Poética de la basura

El cine de Harmony Korine


Por Diego Ruiz

Poética de la basura

El cine de Harmony Korine


Por Diego Ruiz

 

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Destrucción porque se siente bien, porque estamos culturalmente enfermos. Destrucción porque creemos que el progreso y la evolución son siempre positivos, porque creemos que estamos mejor que nunca. Destrucción porque somos estafados por la perfección. Destrucción porque decidimos ignorar el poder que el cine tiene sobre la construcción de la identidad de cualquier sociedad. Destrucción porque vivimos en otro lugar, porque soñamos el sueño de otro país. Destrucción total porque escuchamos balazos por la noche y leemos sangre por la mañana. Destrucción porque nos destruimos día a día. Destrucción porque crecimos rodeados por el ruido, porque ahí nos sentimos cómodos. Destrucción porque es necesaria y porque se siente bien.

Todos estamos relacionados con la violencia que nos envuelve: presenciando, escuchando o reproduciéndola, pero creando siempre una imagen de ella. ¿Y cómo es esa imagen violenta, esa imagen molotov?, ¿nos puede nutrir, liberar, o está condenada a ser virus y caos eternamente?

Cuando era niño, la tentación de pecar era siempre una idea romántica. Esto me llevó al cine, donde el pecado es bienvenido, donde, al menos en la teoría, el propósito lo convierte en algo sagrado.[1]

Harmony Korine nació en 1973 y hace películas extrañas: mezclas amorales de imágenes y sonidos que atentan a nuestro sentido común y que nos emocionan sorpresivamente. Es obvio que no es ni el primero ni el último en hacer películas así, basta con mirar hacia atrás a Buñuel o hacia adelante a Joshua Oppenheimer, pero Korine, como Lynch, apunta al nonsense, al perfecto sinsentido; aunque a diferencia de este, Korine lo hace buscando una realidad caótica y confusa: realidad de los drogadictos, de los esquizofrénicos, de los adolescentes, de los discapacitados, de los ancianos, de los migrantes, de los ascetas y de los freaks. Realidad del otro que detestamos. Además, Korine es también un artista plástico psicotropical, un bailarín de tap, un judío gringo, un soldado del cine, un padre de familia, un junkie domesticado, un escritor de un solo escrito, un skater armónico, un hombre de dios, un delincuente consagrado, un boxeador flaco y, ante todo, un descarado synner,[2] un sintetizador de pecados.

¡Gracias a dios, el cine le da la bienvenida al pecado y a todo lo que este arrastra consigo! Sí, el dios del cine celebra y se regodea en la violencia, pero el problema está en que casi siempre esa violencia es irracional e instintiva: nadie es realmente responsable. Habita solamente en el espectro de lo desconocido y lo malvado. Lo interesante está en esos momentos en los que la violencia no es irracional; porque quizás nunca deje de ser malvada pero tendrá por lo menos una razón de ser, un motivo y un fin conscientes. La obra de Korine es violencia ambigua que piensa muy rápido, es la pelea a muerte entre una silla y un hombre en Gummo (1997).

Todavía se puede hacer música que a la gente le guste, pero ya no habrá más innovación. (…) Creo que el rap es la música más interesante que queda, es el único género que sigue cuestionando sus límites y experimentando de formas que me parecen emocionantes. Aunque nunca me gustó el rap de consciencia social. Me gusta el rap que es físico, que es sobre el ritmo, el bajo y la repetición.[3]

¿Qué es la modernidad sino una amalgama kitsch de ideas, sonidos y movimientos? Somos el remix inconsciente de nuestro pasado. Somos el imple de nuestros abuelitos, padres, maestros e ídolos mediáticos. Somos un asco líquido que no encuentra motivos para existir. Estamos hartos de no poder ser y, por eso, somos violencia en reposo, dispuesta a explotar ante cualquier provocación. Hartos del futuro prometido y del pasado esclavizante, deseamos destruir todo a nuestro alrededor y, así, permanecer en el eterno presente.

