Hacia un cine nuestro, un cine genuinamente latinoamericano

Entrevista a Yoshua Oviedo


Por Karla Portela 

Hacia un cine nuestro, un cine genuinamente latinoamericano

Entrevista a Yoshua Oviedo


Por Karla Portela 

 

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De acuerdo con Lauro Zavala la situación de los estudios sobre cine en América Latina está dominada por tres características: insularidad interna, entendida como el desconocimiento que existe entre los países de la región de lo que cada uno produce en el campo de la investigación universitaria y de la crítica en general; insularidad externa, que refiere al aislamiento casi absoluto de los estudios latinoamericanos de cine con respecto a los estudios de cine producidos en la tradición anglosajona (EUA, Canadá e Inglaterra), y; predominio de la tradición historiográfica, como presencia abrumadora de temas historiográficos desarrollados por historiadores profesionales en la investigación sobre cine plasmada en libros y artículos especializados, congresos y tesis de posgrado . Ahora bien, de estas tres características la insularidad interna puede extenderse al ámbito que aquí nos ocupa, la integración de un cine genuinamente latinoamericano, dado que se observa un desconocimiento generalizado sobre la producción, distribución y exhibición cinematográfica entre los países de nuestra región. De este modo, en la búsqueda por encontrar propuestas que solventen dicha situación nos acercamos a conversar con Yoshua Oviedo (San José) psicólogo pero también programador y crítico de cine, fundador de Vivecinescrúpulos (2011), espacio independiente promotor de la salud mental a través del cine, en talleres de apreciación abiertos a la comunidad en general. Programador de la Muestra de Cine Latino Contemporáneo (2017 y 2018), integrante del jurado en la sección Made in Costa Rica, del shnit Worldwide Shortfilmfestival (2017) y parte también del equipo de programación del Costa Rica Festival Internacional de Cine (2017 y 2018). Hoy día se desempeña como curador y programador de Preámbulo, proyecto de exhibición cinematográfica en el Centro de Cine, del gobierno de Costa Rica; como crítico de cine colabora con el colectivo Krinégrafo, del que es cofundador e igual funge como asesor de programación de CINE UCR (Universidad de Costa Rica).

 


 

Me gustaría comenzar preguntándote, ¿estás de acuerdo en que no existe realmente un cine latinoamericano porque en ninguno de los países de esta región se conocen las películas producidas en todos los demás países de la misma?

Creo que sí existe cine, cines latinoamericanos, lo pondría en plural porque a veces lo que sucede con el cine de nuestra región, y me ha pasado cuando proyecto películas, es que la gente cree que todas las películas latinoamericanas son del mismo tema, tal vez porque el cine latino al que han tenido acceso es por televisión de paga, cable o lo poquito que llega a salas y ése sí es muy limitado; entonces tienen alguna idea errónea de que no hay diferentes géneros, diferentes formas del tratamiento de la historia, que uno puede reconocer el cine argentino, diferenciarlo del cine mexicano, diferenciarlo del cine cubano o del brasileño, etc, que tal vez son los cuatro países con una trayectoria más consolidada en el área. Evidentemente el grandísimo problema que tenemos es que no vemos cine latinoamericano, como que no está en nuestra cultura, creemos que es mejor ver cine de Hollywood o europeo o cine asiático, que todo lo que hacen allá es cine arte y que en Latinoamérica no se hace cine arte, a veces se es más crítico con lo que se produce en nuestros países y más permisivo con lo que se hace en otros.

Quizá la existencia o no de un cine auténticamente latinoamericano da pie un gran debate, lo innegable es que hoy día nuestro cine atraviesa una situación de insularidad interna, en términos de Lauro Zavala, ¿concuerda al respecto en que una de las causas de ello radica en el hecho de que los ministerios de cultura de nuestros países han atendido insuficientemente la necesidad de difundir en forma permanente los materiales audiovisuales que cada uno produce?

