mis noches con Julia (2018) de Rodrigo Alonso Kahlo


Por Eduardo Cruz 

 

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El fuera de campo es, al mismo tiempo,
lo devenido y el devenir, o sea el tiempo.
Jean-Louis Comolli

Amanece y con la luz de la mañana se nos dibuja la imagen de una cama vacía a medio hacer. En la blanca pared del fondo, se insinúa una sombra y el sonido revela un movimiento. De repente, un cuerpo atraviesa el plano y cae sobre el colchón, rompiendo la tranquilidad. Como si el espacio se abismara misteriosamente más allá del encuadre, los personajes entran y salen sin lógica alguna. El ritmo con el que hablan, el ralentizado del sonido y la aparición de un instante musical develan la naturaleza del momento: no se trata de una representación de la realidad, sino de un instante evocado.

En Mis noches con Julia (2018), cortometraje de Rodrigo Alonso Kahlo, el tiempo está alterado; obedece al pensamiento y al sueño. El protagonista es un joven atrapado en la rememoración constante de una persona que, sin que sepamos nunca por qué, ya no está. Julia viene y va constantemente, aparece de la nada, a la velocidad de un recuerdo. En el inicio, cuando ella irrumpe en la habitación de él y se detiene a platicar, la conversación a la que asistimos se revela pronto como una ilusión, una charla ensayada una y otra vez en la cabeza de él, que de repente estalla como un vómito. Esta lógica impregnará en adelante el filme, apelando a un consciente manejo del fuera de campo y de la dimensión sonora para difuminar las barreras del espacio y manipular el tiempo, resolviendo en planos fijos lo que en general implica varios cortes y contracampos.

Como en el cine de Matías Piñeiro y Alejo Moguillansky, figuras centrales del circuito independiente del Nuevo Cine Argentino, Mis noches con Julia evoca también una enorme influencia de la literatura, no obstante, construye su propuesta en la elipsis. Como el reflejo de la estatua en la superficie del agua de una fuente, la noches con Julia que se anuncian en el título serán sólo un fantasma; los días se suceden uno tras otro sin que parezca que el tiempo transcurre. Cuando el anochecer está muy próximo, vuelve a amanecer; las noches permanecerán en el fuera de campo del filme, prohibidas al espectador, condenando a los protagonistas a buscarse a destiempo.