Mistakism [errorsismo]: la única magia real del arte está en los accidentes. En los errores se manifiesta el espíritu real de la creatividad.[4]

Para los artistas urbanos está muy claro: utilizar el espacio impuesto como un potencial lienzo expresivo. Destruir y crear simultáneamente. Graffiteros, raperos y skaters buscan esa grieta en el asfalto donde se pueda bombear, rimar y saltar. Buscamos el error y lo exaltamos. Es Buster Keaton que muta accidentalmente en Chaplin y luego en Hitler, el artista del error y del espejismo pop en Mister Lonely (2008).

El cine sostiene la vida. Captura a la muerte trabajando.[5]

Bizarro ser humano llamado Harmony y que cambia su nombre a Harmful para finalmente regresar a su nombre original, consciente de su situación armónicamente disonante.(6) Porque destruye enamorado del amor y, en busca de una verdad extática, encuentra y abraza la belleza en el caos. Porque es un homo ludens aburrido, perteneciente a la generación del ritalin, de las patinetas, del VHS y el VIH. Adicto a la intensidad desbordante gracias a haber crecido a base de puñetazos. Adicto a la comedia y a los culos gordos, inherente a cualquier chistosito animal del zoológico gringo. Es la poética de la basura, es el vómito del otro y el remix de sus pecados.

Y es que es cierto que fue un genuino entusiasta de las drogas; y es cierto que, embriagado con esas engañosas lupas de la percepción, creó geniales disrupciones estéticas como Gummo y el primer Dogma 95 no europeo, Julien Donkey-Boy (1999); y es cierto que, al emerger de la perfecta obscuridad narcótica, creó el paraíso artificial de Mister Lonely y vomitó el infierno audiovisual encerrado en Trash Humpers (2009); y es cierto que, actualmente iluminado, combate la industria cinematográfica desde su interior con la sexy bomba molotov titulada Spring Breakers (2013), que falsifica el sueño americano y prostituye a las princesas de Disney. Y es que su trabajo es el de cualquier persona inconforme con su realidad: ampliar el tragaluz del infinito.

Mi estética es el tocino.[7]

Harmony Korine continúa y fusiona la línea de Buster Keaton con la de Werner Herzog; es decir, es el heredero de la comedia más perfecta, basada brutalmente en el cuerpo y en sus límites; y es también el heredero del éxtasis de la verdad, de los Ícaros modernos y de la búsqueda de lo sublime. Es el niño conejo y skater que recibe palizas en Gummo, es la patinadora ciega de Julien Donkey-Boy, es la monja que da un salto de fe en Mister Lonely, es la violencia danzarina de los ancianos en Trash Humpers, es el sueño ultraviolento y contagioso de Alien en Spring Breakers. Además, Korine agrega a esta mezcla tragicómica entre Keaton y Herzog su propia experiencia, su propio vértigo urbano. Porque se sumerge en la vida del sur de los Estados No Unidos de América: en sus aspectos terribles, obscuros e inhumanos, pero también en su dimensión bella, interesante e incluso poética. Creando así, situaciones que irradian un aura extraña, hermosa y perturbadora a la vez. Son instantes de realidad aumentada. Son rebeldes imágenes pobres, hijas del cine imperfecto.[8]

Creció entre Nashville, Tennessee y la ciudad de Nueva York. Después, drogado, incendió su casa y desapareció entre las selvas de Centroamérica y las calles de Europa. Es evidente que sus experiencias en estos lugares inspiraron varias situaciones que después escupiría en sus películas, pero no solo logra hipnotizarnos con basura gracias a que ha vivido en ella, ni tampoco porque conoce muy bien a las personas que la habitan. Lo logra porque cuenta sus historias como serían contadas por ellas mismas: visceral y emocionalmente, violadas por sus padres, envueltas en crack o activo o cualquier otra sustancia apendejadora, como en Gummo, o bailando torpemente con el corazón en la mano, buscando golpes por el simple placer de recibirlos, como en Julien Donkey-Boy, o cantadas por una melodiosa voz desafinada que flota sobre la apacible orilla de un río por el que corre mierda seca, solo acompañada por un cadáver desnudo que yace descansando cerca, como en Trash Humpers.