Estoy de acuerdo porque las políticas culturales de América Latina son muy raquíticas, en términos generales hay un recorte de presupuesto, es decir, siempre que hay un recorte de presupuesto por alguna crisis, éste recae en el área de cultura. Todavía está muy largo en un concepto que es en la actualidad: hoy por hoy los niños están aprendiendo a través del audiovisual muchísimo más rápido que cualquiera otra generación de la historia de la humanidad y por eso en currículum escolar debería enseñárseles lenguaje cinematográfico, como se hace en Francia o como se hace en algunos lugares de Argentina con un proyecto que se llama «Las escuelas van al cine», ahí se posibilita que haya no sólo lectores críticos sino espectadores críticos que entiendan cuáles son las manipulaciones de la imagen, porque evidentemente puede haber cine, el audiovisual es tanto cine arte como un comercial de televisión o un anuncio en una valla que ahora abundan en las calles, actualmente hay publicidad por medio del audiovisual o en los teléfonos móviles. En ese sentido sí hay un pobre acercamiento de los organismos de cultura de cada país, por ejemplo en Argentina podemos ver ahorita que es un desastre el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), todo lo que está ocurriendo, las decisiones, cómo se vuelve algo político; en Costa Rica específicamente tenemos un problema porque el Centro de Cine o el Ministerio de Cultura está lleno de administradores que no saben nada o muy poco de arte, ya no sólo de cine sino de cualquier rama artística, entonces ellos saben producir un evento, saben manejar el dinero para producir un evento, pero no tienen ideas sobre cómo debe ser una curaduría, por qué traer una cierta película, un artista específico y no otro, y qué es lo que ese artista va a dejar en el país, que diálogo puede crear con los artistas de este país o de cada país, eso no hay y es lamentable, entonces nada más se convierten en promotores de eventos y se hacen y hacen, pero no se aprende nada, que es todavía más grave porque entonces el dinero al final y al cabo no se ejecuta de la mejor manera.

¿Qué papel podrían jugar aquí las salas alternativas –particulares y no comerciales– de exhibición cinematográfica? Es decir, ¿cómo podrían contribuir a solucionar la insularidad interna de nuestro cine?

Lo principal es porque las salas independientes, incluso hasta piratas si se quiere, van a llevar el cine a lugares donde un gran centro comercial, una cadena no van a llegar porque no les resulta económicamente viable y las personas que están colocando estos espacios fuera de los grandes centros urbanos, por lo general no les interesa el dinero, nada más quieren llevar buenas obras cinematográficas a otros lugares y son los lugares en donde  hay espacio de dialogo, a diferencia de un centro comercial en el que vas, ves la película, comes el popcorn, las palomitas, te vas y listo, no pensás, son películas para no pensar y la gente no piensa sobre por qué sigue esa moda. Entonces esos espacios sí son subversivos, permiten que otra persona que no se pueda desplazar largas distancias pueda acceder a una película, pueda disfrutarla, se pueda generar debate y reflexión respecto de lo que están viendo, que también es algo muy vital, en mi experiencia inicial con Vivecinescrúpulos yo trabajaba mucho con la idea de la teoría sistémica en psicología, si yo tengo una persona, ella va a replicar lo que aprendió, lo que le llamó la atención en un cine foro, lo va a replicar con su grupo de amigos, con su familia y por ahí se va generando una cadena interesante, luego que estamos en una época donde ya las grandes salas de cine ya no son tan viables como en el pasado, entonces una sala de unas 60 personas ya es más que suficiente, dependiendo de los públicos, pueden ser incluso de menos, lo importante es que hay una continuidad de proyectos. Lo otro es que este tipo de espacios generan una familiaridad entre quienes asisten, entonces uno ve el comportamiento de grupo de una manera muy diferente a los que simplemente van a una sala comercial o cuando se hace un festival de cine que es algo de una vez al año, en cambio estos cineclubes, estos espacios de las salas alternativas funcionan todas las semanas y acercan, para responderte toda la pregunta, solventan el tema de la insularidad porque más bien están acercando a las personas.

Desde nuestra perspectiva, tanto el intento de las instancias gubernamentales como el de las salas alternativas no concretan actualmente la integración de un cine latinoamericano, en el primer caso porque la difusión y exhibición no es constante ni permanente, se concentra en festivales y ciclos; en tanto que en el segundo caso, la apertura al cine no comercial se avoca en su mayoría a la producción europea o nacional. ¿Considera posible y viable superar esta situación estableciendo un trabajo conjunto entre las distintas salas alternativas que existen en la región, que diera lugar incluso a la creación de una «Red Latinoamericana de Salas Alternativas de Exhibición Cinematográfica»?

