De orfandad e infancias traumáticas

El cine de Isao Takahata


Por Alfonso Ortega Mantecón

De orfandad e infancias traumáticas

El cine de Isao Takahata


Por Alfonso Ortega Mantecón

 

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El mundo de Isao Takahata, a manera de introducción


Los estudios Ghibli se han convertido, en las últimas décadas, en uno de los principales exponentes en lo que se refiere a la industria de la animación japonesa. Filmes como El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001), El increíble castillo vagabundo (Hayao Miyazaki, 2004), La leyenda de la princesa Kaguya (Isao Takahata, 2013) y La tortuga roja (Michael Dudok de Wit, 2016) han logrado vencer las fronteras geográficas de la industria cinematográfica hasta el grado de convertirse en importantes contendientes en los premios Oscar y en diferentes certámenes.

Actualmente, podría considerarse que los estudios Ghibli han logrado adquirir gran prestigio internacional gracias a la importante labor artesanal y creativa que hay detrás de cada una de sus producciones, así como por las mentes que se encuentran detrás de estos estudios japoneses. A diferencia de Walt Disney Studios, los estudios Ghibli fueron fundados hace unas pocas décadas, en 1984. Entre sus miembros fundadores destacan el aclamado realizador Hayao Miyazaki (1941), el recientemente fenecido Isao Takahata (1935-2018) y Toshio Suzuki (1948), quien ha fungido como productor de varios proyectos cinematográficos.

Hayao Miyazaki es, quizás, el rostro más reconocido de los estudios Ghibli en el ámbito internacional. Este realizador ha construido su fama gracias a los entrañables personajes, mundos e historias que ha concebido a lo largo de su carrera en la industria de la animación, tanto en la televisión como en el cine. La magia, fantasía y un fuerte anclaje en la cultura occidental son algunas de las características estilísticas del cine de Miyazaki que se encuentran presentes en la mayoría de sus obras. Por otra parte, Isao Takahata es una figura que también goza de bastante renombre dentro de la industria de la animación japonesa. Nacido en una familia con una buena situación económica y habiendo estudiado literatura francesa en la Universidad de Tokio, Takahata incursionó desde temprana edad en la animación, incorporándose en los nacientes estudios Toei en 1959 como director de varios proyectos para la televisión.

En 1963, Takahata conoce a Hayao Miyazaki, con quien entablaría una profunda amistad y un fuerte vínculo laboral. La dupla conformada por estos dos personajes fue bastante productiva para los estudios por los que transitaron durante sus primeras experiencias laborales. Mientras que Takahata se hacía cargo de la dirección, de la producción y de la implementación de nuevos recursos tecnológicos en diferentes proyectos, Miyazaki destacaba por su labor artística y artesanal dentro de la animación. En conjunto, Takahata y Miyazaki crearon su primer filme para Toei Animation, Horus, el príncipe del sol (1968), el cual fue dirigido por el primero, mientras que el segundo se hizo cargo de la animación. La película no fue muy bien recibida por la audiencia. Posteriormente, estos realizadores transitarían por diferentes estudios de animación —entre los que destacan A-Pro, Nippon Animation, Tokio Movie Shinsha— en los que dejarían una profunda huella. Es importante destacar que, en cada uno de estos proyectos, Takahata iría construyendo lo que se convertiría en su particular estilo cinematográfico.

Sería hasta 1984 cuando se establecerían los cimientos de lo que se convertiría en los estudios Ghibli de animación, el momento en el que Takahata y Miyazaki adquirirían completa libertad creativa y una independencia en lo que se refiere a los temas a tratar en sus películas. En cierto modo, con la fundación de los estudios dejaban a un lado las peticiones y exigencias del mercado cinematográfico, esto para dar rienda suelta a su creatividad e imaginación; es decir, para dedicarse a la creación de obras audiovisuales propias y personales.

Isao Takahata —habiéndose convertido, junto con Miyazaki, en uno de los pilares creativos del estudio Ghibli— realizó a lo largo de su vida ocho largometrajes: Horus, el príncipe del sol (1968), Goshu, el violoncelista (1982), La tumba de las luciérnagas (1988), Recuerdos del ayer (1991), La guerra de los mapaches (1994), Mis vecinos los Yamada (1999), Ana de las tejas verdes (2010) y La leyenda de la princesa Kaguya (2013). Asimismo, es ampliamente reconocido por haber creado y dirigido tres series televisivas para Nippon Animation: Heidi (1974), Marco (1976) y Ana de las tejas verdes (1979).