Es algo así como una oda al vandalismo. Existe cierta belleza creativa en su violencia y destrucción. Podrías decir que estos personajes son poetas o místicos del caos y el asesinato, burbujeando hasta la superficie de una imagen sucia. Nunca los vi como personajes tristes. Son cómicos, con un elemento de terror vodevil en lo que hacen. Bailan mientras rompen e incendian cosas. Se la pasan de maravilla.[9]

Korine resuena con Herzog, Buster Keaton, Mark Gonzales, Manny Pacquiao, Hector Babenco, los hermanos Marx, Bakunin, los Wu-Tang Clan, Fassbinder, Britney Spears, Godard, Kenneth Anger, Bruce LaBruce, Sonic Youth, Leos Carax, los Jackass, los Monty Python, Rihanna, Hermann Nitsch, Bukowski, Die Antwoord, Arbus y Gaspar Noé. Y bailan desenfrenadamente. Y brindan alzando sus refrescantes cocteles molotov.

Estoy más interesado en los personajes obsesivos o en la gente que vive fuera de cierto entorno social. Gente que es infeliz con lo que vive a su alrededor, por lo que decide inventarse su propia vida. Gente que sueña, gente que crea su propio lenguaje.[10]

Sus películas violentan nuestra idea del Otro, de aquel que preferimos ignorar o peor, retratar románticamente. Sacuden nuestra percepción y se mofan de la estupidizante corrección política. En Gummo, vivimos con unos rednecks que sobreviven a un tornado y se entretienen matando gatos, inhalando pegamento, inflando sus feos pezones, surfeando el duro asfalto; en Julien Donkey-Boy, vivimos con un tierno esquizofrénico, incestuoso y asesino, enamorado de una patinadora ciega, hijo de un Herzognaziadicto; en Mister Lonely, vivimos con un imitador de Michael Jackson, sin identidad, deprimido en el paraíso mientras unas monjas saltan sin paracaídas de un avión, lideradas por un Herzogsacerdoteadicto; en Trash Humpers, vivimos con ancianos en esteroides que disfrutan destruyendo y follando cosas; y en Spring Breakers, vivimos en una fiesta digital, con cuatro muchachas nalgonas e iracundas en busca del sueño americano: violencia y placer en un eterno loop de poder enfermizo.

Korine se divierte violando las reglas del juego y crea objetos audiovisuales con superficies y texturas únicas pero que, en el fondo, son muy parecidos entre sí. Imágenes pobres que vienen de todas partes. Sonidos perfectos que aprovechan la superficialidad del pop y mutan en algo punk. Montaje más cercano a la memoria estroboscópica de un faro que recuerda solo instantes. Cuerpos discapacitados que danzan y golpean como pueden, buscando sus límites y los del otro. Películas que funcionan como objetos, como balas y como semillas.

Las estructuras cinematográficas que él plantea parten de la idea de la simetría y no de la progresión: sus películas son objetos y, para progresar en el tiempo, primero tienen que estar ordenados, es decir, simétricos en todos sus ángulos y formas; y esto es por el simple hecho de que tienen una existencia física y necesitan mantenerse en pie. La idea de la progresión sirve para ordenar en el ámbito de la narración y lo conceptual, pero en el ámbito de lo físico, del objeto, de lo real, del documento, la simetría es el orden rector; es decir, el balance visual y sensorial, ordenado por motivos, por repeticiones y variaciones que construyan un mandala fortuito. Por eso muchos dicen que el cine de Korine se compone de anécdotas apenas relacionadas, de recuerdos en la mente de un esquizofrénico o un junkie, de microsecuencias que se deshacen al ser vistas. Por eso es cine que se siente irracionalmente, como un puñetazo o un beso.

