¿Quién autoriza la existencia de los monstruos?

A Febre (2019) de Maya Da-Rin


Mar 20, 2020

TAMAÑO DE LETRA:

¿Cómo escapar a la inexorabilidad de la modernización? ¿Acaso es posible circunscribirse a una creencia no occidental y tratar de sobrevivir en un sistema que constantemente busca hacerse imponer, homogeneizar y momificar? En A Febre (2019), ópera prima de la cineasta brasileña Maya Da-Rin, hay un retrato que, al mismo tiempo, es un análisis sobre el pensamiento mágico y la industrialización. Lejos de la relación mística del exotismo, la directora ofrece al espectador un filme que se estructura desde las dimensiones sensibles, un sueño constante y desconocido.

A Febre narra el conflicto de Justino —Regis Myrupu, ganador del Premio a Mejor Actor en el Festival de Locarno—, un hombre de ascendencia Desana que vive en Manaos, Brasil, junto con su hija, una enfermera que se encuentra próxima a vivir en Brasilia para estudiar medicina gracias a una beca estatal. Un leitmotiv atraviesa la obra: Justino se nos muestra de frente en un plano medio que con un lento travelling hacia atrás se hace general. Sobre esto, la banda sonora acentúa los sonidos de la naturaleza que lentamente pasan a ser chillidos y pitidos de máquinas. Todo dentro del cuadro está fijo, pero, como en una ilusión óptica, parece hundirnos. La posición de la cámara nos pregunta con qué otras imágenes se conecta y nos desafía a estar cara a cara con el protagonista, nos lo muestra casi confrontativo. Nos hace divisar el terreno para construir un modo de habitar la apropiación de sentido a través de las fisuras de la contradicción identitaria.

El personaje de Justino se confecciona entre el transcurrir de los días en un repetitivo trabajo como custodio en una planta aduanera de contenedores; la noticia de un animal extraño, anormal y de apariencia temible que ronda por la ciudad; relatos míticos, y la fiebre. Dicotómico, su estructura propone pensar el llamado de la naturaleza y el consenso con el sistema capitalista.

Manaos es una ciudad cercada por la floresta amazónica y Da-Rin no teme en fundir esa característica. Las locaciones organizan el desarrollo del relato, instalan un diálogo con los cuerpos. Se preguntan por la otredad, por el afuera. Hace manifiesto el vínculo con los lugares sensibles de su atmósfera y pone en evidencia el poder destructivo de la modernización —evangelización— en los indios brasileños. Un puerto hostil lleno de maquinaria, paisajes naturales que invaden entornos urbanos. Sin juzgar, la directora relata las contradicciones de todas las partes, casi sin desmoronar nada. La cámara pide permiso para entrar en los lugares más íntimos y se aleja contemplativa cuando reconoce que la acción social es impuesta. Toda perspectiva humanista permanece y se pone en relación con el contexto histórico. Y si es posible homologar a Justino con el animal acechante, que también es un monstruo, es solo porque en su retrato se muestran todas las violencias y los genocidios hacia los pueblos originarios. Tal es así que la fiebre corresponde a la relación complicada de ideales culturales. Es su conflicto interno.

La fiebre que aparenta no tener génesis es profunda y compleja, porque también es mágica. La lluvia y la grieta en la pared simbolizan algo poderoso, un mínimo de la puesta en escena que permite sugerir las emociones de los personajes. Da-Rin dialoga con Chuva é cantoria na aldeia dos mortos (2018), de João Salaviza y Renée Nader Messor, en donde un muchacho sufre de pesadillas ante la imposición de un mandato chamánico y que también debe adaptarse a la cultura blanca sin perder su cosmología. Y es eso. De alguna manera, estos directores también hablan de la negociación generacional. Vanessa, la hija de Justino, viene a poner en tensión la relación padre e hija, sociedad blanca e indígenas, así como mujer, comunidad y destino, cuando se convierte en una joven indígena que ingresa en la universidad pública. Pregunta abierta sobre el peligroso progreso cultural, pues esta negociación históricamente ha sido más una condición de supervivencia. La directora revela lo oculto en los seres y en las cosas sin romper su unidad natural.

En este filme nos aparece aquello que George Simmel menciona: «Considerar como unidad lo que sólo es fragmento de naturaleza, nos aleja completamente del concepto de naturaleza»[1].

TAMAÑO DE LETRA:

 

  • El discreto encanto de al burguesía
  • La paloma y el lobo 02
  • Correspondencias
  • À nous la liberté
  • Sin sol

FUENTES:
[1] George Simmel, El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura, Barcelona, Península, 1986 , pp. 8-9.