Juego de espejos

Las múltiples vidas de Roee Rosen


Por Eduardo Cruz

Juego de espejos

Las múltiples vidas de Roee Rosen


Por Eduardo Cruz

 

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Fácilmente aceptamos la realidad,
acaso porque intuimos que nada es real.

Jorge Luis Borges, El inmortal

«His erect organ bobbed up and down, like a praying jew».[1] Con esta poco conservadora declaración da inicio Two Women and a Man, cortometraje del 2005 realizado en forma de documental para televisión, en el que la misteriosa traductora Johanna Führer-Ha’safari, encargada de la primera edición en hebreo de Sweet Sweat —única novela de la pintora y escritora surrealista Justine Frank—, pone a discusión el probable oportunismo del también artista Roee Rosen, a propósito de la publicación de la biografía y ensayos alrededor de la obra pictórica de la misma autora. Justine Frank, mujer judía nacida en Bélgica a principios del siglo XX, cuya tormentosa vida artística y personal la llevó a una prematura muerte, es reconocida por Rosen como una de sus más grandes influencias. No obstante, resulta ser una completa mentira. En un movimiento inverso, acaso circular, el artista israelí encuentra ecos de su trabajo en la obra de una mujer que él inventó. Toda la historia de Justine Frank es falsa, pero las pinturas, la novela, la biografía y las fotografías existen. Rosen ha creado todo. Incluso a la traductora que interpreta él mismo. Así su discurso emerge de la tensión entre lo que es verdad y lo que no, que la pieza total suscita.

Pero Justine Frank no es la única de sus alter egos. Basta apenas sumergirse en su obra para descubrir que el quehacer artístico de Roee Rosen funciona como un juego de espejos en torno a la noción de identidad —preocupación primaria de nuestro tiempo por estar en el centro de los procesos sociales y políticos de la actualidad—. Considerado cineasta, pintor y escritor, el multidisciplinario artista israelí desborda la imagen en cada uno de los medios en los que trabaja. Ya sea en pintura, ilustración o video, el medio es casi siempre una convención que usa como enganche, para después romperla, orientándola siempre hacia sus intereses y obsesiones. En palabras de Jean-Pierre Rhem: «Todo en el cuerpo de trabajo de Rosen tiene al menos un triple fondo: ninguna imagen, palabra o sonido, resulta ser lo que parece».[2] Una perversa sesión de psicoanálisis en forma de programa de revista matutino, un stand up que resulta más incómodo que divertido, tres mujeres inmigrantes que recitan en hebreo la biografía de un hombre sin entender el idioma en el que están hablando, un niño utilizado como marioneta, a la manera de un «Pinocho invertido», una familia que rinde culto a una aspiradora en medio de un musical hiper estetizado o una tierna pijamada que deviene en martirologio en forma de libro ilustrado son parte de las situaciones que pueblan su obra, sin ser ninguna definitiva sino el reflejo aditivo de todas las demás. La obra de Roee Rosen se propone hacer evidente el aparato que construye «verdades» sobre la Historia y sobre los sujetos, posicionándose en la frontera entre la ficción y la realidad.

Abiertamente provocativo, en 1997 Roee Rosen presentó en el Israel Museum, en Jerusalén, la exposición Live and Dies as Eva Braun, un compilado de pinturas y supuestos textos íntimos de la amante de Adolf Hitler, con el objetivo de permitir al espectador acercarse de manera particular a la vida personal y erótica del dictador. La apropiación y reconstrucción de una figura histórica bien conocida, alumbrando nuevos apartados de su personalidad, ofrecía una poco convencional aproximación al Holocausto y con ello proponía nuevas formas de pensarlo como acontecimiento histórico. Desde entonces el escándalo rodea cada una de sus piezas, pues despierta enardecidos debates al respecto de la ética de sus métodos y a propósito de sus afilados comentarios políticos. Con la invención de Justine Frank, Rosen se deslinda de la carga que conlleva la reapropiación de una figura real y opta por la creación total del personaje sin renunciar a su carácter político. En Two Women and a Man es, además, la primera vez que usa su trabajo audiovisual como forma de extender su obra en la galería. La construcción de Justine Frank es tan precisa —Rosen escribió él mismo la novela y la biografía, y realizó cada una de las pinturas— que hace dudar de su existencia, y aunque no pretende engañar a la audiencia, no pone esfuerzo en aclarar que se trata de ficciones. La confusión pareciera ser parte esencial de su trabajo, una herramienta con la que propone al espectador comenzar a cuestionar la división que existe entre realidad y ficción: «Deberíamos estar al tanto de que la ficción siempre conlleva capas de realidad y viceversa. Lo que se presenta ante nosotros como documentos, comúnmente ha sido manipulado, ficcionalizado, investido de una ideología».[3]

Tal vez por ello su obra audiovisual alterna entre diferentes géneros cinematográficos, del documental al musical por ejemplo, importando recursos de lenguaje televisivo como el late night show o el talk show como formas de inmiscuirse en productos que pasan por reales aunque estén perfectamente planeados, e incluso indaga también en las posibilidades del trailer o el video musical para revertir su condición de anuncio o promocional inocente. El cortometraje Tse/Out (2010) comienza con entrevistas a dos mujeres a propósito de sus experiencias sadomasoquistas, como si se tratara de un documental convencional sobre el tema, para convertirse luego en la representación de un exorcismo, acto religioso y práctica sexual a la vez, que deriva también en un análisis velado del estado sociopolítico actual —la voz del demonio, por ejemplo, recita fragmentos de discursos xenofóbicos del ex ministro israelí de relaciones exteriores, actual ministro de defensa Avigdor Lieberman— para disociar las lecturas de la imagen, citando la situación en Palestina sin colocar el tema como eje central del discurso, prefiriendo dejar las opiniones a consideración del espectador, para no forzar una toma de postura. Sus métodos, altamente criticados, lo coloca en ambos extremos del espectro, como veremos en muchas de sus piezas. Él es al mismo tiempo el explotador y el explotado: «Intento ir en contra de estos posicionamientos a través de la autoimplicación e incluso de la autoincriminación».[4] En Hilarious (2010) se nos presenta a Rosie Rosen, una ficticia comediante británica invitada a un late night show, cuya perorata alterna lo peor de la comedia en vivo, forzada y tendenciosa, con cometarios que oscilan entre la ironía rapaz y el discurso antisemita, sin que el público esté seguro de cómo reaccionar, convirtiéndose en cómplices involuntarios.