Me gustan las historias, pero no me gustan las tramas. Simplemente nunca sentí que hubiera tramas en la vida. Nunca sentí que las cosas en mi vida tuvieran un inicio o que alguna vez estuve al final de algo, o en el medio. Siempre he sentido que las cosas simplemente pasan. Existimos y ya.[11]

Como en la vida real, su cine es una tragicomedia basada en el gag más puro, con punchlines brutales o, de plano, sin punchlines. Como en la vida real, su cine retrata personas que atraen inexplicablemente. Como en la vida real, su cine habita personas y espacios reales, contradictorios. Como en la vida real, su cine es impredecible, en constante cambio. Como en la vida actual, su cine es violencia caníbal. Pero es una violencia inocente, aquella que no conoce ética o moral alguna, aquella que es juego cuando éramos niños y no conocíamos la culpa, aquella que busca solo revertir las reglas por la simple curiosidad de ver cuáles serán los resultados. Violencia pura. Es violencia que busca los límites del cuerpo y de los objetos hasta destruirlos para, después, reconstruirlos. Como un fénix mamón, en llamas e inmortal.

REGLAS DE ORO DE HARMONY KORINE
1. Las víctimas del ácido hacen buenos cineastas.
2. Si te falta una mano, es bueno usar tu perplejo muñón como un tripié.
3. Nunca permitas que un leproso te sirva café mientras filmas.
4. Si uno de tus actores es feo, al menos deberías asegurarte de que tenga todos los dientes.
5. Los productores impotentes suelen ser valientes. Me gusta trabajar con productores infértiles.
6. Si todo tu equipo es gay, tu película tendrá un sabor gay.
7. Asegúrate de que tu guión tenga más de diez páginas.
8. Es bueno contratar al menos dos discapacitados.
9. Asegúrate de que tu cinefotógrafo sea comunista.
10. No te masturbes durante las seis semanas previas al rodaje. Es muy bueno para tu visión total de la película.
11. Asegúrate de que el gaffer no sea adicto a los opiáceos.[12]

Te jode porque es verdad. Te da risa porque es verdad. Regreso al inicio: somos caos y orden en una danza eterna. Somos violencia aburrida, en reposo, dispuesta a explotar ante cualquier provocación. Somos imágenes molotov que sacuden nuestra realidad. Somos violencia que desea paz. Somos odio y amor simultáneamente. Somos violencia pura, congruente con su existencia. Somos homo ludens que juega con fuego y que, como vil pokemón marica, busca evolucionar en homo spiritualis. Somos luchadores que buscan la iluminación. Somos el espejismo pop. Somos synners.

Lanzo granadas a la escena.[13]

Ahora bien, en todos lados nos han dicho que la última explicación está en una relación de opuestos: cuerdo/loco, sucio/limpio, bello/feo, amor/odio, mexa/gringo, sonido/imagen, documental/ficción, creación/destrucción, vejez/juventud. Pero esto es si lo vemos desde un solo punto de vista (generalmente fascista y pendejo), un punto de vista que busca generar opuestos y mantenerlos bajo el supuesto de que siempre estarán en conflicto, sin ninguna conciliación real, duradera. El más claro ejemplo de esta mentalidad es la oposición hombre/mujer (y el más importante actualmente, ya que influye directamente en nuestros prejuicios y nuestra eventual relación con el otro).

Pero, ¿qué pasa si decidimos ver las cosas de otra forma? Como Korine y su concepción del cine y la verdad (y no del documental o la ficción). ¿Qué pasa si, en vez de enfocarnos en los polos, en los extremos de esa oposición, analizamos lo que se encuentra en medio: en esa infinidad de matices que se encuentran entre estos dos grandes muros conceptuales?, ¿qué pasa si dejamos de ver a las personas por su género y decidimos verlas como individuos complejos?, ¿o que la destrucción es mala y la creación es buena?, ¿o que lo que podemos tocar es real, ergo verdadero, y lo que imaginamos no?

