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After Yang (2021) de Kogonada


Ago 17, 2021

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Si existe una virtud en la nueva película de Kogonada, es el rigor en su minuciosidad formal. Años de ser un dedicado y elegante videoensayista, particularmente de los trabajos del japonés Yasujirō Ozu, le han dado una habilidad casi natural para replicar estilos con impresionante detalle, como si se tratase de uno de esos sofisticados falsificadores de obras de Rembrandt que suelen desfilar en libros o películas. After Yang (2021) es poco más que una bella falsificación y quizá eso podría considerarse adecuado, considerando que su tema principal está relacionado con la inteligencia artificial y con la creación y el análisis de la memoria y los recuerdos.

En la película, que se basa en un relato homónimo del escritor Alexander Weinstein, una familia multiétnica adopta a Yang, un hijo robot que comienza a presentar fallas trágicas. En un esfuerzo por recuperar a tan importante miembro de la familia, el padre comienza a explorar el archivo de memorias de Yang con la esperanza de encontrar las claves necesarias para salvarlo.

After Yang pretende tomar la serenidad de obras como Flor de equinoxio (Equinox Flower, 1958) —la primera película a color de Ozu— para establecer cierto paralelismo temático: la tensión generacional que convierte a miembros de una familia en seres completamente alienados el uno del otro. La idea podría resultar formidable a nivel conceptual si Kogonada no solamente tuviera la estética de Ozu, sino también su capacidad para la concreción.

El té tiene una presencia recurrente en After Yang. Por ejemplo, en el primer plano de una infusión cuyas hojas revolotean en un turbio líquido, otra reminiscencia «de nivel» a las constelaciones hechas con espuma de café en Dos o tres cosas que yo sé de ella (2 ou 3 choses que je sais d’elle, Jean-Luc Godard, 1967). La belleza del plano se vuelve tan difusa y turbia como el planteamiento de la película misma.

Sería tentador pensar que existe una coherencia temática con dicha decisión si se considera que, después de todo, el protagonista es un robot que imita a un ser humano. Un artificio que, en su esfuerzo por ser cada vez más genuino, entra en una falla general de la que únicamente quedan atisbos de placer, mas no la experiencia completa, algo muy ad hoc a casi todas las películas producidas recientemente por A24. Quizás hubiese sido más fácil comenzar por ahí: After Yang es un nuevo producto de A24; como los otros, cuenta con un diseño impecable, pero su funcionalidad está limitada por la salida del siguiente modelo.

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