Como ya se ha esbozado anteriormente, las producciones de Takahata cuentan con una serie de elementos en común —tanto técnicos como narrativos— que permiten hablar de la existencia de un estilo propio o de cine de autor. Entre las principales características de la obra —televisiva y cinematográfica— del realizador japonés, se encuentra la exaltación de cierto costumbrismo o realismo; una centralización temática en el folclore y la vida japonesa; una aparente inexistencia de finales «felices» y una importante experimentación técnica en lo que se refiere a la animación. De igual manera, gran parte de la obra de Isao Takahata se centra en la representación de una infancia problemática y conflictiva. Es decir, este cineasta japonés centra la mayor parte de sus películas y series televisivas en niños y niñas que han perdido a sus padres —son huérfanos— o en menores de edad que vivieron una infancia traumática, misma que los dejaría afectados de por vida.

¿Cuál es la concepción de Isao Takahata en torno a la orfandad? ¿Qué peculiaridades muestra su obra con respecto a la representación de infancias problemáticas y traumáticas? A continuación, se procederá a analizar cuál es la imagen de la infancia que concibe Takahata a lo largo de su filmografía, exaltando los puntos en común entre sus producciones y centrándose en dos grandes pilares en las tramas de las obras del realizador japonés: la orfandad y las infancias traumáticas.

Diálogos en torno a la orfandad


Un tema constante en las representaciones de la infancia realizadas por Takahata es la orfandad. Gran parte de sus largometrajes tienen como protagonistas infantes que por diferentes motivos han perdido a sus padres, y deben aprender a salir adelante por sí mismos o con la ayuda de otros familiares. De igual manera, en los proyectos televisivos del cineasta japonés el tema es desarrollado recurrentemente como eje central de la narrativa.

Isao Takahata comenzó a abordar la orfandad desde su primer gran proyecto en Toei Animation en 1968, Horus, el príncipe del sol. Este largometraje animado se central en Horus —llamado Hols en algunos doblajes—, un niño que tras la agonía y muerte de su padre emprende un largo viaje para encontrar un lugar en donde vivir. La diégesis se centra en la aventura del protagonista —siguiendo el esquema del viaje del héroe planteado por Joseph Campbell— para liberar a un pequeño pueblo nórdico de la amenaza de un demonio.

Desde esta producción, Takahata ya incorpora algunas de las características y elementos fílmicos que terminarán consolidando su estilo cinematográfico. Entre estos se encuentra una exaltación del costumbrismo del pueblo nórdico mediante la atención que se presta a las festividades propias del lugar, así como a las actividades cotidianas. No obstante, gran parte de la diégesis recae en la lucha interna de Horus por superar la adversa condición en la que se encuentra. El protagonista vivía únicamente con su padre —y con un oso como mascota— alejados de cualquier atisbo de civilización. Una vez que fallece su progenitor, Horus decidirá dar un giro radical a su vida al abandonar la casa paterna y al buscar algo a lo que no estaba acostumbrado: la cercanía humana.

En este sentido, la muerte del padre es lo que impulsa a Horus a salir de su zona de confort y lo que terminará convirtiéndose en el motor del relato cinematográfico o en el incidente que detona la aventura del protagonista. Conforme se desarrolla la diégesis del filme, Horus irá adquiriendo mayor seguridad en sí mismo e irá incorporándose a la vida en sociedad una vez que arriba al pueblo nórdico. Incluso, buscará el cobijo de una familia local en la cual terminará anexándose.