Me gusta ver a la gente que no baila, o aquella que no puede bailar de una manera formal, realmente bailar. Me gusta pedirle a la gente que realmente baile y se divierta. Hay algo sorprendente en cómo las personas comunes interpretan el baile con su cuerpo. Es por eso que puse a esta chica, que es una patinadora ciega de 11 años, en mi película.[14]

¿Qué pasa si, en vez de enfocarnos en los polos, en los extremos de esa oposición, analizamos lo que se encuentra en medio: en esa infinidad de matices que bailan ciegamente entre estos dos grandes muros conceptuales?, ¿qué pasa si dejamos de ver a las personas por cómo se mueven y decidimos mejor movernos con ellas?, ¿o que lo pop es malo y lo culto es bueno?, ¿o que lo que podemos tocar es real, ergo verdadero, y lo que imaginamos no?

No sé qué pasaría ni me interesa tanto, eso es el futuro. Pero puedo ver lo que pasa actualmente en la mente de personas sensibles, que ven un poco más entre las líneas, que abren las puertas de su percepción, que ven y escuchan sin filtros que opaquen ese camino hacia la verdad que tanto anhelamos pero que, de igual forma, tememos mucho. Le tenemos miedo a la libertad sexual, a la libertad narrativa, a la libertad de expresión. Tenemos miedo a la libertad porque no concebimos un mundo sin villanos y sin héroes, sin bien y sin mal, sin hombre y sin mujer.

Por eso hay que destruir y hacer poética de la basura, porque nos muestra algo que no queremos racionalizar y tememos pero, a escondidas, deseamos peligrosamente. ¿Quién no ha disfrutado al bailar sin importar lo inarmónicos que sean sus movimientos?, ¿quién no ha disfrutado al tener sexo desenfrenado, nalgueando y siendo nalgueado?, ¿quién no ha disfrutado al pisar las hojas secas que yacen tiradas en el suelo?, ¿quién no ha disfrutado cuando está harto de las cosas y lo grita, lo rompe?, ¿quién no ha disfrutado al hacer una broma?, ¿quién no ha disfrutado con la droga, el amor y demás paraísos artificiales? Eso es destrucción, juego y placer, caos. Y también es parte de nosotros, y del otro: de la basura que ignoramos todos los días.

Soy un cineasta comercial. Soy un patriota. Me escondo en los árboles.[15] 


NOTAS:
[1] Harmony Korine, Julien Donkey-Boy Confession, EUA, carta realizada a La Hermandad del Dogma 95, 1999.
[2] Synner es un neologismo que fusiona las palabras sinner (pecador) y synthesizer (sintetizador). El término fue creado por la escritora cyberpunk, Pat Cadigan y da el título a una de sus novelas.
[3] Ross Scarano, Interview: Harmony Korine talks “Spring Breakers” as a pop song, Chief Keef, and how white people ruin everything, entrevista para la Complex Magazine, 2013.
[4] Aaron Rose, Least Likely to Succeed, EUA, fragmento del catálogo para la exhibición del documental Beautiful Losers, 2004.
[5] Harmony Korine, op. cit.
[6] Bruce LaBruce, Kodak Lecture Series: Harmony Korine, entrevista realizada en la Ryerson University, Canada, 2005. “¡Entonces eres una armonía disonante!”, le dice LaBruce a Korine después de que este le dijera que le gustan las disonancias, jugando con los significados de sus dos nombres: harmony (armonía) y harmful (nocivo).
[7] David Letterman, The Late Show with David Letterman, EUA, entrevista para la televisión, 1997.
[8] Hito Steyerl, Los condenados de la pantalla, Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2014, pp. 33-48.
[9] Liz Armstrong, The Fog of Analog, EUA, entrevista para Vice, 2009.
[10] Billy Chainsaw, Harmony Korine Interview, Reino Unido, entrevista para la Bizarre Magazine, 2008.
[11] Werner Herzog, Gummo’s Whammo, EUA, entrevista para la Interview Magazine, 1999.
[12] Harmony Korine, Things I’ve Learned, EUA, artículo para la MovieMaker Magazine, 2008.
[13] Eric Kohn, Harmony Korine Interview, EUA, entrevista para la IndieWire Magazine, 2008.
[14] Adam Heimlich, Staying Hungry, EUA, entrevista realizada para la New York Press, 1999.
[15] David Letterman, op. cit