En la serie de videos The Buried Alive Videos (2013), Rosen introduce en su agenda la delicada situación política actual en Rusia con la presentación de Maxim Komar-Myshkin, un supuesto joven poeta y dramaturgo ruso, refugiado en Tel Aviv, cuyo suicidio a principios del 2011 le permite a Rosen liberar sus proyectos en conjunto. The Buried Alive Videos podría entenderse como manifiesto artístico en forma de serie de sketches de humor negro, que atraviesan distintos estilos audiovisuales, y problematizan los mitos alrededor de las figuras de la política rusa, proponiendo al espectador, una vez más, una actitud escéptica sobre el tema. Con el libro ilustrado Vladimir’s Night, firmado por Maxim Komar-Myshkin, desarrolla en una serie de delicadas acuarelas una posible venganza al mandatario ruso Vladimir Putin, y en su más reciente cortometraje, The Dust Channel (2016), que aborda el conflicto de los refugiados africanos en Israel a manera de musical, y cuyo guion también aparece acreditado al poeta ruso, Rosen continúa en la creación de un curriculum adjudicado al más reciente de sus personajes ficticios.

Pero antes de Maxim Komar-Myshkin, Roee Rosen giró la mirilla hacia él mismo, convirtiendo su propia identidad en objeto de estudio en el largometraje The Confessions of Roee Rosen (2008) y en la serie de cortometrajes derivados del mismo: Confessions. Coming Soon (2008), I Was Called Kuney-Lemel (2008) y Gagging During Confessions: Names and Arms (2008), —un trailer, un video musical y una recopilación de bloopers respectivamente—. Ya en Dr. Cross, a Dialogue (1994), una de sus primeras piezas audiovisuales, aparecía una temprana confesión —«Lo que es más real para mí, debo decirte, es un acusado sentido de culpa que cargo en mis hombros como un mártir, un sentido de culpa que, ya debería saber, aún desafía mi identidad»— que pareciera ser el motor para decidir narrar su biografía frente a la cámara, con la particularidad de que él permanece fuera del encuadre dando instrucciones a tres mujeres distintas, inmigrantes ilegales en Israel —de Europa del Este, Asia y África— que no hablan ni entienden el hebreo, y que han sido contratadas específicamente para contar su historia. El género y la inmigración son temas que inevitablemente atraviesan la obra de Rosen al estar ligados indefectiblemente con la identidad. El travestismo aparece de diferentes formas, ya sea de manera literal en Two Women and a Men, de manera irónica en Hilarious o simbólica en The Confessions of Roee Rosen, como insistente cuestionamiento sobre la cualidad performativa que el género introduce en la construcción de la identidad. Todo se reduce al artificio. En este ejercicio de división y multiplicidad se podría resumir la propuesta total de Roee Rosen. Él toma posesión de estas mujeres como había hecho antes con Eva o Justine, pero en esta ocasión a partir del uso indiscriminado de sus cuerpos. Al colocarlas frente a la cámara, sin tener idea de lo que significan las palabras que dicen o los gestos que se les piden, las pone en el lugar que el mundo les ha dado al tiempo que se inviste él mismo de su situación. Hay en esta idea una confesión y un crimen de manera conjunta. En el relato narrado, real o no, se introducen además ciertos elementos que podrían ser parte de las biografías de ellas. Rosen insiste, en cada uno de sus proyectos, en crear un velo alrededor de la realidad para hacer imposible discernir sobre lo que es real y lo que no. Su interés principal radica en que el espectador se mantenga alerta al respecto.

A propósito de una reciente exhibición de su obra el año pasado en el Tel Aviv Museum of Art, que comprendía el trabajo alrededor de Eva, Justine y Maxim, además del que firma con su propio nombre, Rosen decía: «La posición que intento tener es la de no ser un maestro, un predicador o un juez. Yo no ofrezco una verdad, yo ofrezco una especie de experiencia fluida en donde tú eres invitado a ser un ente activo en la creación de tu propio juicio».[5] La casa de espejos en la que el conjunto de su obra se torna, refleja también que la idea que tenemos de nosotros mismos, no deja de ser una ilusión que se transforma a cada paso. 


FUENTES:
[1] «Su miembro erecto se balanceaba arriba y abajo, como un judío rezando». [T. del A.] [2] Jean-Pierre Rehm, «The infamous lives of Roee Rosen», en Cinema Scope, 47, 2011, p. 16. [T. del A.] [3] Borrowed identities: The Art and Alter-Egos of Roee Rosen, i24News, [consulta: 12-12-2017].
[4] M. Martí Freixas, «Roee Rosen, preguntas y respuestas», en Blogs & docs, 2011, [consulta: 8-12-2017].
[5] Borrowed identities: The Art and Alter-Egos of Roee Rosen, op. cit.