Creo que hay proyectos que pueden facilitar eso, por ejemplo Cine Nómada, en Perú, Ambulante, en México, hay un cineclub en Córdoba, en Argentina, pero evidentemente tal vez no estamos comunicados entre nosotros, la Red Latinoamericana resulta atractiva, aunque hay un tema de derechos de autor que podría dificultar proyectar la misma película en tanto que para territorio de México lo tiene un distribuidor, en Sudamérica otro y entonces eso puede afectar un poco, pero evidentemente lo que sí sería interesante y máxime en una época en donde lo digital, la tecnología te acerca, es poder generar los espacios de debate virtuales, aprovechando estas tecnologías y dialogando, entonces tener alguien invitado de otro país y que lo puedan ver en una conexión, en una video llamada, aportaría, y digamos no es necesario que tengas que viajar y pagar ticketes aéreos y todo, yo creo que sí se puede hacer así, como se hace en los propios países, que yo puedo hacer un cine foro a unos muchachos de algún colegio a kilómetros de distancia, igualmente puede ser comunicarse con otro país. Ahora, es importante que los programadores veamos cine latinoamericano y que seamos críticos con el cine latinoamericano que se produce, que se ve aquí en cada país y tener también nuestra responsabilidad de que si no lo programamos, mucho menos se va a programar en otros lados;  yo estoy en contra de la idea de que hay que ver cine nacional porque es cine nacional, independientemente de cuál país sea, hay que valorar cada obra en sí misma y ver en qué contexto se circunscribe, pero evidentemente sí hay que visibilizar lo que hacemos, entonces no es solamente mostrar la película, proyectarla, tampoco solamente es generar el espacio de debate, sino que también hay que producir textualmente, hay que escribir de lo que vemos porque de una película europea, asiática te salen cien textos. Hace unos pocos días salió una lista de la BBC de las mejores películas de habla no inglesa y por ejemplo no aparece Lucrecia Martel, o sea ya solamente por ahí que en una lista así no aparezca una Lucrecia Martel, la lista no vale nada, entonces es grave que este monopolio también de la crítica cinematográfica, del saber teórico cinematográfico esté principalmente en medios anglosajones y ellos no ven o ven muy poco cine latino y no le prestan la atención.

¿Podrías mencionar qué salas alternativas existen en Costa Rica y las principales iniciativas para difundir el cine costarricense a nivel nacional, regional e internacional?

Bueno, la única sala de cine no comercial que está activa es el Cine Magaly, que está más o menos como desde 1978, 1979, es la segunda sala más antigua, luego la Sala Garbo que estuvo una temporada cerrada, ha vuelto a reabrir con muchas ganas, mucho ímpetu, hay varios grupos que estamos trabajando ahí con diferentes temáticas, de cine clásico estadounidense hasta cine de otras cinematografías como más extrañas, Serie B, directores contemporáneos, entonces eso también es como una sala no comercial; fuera de éstas, Preámbulo del Centro de Cine ya tiene 3 años y medio que proyecta películas gratuitamente todas las semanas de miércoles a sábado, que ha funcionado bastante bien, como es el Centro de Cine entonces también hay posibilidad de sacarlas de San José, fuera de la capital, y llevarlas a otros pueblos, cantones mucho más alejados de escasos recursos que no les llegarían películas si no es por nosotros y luego, repito, hace poco hablé de estas pequeñas salas que empiezan a aparecer, entonces en Cartago hay un grupo, en Heredia hay otro grupo, en Alajuela hay un museo que está presentando películas, las universidades también presentan, la Universidad de Costa Rica tiene un proyecto también que lleva cine a todas sus sedes fuera de San José y ésas se han ido multiplicando, entonces creo que hay espacios para poder poco a poco llevar cine a diferentes áreas del país.

En la integración de un cine nuestro deben existir elementos comunes y diferenciales, ¿cómo curador y programador, además de crítico independiente de cine, qué convergencias y diferencias observas en la producción cinematográfica latina?

