Dossier: Sonorama


No. 05 // primavera 2018

 

El sonido es una dimensión que nunca ha tenido la importancia que en el cine se da a la imagen. Por alguna razón, nuestra cultura está enraizada en un orden primordialmente visual que privilegia lo que los ojos ven, sobre aquello que es posible escuchar. En ese sentido, Lucrecia Martel señaló en alguna entrevista que nuestro sistema de creencias está tan basado en el orden visual, que el sonido es lo único que nos puede hacer dudar sobre lo que creemos.

A partir de este punto, se abren una serie de cuestiones que nos invitan a reflexionar no solamente el papel del sonido en el cine, también las perspectivas teóricas y críticas en relación a esta dimensión, así como la articulación y el contrapunto que emerge cuando entrecruzamos lo visual y lo sonoro. Las interrogantes también persiguen la ontología misma del sonido, sus particularidades fílmicas, así como sus distintos usos más allá de la mera transmisión de información. ¿Qué entendemos por lo sonoro en el cine?, ¿cuáles han sido sus usos y discursos?, ¿qué hay más allá de la música, los diálogos y el sonido ambiental?, ¿cómo se vincula el sonido con la posibilidad del cine de registrar lo real?, ¿qué papel ocupa el silencio, los tonos, el volumen?, ¿cómo puede analizarse el sonido de una película o una obra fílmica?, ¿qué herramientas teóricas existen y cuáles es necesario instaurar?

En este dossier, se reflexiona sobre los modos en que el sonido trasciende su uso técnico para convertirse en una posición poética y política que nos haga dudar de lo que vemos, y también, las puertas que abre, los conceptos que inspira y evoca, así como las cualidades que impone en una película. El fin último, fue establecer otras perspectivas para enfocar el cine mediante uno de sus aspectos centrales, que sin embargo ha recibido poca atención.