Takahata no descartará la orfandad como elemento constitutivo de sus producciones televisivas y cinematográficas a pesar del relativo fracaso de Horus, el príncipe del sol. En 1972 y 1973 realizó dos cortometrajes que contaban con una niña huérfana, Mimiko, como protagonista. Se trata del proyecto conocido como Las aventuras de Panda y sus amigos. La trama de estos dos cortometrajes, los cuales ahora han sido comercializados como un único largometraje, se centra en Mimiko, una niña que ha perdido a sus padres y vive únicamente con su abuela. La anciana, quien debe acudir a una ceremonia en honor a su marido, deja sola a la protagonista en casa confiando en que la menor de edad podrá cuidarse a sí misma. No obstante, un panda y su pequeño hijo —quienes han escapado del zoológico— llegan al hogar de Mimiko. La niña, sintiendo la ausencia de sus padres, terminará convirtiendo al panda recién llegado en un sustituto de la figura paterna. Los dos animales y Mimiko vivirán una serie de aventuras juntos en donde la protagonista será capaz de llenar los vacíos de su infancia mediante la presencia de este nuevo «padre».

A pesar de que estos cortometrajes van dirigidos, específicamente, al público infantil, es posible obtener en el subtexto información valiosa con respecto a la concepción de la orfandad según Takahata. En los primeros minutos de esta obra, se muestra a una Mimiko sumamente independiente pese a su corta edad. Esta apresura a su abuela para que no pierda el tren que la ha de llevar al homenaje a su difunto esposo, le ha preparado el almuerzo, afirma que ella sola irá al colegio los días en que la anciana se encuentre ausente y le deja en claro que no tendrá problema alguno. En este sentido, la ausencia de sus padres y la vida cotidiana con una mujer mayor la han convertido en una niña capaz de valerse por sí sola, sin la necesidad de depender de un adulto.

Posteriormente, una vez que los pandas han llegado y que Mimiko ha decidido nombrar a uno de ellos como su padre, la niña busca cubrir este vacío mediante la inserción de este sustituto. Junto al animal, la protagonista lleva a cabo varias actividades cotidianas que, según se da a entender, forman parte de la relación padre-hijo, como lo podría ser el hecho de que el mayor da de comer a su descendencia, la lleva de paseo, juega con ella y, sobre todo, tiene la labor de protegerla y cuidarla de cualquier peligro.

En síntesis, podría afirmarse que en los dos cortometrajes de Las aventuras de Panda y sus amigos, Takahata explora dos facetas y perspectivas de la orfandad: 1) cómo esta condición obliga a los menores a adquirir una gran independencia y autosuficiencia; 2) y cómo también salen a la luz las frustraciones y anhelos de la niña huérfana que ansía contar con una figura paterna. La transformación que la orfandad realiza en los niños será desarrollada fuertemente por Isao Takahata en los años posteriores dentro de las series televisivas que dirigió para Nippon Animation. La más reconocida de estas producciones es la serie animada de 52 episodios conocida como Heidi (1974), cuya trama se encuentra basada en la obra homónima de la escritora suiza Johanna Spyri y la cual había sido llevada al cine en varias ocasiones.

La trama de esta serie se centra en la niña huérfana Heidi, quien es llevada a vivir con su abuelo a los Alpes suizos debido a que su tía Dete ya no puede hacerse cargo de ella porque se trasladará a Frankfurt. La protagonista descubre un nuevo mundo en las montañas y aprende a vivir disfrutando de las pequeñas cosas y de la naturaleza misma. Pronto, Heidi adquiere una gran independencia gracias a la dura vida en los Alpes y a los crudos inviernos, siendo capaz de hacer queso por su cuenta, ordeñar a las cabras, escalar las montañas y llevar a pastar al rebaño. De esta manera, el abandono por parte de su tía, la severidad de su abuelo y los caprichos de la impredecible naturaleza generan en la protagonista una importante transformación a lo largo de los 52 episodios de la serie, convirtiéndola en una niña segura de sí misma y dispuesta a hacer frente a la adversidad.

Las series televisivas de Takahata que siguieron a Heidi se encuentran orientadas hacia el mismo camino. En Marco (1976), se aprovecha un relato presentado en la obra Corazón del escritor italiano Edmundo de Amicis para narrar el arduo viaje —de Italia a Argentina— que emprende un niño para reencontrarse con su madre, haciendo hincapié en la fortaleza que éste adquiere al encontrarse solo ante la adversidad. Asimismo, en Ana de las tejas verdes (1979) —de la cual Takahata realizará un largometraje años después—, serie basada en la novela de la canadiense Lucy Maud Montgomery, se presenta la historia de una huérfana con gran imaginación que logra cambiar la vida de todos los que la rodean.