Hay un cine populista, facilón que generalmente es de comedia, que te llega con actores que vienen de tele o figuras de la farándula, que es como un establishment, algo muy similar al starsystem hollywoodense de los años 20, eso lo tenemos en todos los países latinoamericanos, las figuras de televisión que constantemente salen, que empiezan a aparecer en películas y son filmes que suelen ser taquilleros, pero que son muy de cada país pues difícilmente el humor trasciende la frontera o tiene mayor relevancia y son películas que poco o nada hacen en festivales internacionales de cine. Por otro lado existen propuestas independientes, más de autor, pero que son favorecidas por los fomentos que cada país tiene, los diferentes fondos concursables para películas. Obviamente no todos los países latinoamericanos tenemos ley de cine, Costa Rica, por ejemplo, no la tiene, pero esto facilita que una película muy taquillera, que sea muy popular, muy populista, permita que se financien otras películas que tienen otro corte, estas películas por lo general si están llegando a los festivales; no diría que hay como una estética única de estas películas, porque no lo hay, son muy diferentes, más allá de que en este siglo sí se siente la influencia de mediados de los 90, inicios del 2000 del nuevo cine argentino que dejó una influencia para películas más contemplativas, más evocativas, que buscan retratar los universos internos de los personajes, que comunican sin la palabra hablada, que encuentran recursos sonoros y visuales para contar y que sí hemos visto que otros países han empezado a producirse películas de ese estilo y hay otra producción que todavía es muchísimo más independiente, que no accede a fondos, que a ratos es sólo por crodwfounding y están por ejemplo un Raúl Perrone, que hacen películas muy anarquistas que al no recibir un fondo, no tienen que tampoco cumplir ciertos requisitos que a veces imponen, entonces su energía creativa es más original y también existe y se diferencia muchísimo del resto de películas que se hacen; y bueno, tal vez son esos tres grandes rubros, pero entre cada uno de estos hay muchísimos lenguajes, muchísimas formas de hacer películas.

Igualmente, en tu labor de curador y programador, ¿qué criterio aplicas para la selección del material a exhibir?

Bueno, es importante tener algo como un punto medio en el caso de Costa Rica que no estamos acostumbrados a ver cine independiente, entonces hay que tener muy en claro de que se están creando públicos, en nuestro caso ésa es la primera labor, crear un público, mostrarle que hay cinematografías diferentes, de que se pueden entretener también con una película de cine arte o con una película independiente y luego sostener este público, que es lo más difícil, ¿verdad? Sostenerlo en el tiempo, entonces uno puede llegar desde géneros cinematográficos que conozcan, lenguaje básico de cine, porque si de buenas a primeras le muestras una obra checa a un público que está acostumbrado a ver Transformers, se te va, se te aburre, dicen que no entienden nada y bueno, hay también que respetarlos, entonces también hay que llevar un proceso, hay que llevar un cine previo, eh, variarlo, y entonces luego ir arriesgando y programando películas más arriesgadas, más rigurosas y acompañar con cine foros, que es importante, la gente se queda y le gusta aprender, entonces cuando escucha a un experto hablar después de la película y resuelve preguntas o hace comentarios, la persona ya se lleva algo más que con sólo ver la película; después para mí sí es muy importante programar cine de otras latitudes, entonces cine africano, cine del sureste asiático, cine latino todavía más independiente que definitivamente nunca va a llegar a salas de cine, presentar películas dirigidas por mujeres que también tienen una perspectiva muy diferente del mundo y entonces encuentras otros estilos, presentar tanto cine clásico como cine contemporáneo, me gusta programar que hayan estos diálogos de que alguien pueda ver una película de los años 30 y una película del 2017 y diga: «Mirá, pero se parecen», y sí, sí se parecen, la idea es que vean qué ha cambiado o no ha cambiado de los años 30 a la actualidad o por lo menos ver cómo cinematográficamente se representa un concepto o un tema en épocas diferentes, también me gusta programar para cautivar nuevas audiencias, entonces tenemos una programación bastante lúdica que se llama «Cine y…», por ejemplo una vez hicimos «Cine y Bicicletas», se trató de hablar con la gente de un grupo que aquí se les llama ChepeCletas y que tiene muchísimas personas, entonces le llegamos a mucha gente con ese ciclo, hicimos funciones al aire libre, hacían un safari urbano en la noche por San José en bicicleta y terminaban viendo una película, encontrar este tipo de funciones alternativas es bastante bueno para crear nuevos públicos, vuelvo con esa idea, pero también a veces para salir de algunos esquemas. También hay películas que en lo personal me gustan mucho, que me enamoro de ellas y entonces quiero compartirlas, ¿verdad?, yo creo que también todos los programadores tenemos un poco de ese egoísmo, que nos gusta mucho una película y creemos que a todos les va a gustar también, entonces las traemos y hablamos mucho de ellas para convencerles de que es buena.

