Multitud en las caras

Red Post on Escher Street (2020) de Sion Sono


Mar 4, 2021

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Son realmente pocas las facetas del quehacer cinematográfico que el japonés Sion Sono no ha explorado en su copiosa y exuberante filmografía, prescindiendo de la idealización para mostrar que el cine es primero un oficio tan noble e ingrato por igual para todos aquellos que dicen «hacerlo». Sono es un cineasta en cuya obra reina un sentido de anarquía que solamente es asequible a través de un intenso rigor; no es casual que lo único que haya mermado su frenético ritmo de trabajo sea un infarto. Esta peculiar entropía entre anarquía y control se hace patente en Red Post on Escher Street (2020), donde un numeroso grupo de extras desea fervientemente participar en una película.

Centrándose en el proceso de audición, Sono adopta de lleno cierto amateurismo en su acercamiento, decisión coherente cuando consideramos que uno de los ataques más mordaces de la cinta es precisamente el culto labrado alrededor de la figura del director de cine. Si algo persiste en las películas que hace Sono, particularmente Why Don’t You Play in Hell? (Jigoku de naze warui, 2013) o Bad Film (2012), es la idea de hacer que el cine retome un espíritu colectivo que resulta indispensable para recuperar una genuina anarquía.

Esta especie de profesionalización del amateurismo se extiende a muchos de los personajes que aparecen en Red Post on Escher Street, especialmente tres hombres de mediana edad que se ostentan como «extras profesionales» y que incluso cronometran el tiempo que aparecen a cuadro, mientras que otros se enorgullecen de arruinar sus tomas haciendo gala de un exagerado histrionismo, de la necesidad de hacerse notar.

¿Qué cualidad dan entonces los extras? O ¿cuál es la que deberían de dar? De entrada, la sensación de realismo, de que el mundo que rodea a los personajes no es estático ni artificial, cuando en realidad, si a algo responde un filme, es justamente a lo estático y a lo artificial. Pareciera que todos aquellos que desean aparecer como extras tienen consciencia de esto y, como tal, su deber no es actuar naturalmente, sino lo opuesto, hacerse notar al punto de recordarle a la audiencia que está viendo una película y no un pedazo de realidad.

El mismo Sono parece compartir eso y busca darle gloria a los extras, como Takeshi Kitano lo hizo con la figura del director en ¡Gloria al cineasta! (Kantoku Banzai!, 2007). La película hace alusión a una popular frase para definir el trabajo de los extras: a face in the crowd (un rostro en la multitud), pero en su proceso parece invertir esa frase y hacer que se trate de la multitud que cabe en un solo rostro. Al final, todas esas multitudes se vuelcan contra el ficticio director, quien pierde el control a tal punto que, de repente, la ficción ya transgrede las leyes del mundo real, espacio en el que todos somos extras sujetos a otro orden más peligroso que el cinematográfico.

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