En 1988, ya bajo el sello del recientemente consolidado estudio Ghibli, Takahata realiza uno de sus proyectos más ambiciosos y reconocidos internacionalmente: La tumba de las luciérnagas. Este filme se encuentra basado en la novela autobiográfica de Akiyuki Nosaka, la cual cuenta la historia de Seita y Setsuko, dos hermanos que han perdido a su madre en un bombardeo durante Segunda Guerra Mundial. Los huérfanos se verán obligados a luchar por su supervivencia en el Japón azotado por la guerra, las bombas, la escasez de alimentos y la pobreza. En este filme, se da a entender que antes de la guerra, Seita y Setsuko tenían una vida relativamente cómoda bajo el cuidado de su madre y el apoyo económico de su padre, un piloto de guerra. No obstante, el conflicto bélico llegó a destruir su vida y los obligó a hacer frente a las hostilidades del mundo adulto.

Esta súbita orfandad transformó al mayor de los hermanos, Seita, en el responsable directo de su pequeña hermana Setsuko; es decir, se vio forzado a transformarse en un adulto de un momento a otro. Ahora, él debía convertirse en el sostén de ese fragmentado e inestable núcleo familiar. Sin embargo, a pesar de sus desesperados esfuerzos, el protagonista es incapaz de sobrellevar la situación llegando a un fatal desenlace para ambos hermanos.

En La tumba de las luciérnagas, Takahata continúa desarrollando la orfandad como un eje rector de la narración, a la cual suma los problemas y complicaciones derivados de la guerra y la pobreza. Tal y como ocurrió en sus filmes y series previas, el cineasta muestra cómo la orfandad transforma por completo al infante obligándolo a experimentar un acelerado y forzado crecimiento personal. No obstante, en este largometraje mostrará esta transformación de una forma visceral y severa, como si se buscara comunicar que no todos logran triunfar en esta lucha interna. Es en el personaje de Seita en el que recae esta ardua batalla en donde la súbita orfandad lo obliga a abandonar la infancia para convertirse en un adulto y hacerse cargo de todo lo que esto implica. El protagonista se verá sobrepasado por las obligaciones y por las mismas complicaciones derivadas del contexto bélico, siendo incapaz de alimentar debidamente a su indefensa hermana, buscarle un hogar seguro y limpio, así como protegerla y cuidar de su salud.

Como se ha podido apreciar, Isao Takahata aborda la orfandad en gran parte de su obra cinematográfica y televisiva, a la cual convierte en el pilar de la narrativa en la mayoría de los casos. Si bien muestra a los infantes huérfanos como un sector sumamente vulnerable y en evidente desventaja ante los demás, el director japonés se encarga de exaltar la lucha que llevan a cabo los niños para salir adelante pese a la adversidad. Para Takahata, la lucha de los huérfanos puede conducirlos a adquirir una mayor seguridad, independencia y autosuficiencia si logran hacer frente a este forzado y súbito cambio que la vida ha puesto en su camino. En este sentido, los huérfanos deben contar con la fortaleza mental para dar el siguiente paso en lo que se refiere a su madurez y crecimiento interno, desprendiéndose así de lo infantil e inocente. Se trata de una transición ardua y compleja, de la cual no todos —como se aprecia en La tumba de las luciérnagas— logran salir adelante.

Los fantasmas del pasado e infancias traumáticas


Así como la orfandad puede ser considerado como uno de los temas centrales de la obra del realizador japonés Isao Takahata, otra de las líneas desarrolladas por el cineasta gira en torno a las experiencias traumáticas que tuvieron lugar en la niñez de los personajes; es decir, los fantasmas del pasado que vieron la luz durante los supuestos años de felicidad y que a menudo se desprenden de una atormentada relación con los padres de familia.