De una u otra forma y en determinada medida, los curadores y programadores intervienen en la construcción de una visión del cine en el público, es decir que influyen en cómo se relaciona el cine con el mundo, con el espectador. ¿Cuál es tu opinión sobre esto?

Totalmente, la decisión de colocar una película en programación es una decisión política, es una decisión ideológica, es una decisión social, moral, a veces súper combativa, en el caso de Costa Rica, que no hay una legislatura que permita a las mujeres acceder al aborto, me encanta traer películas súper polémicas sobre eso y ya eso es un punto de vista político mío como programador, de la institución en que se programa, que creemos en eso, creemos en abrir debates; ahora vamos a presentar en un par de meses cine migrante, este año ha sido muy difícil ver a muchísimos compatriotas, hermanos, pasar situaciones lamentables, trágicas, y en todo el mundo el tema de la migración está ahí, entonces creo que desde ahí estamos, hay una responsabilidad de quien programa películas, de quien hace las curadurías artísticas de lo que le estamos entregando al público, del tipo de mensaje que le estamos entregando al público, por eso también es importante hacer acompañamientos con cine foros porque la gente hace preguntas, sale de dudas, de traer expertos se crea una sinergia mayor y luego hay que tener mucho cuidado de no caer en un facilismo que por ejemplo lo tienen ciertos festivales o todos los festivales internacionales de cine que llegan en un momento a tener sus directores sagrados y dale, no siempre una persona hace veinte obras maestras, entonces hay que llegar a un momento en decir esto ganó un premio en Berlín, en Cannes, pero esta película no me interesa nada traerla, puede ser un director súper afamado, pero no está generando nada nuevo, por eso hay que tener cuidado y no caer en el facilismo de programar las películas que ganan premios, las películas de que todo mundo habla, hay que hacer un trabajo de investigación arduo, hay que ver mucho cine, investigar cuál es el cine que no vemos, porque en un festival se eligen cien películas, pero hay otras doscientas que no se eligieron y de esas doscientas puede ser que exista algo relevante para mostrar.

Sobre la construcción de una visión del cine en el público, se distinguen al menos dos posibilidades: un cine instrumental con fines disciplinarios y un cine analítico con fines interpretativos, ¿cuál de ellas consideras que prevalece en el cine latinoamericano, o en su caso, qué otra posibilidad descubre en la producción latina?