En su película Recuerdos del ayer (1991), gran parte de la diégesis se encuentra sustentada en estos fantasmas del pasado. La protagonista de 27 años, Taeko, decide realizar un viaje al campo en aras de repensar su vida. Sin embargo, su atormentada infancia al lado de unos padres impositivos, estrictos y controladores se manifestará continuamente a lo largo de esos días a manera de flashbacks. En estos viajes al pasado, Taeko se presenta al espectador como una niña de espíritu libre que no encaja del todo con su familia, la cual es conservadora y sumamente estricta. En este sentido, la protagonista fue constantemente reprimida por sus padres y sus mismas hermanas hasta el grado de convertirla en una mujer adulta tímida, de pocas palabras y preocupada por la percepción que tengan los demás de ella. El viaje al campo que emprende la protagonista implica una superación de estos fantasmas de su pasado, los cuales todavía se encuentran presentes en su vida y los cuales le impiden actuar con libertad. La Taeko adulta se reencuentra con la Taeko niña en este autodescubrimiento que implicará dejar atrás, de una vez por todas, los límites impuestos por sus padres que llegaron a insertarse por completo en su persona impidiéndole ser ella misma.

Siguiendo esta lógica, podría considerarse a Recuerdos del ayer como un filme que cuenta con una historia con un doble esquema de coming of age. Mientras se muestra en los flashbacks cómo sus padres coartaron la libertad de la niña Taeko hasta el grado de convertirla en la tímida mujer adulta que se presenta al inicio del largometraje; también se evidencia cómo la Taeko adulta decide liberarse de estos demonios de su infancia que le impiden crecer emocional y sentimentalmente.

Una situación similar se desarrollará en el último filme realizado por Isao Takahata, La leyenda de la princesa Kaguya (2013). La trama de este se encuentra basada en el relato popular El cortador de bambú. Esta obra se centra en un cortador de bambú que, mágicamente, encuentra a una pequeña niña dentro de un bambú, a la cual buscará criar como a una princesa. La niña crece cerca del bambú durante sus primeros años de vida, en donde interactúa con los demás infantes a su alrededor. Tiempo después, su padre —el cortador que la adoptó— decide darle una vida digna de una princesa; es decir, la llevará a vivir al pueblo en un palacio para que contraiga matrimonio y cumpla su «designio», como se esperaría de alguien de la realeza. La protagonista resentirá fuertemente la decisión de su padre, así como su traslado al palacio. De igual manera, se negará rotundamente a aceptar a cualquiera de los pretendientes que pidan su mano, situación que le ocasionará serios conflictos con su padre y será el desencadenante del inesperado final del filme.

En La leyenda de la princesa Kaguya se aprecia de nueva cuenta el conflicto entre un padre impositivo y estricto y su hija rebelde y dispuesta a alejarse de la performatividad deseada para ella. Sin embargo, a diferencia de Taeko en Recuerdos del ayer, la protagonista del último filme de Takahata no tiene la oportunidad ni el tiempo de liberarse por completo del yugo paterno. En ambos largometrajes se encuentra presente una figura paterna —la madre únicamente secunda las ideas de su esposo— que intenta amoldar a las niñas protagonistas a una performatividad o esquema orientado por él mismo, aunque esto implique privarlas de su individualidad y de su respectiva libertad. Tal como ocurre con el tema de la orfandad, depende de los protagonistas dar el siguiente paso fuera de este esquema opresor. En el caso de Taeko esta decisión de romper con la opresión paterna se tomó bastantes años después, una vez que la infancia era un mero recuerdo atormentador que continuaba ejerciendo presión en la protagonista. En cambio, en el último filme de Takahata, una vez que la princesa Kaguya decide tomar la decisión de desprenderse del control paterno, es demasiado tarde para ella.

Contemplando ambos casos, para Isao Takahata la infancia es una etapa determinante en la vida de una persona. Esta es capaz de influir y permear fuertemente, para bien o para mal, en el desarrollo de un individuo. Las experiencias negativas o traumáticas pueden continuar aquejando o influyendo directamente en la vida adulta a manera de fantasmas del pasado. Como bien lo mencionó el escritor H. P. Lovecraft, «infeliz aquel al que los recuerdos de la infancia solo le traigan miedo y tristeza».

A manera de conclusión, mediante este breve recorrido por la obra de Isao Takahata se han podido identificar dos grandes núcleos temáticos con respecto a la infancia: la orfandad, y las experiencias traumáticas en esta etapa de la vida. Ante todo, Takahata presenta la infancia como un momento de vulnerabilidad en la vida del ser humano, un periodo en el que se es ampliamente susceptible ante los estímulos y experiencias, que pueden perdurar al paso de los años y marcar fuertemente al individuo para bien o para mal.