Mirá, es que va a depender mucho también del enfoque que se le da, yo puedo hacer trabajos muy analíticos con películas súper comerciales, o sea de las de películas de superhéroes, que abundan, puedo hacer un análisis geopolítico de la política exterior de Estados Unidos, entonces simplemente hablar desde un lugar diferente al que se suele hablar o buscar un ángulo, por ejemplo, como psicólogo, también trabajo mucho el tema de bullying y me encanta trabajar las películas de animación de Disney, Pixar, todas éstas, infantiles, o animadas porque hay muchísimos comportamientos en los que uno puede ver cómo reproducen situaciones de violencia, entonces trabajo muy bien con estas películas porque son las películas que los chicos ven, entonces desde ahí hacer una deconstrucción, que es la palabra clave, deconstruir el material audiovisual y permitirle a la persona que comprenda, que pueda ver otras lecturas, que no existe una única lectura para comprender o analizar una obra de arte y que las emociones son varias. Yo no le puedo decir absolutamente a nadie que lo que sintió con una película es incorrecto, es su emocionalidad; ahora bien, uno puede analizar y argumentar cuál fue la propuesta estética, argumentativa, la puesta en escena de un director o una directora y ver si funciona. Tampoco creo que el cine deba ser analítico, político, que el cine deba dar una enseñanza, que tenga que tener un instrumental porque entonces nos vamos a encasillar y el cine tiene que ser libre, tiene que ser arte y tiene que ser subversivo cuando quiere serlo, hay un cine mainstream, un lugar común y este lugar común va a hacer que surjan nuevos directores que quieran romperlo, que quieran ser contestatarios, eso es vital para que todo arte crezca, o sea cuando hay una situación de incomodidad y lo comunico a través de una obra de arte, entonces estoy creando un nuevo discurso, eso es importante, y toda la historia del arte en cualquier rama así lo demuestra, algo que sí creo que está pasando mucho con el cine es que, principalmente el cine de ficción en la actualidad, en todo el cine de ficción de todo el mundo están esclavizados a la historia, se volvieron esclavos del modelo aristotélico y el tener que contar algo, el cine no necesariamente tiene que ser narrativo, eso limitar enormemente el audiovisual y no crecer, por eso vemos que en museos estrenan ciertos audiovisuales, video creaciones y que eso no se ve en cine porque entonces el espectador está domesticado, incluso podemos hablar de un analfabetismo audiovisual porque creen en la estructura de tres actos y que si una película no tiene eso es mala, y hay muchísimos críticos de cine que entonces ven la película y si no tiene la estructura aristotélica, dicen que es mala y no, o sea, las artes tienen que evolucionar, y el arte visual es un arte muy joven todavía apenas tiene cien años, poquito más de cien años y le falta muchísimo campo de exploración, que es muy difícil porque al ser tan de masas está muy consolidada ya una estructura hegemónica del discurso y entonces es muy difícil enseñar a las personas a pensar fuera de ese discurso, entonces se presentan situaciones absurdas que uno las encuentra en Facebook o en comentarios que pasan criticando normalmente una película y al final le ponen calificación un siete, ¡pero pasaste hablando de lo mala que es y le pones un siete!, entonces hay una deformación crítica en ese sentido.

En la actualidad corre una visión del cine como espacio para la reflexión y posible transformación de la realidad, ¿consideras real esta facultad del cine, estás de acuerdo en que el cine contiene este poder formativo y transformador del individuo y su mundo?

El cine como cualquier arte tiene la facultad de transformar. Pero ojo, que el cine más comercial también lo hace, en tanto, transforma a las personas en seres irreflexivos que aceptan una historia sin cuestionarla. Por otro lado existen directores y directoras, que buscan crear incomodidad en el espectador sea por el tema que tratan o por la forma en que lo hacen, usando un lenguaje cinematográfico menos habitual, más experimental o intuitivo. Acá se encuentran grandes películas aunque tienen poco espacio para ser vistas, por eso los promotores culturales somos clave para facilitar que este otro cine sea conocido.

Sin duda el cine vivirá mientras haya espectadores, cinéfilos ávidos por contemplar historias ficticias o reales reunidos en torno o frente a una pantalla. En tu opinión y vivencia, ¿qué significa ser cinéfilo?, ¿cómo se da el paso de cinéfilo a investigador especializado o a crítico de cine?

Ser cinéfilo es una forma de vida. Ya está en el ADN. Aunque sea trabajo no deja de ser para mí una actividad lúdica, y ahí está la belleza. Es algo pasional también, es común tener encuentros acalorados con amigos, siempre en buen término, pero con posiciones diferentes sobre alguna película o realizador. La cinefilia es un ejercicio en construcción constante, siempre en busca de ver algo más, de conocer algo nuevo, o de descubrir a un autor o filme. Cuando se quiere saber más, ahí se da el paso a ser investigador o en mi caso, crítico de cine y programador, hay por un lado la necesidad de querer compartir con otros, pero también de crear y facilitar la reflexión, la crítica constructiva. Para mí es importante que las personas aprendan a argumentar sobre lo que ven. Que sean críticos, no es una cuestión de «gusto», sino de entender el discurso de un filme o de una obra audiovisual. Es importantísimo que los niños aprendan a descodificar lo audiovisual, porque están bombardeados todo el día. Es necesario modificar el currículo escolar para que desde temprano sea parte de la enseñanza.