La historia física de las imágenes

Rey (2016) de Niles Atallah


Por Rafael Guilhem 

La historia física de las imágenes

Rey (2016) de Niles Atallah


Por Rafael Guilhem 

 

Tamaño de fuente:

Los seres humanos siempre hemos necesitado de mediaciones para explicarnos, narrarnos y definirnos. Es ante la imposibilidad de mirarnos que nos miramos a través de las cosas, de lo que está fuera de nosotros y sin embargo nos comprende. La historia bajo este ajuste, puede ser entendida como una intermediación, o bien, como una tecnología del relato. Ya no hay tensión sólo en descubrir los sucesos pasados sino en inventarlos, hacerlos surgir en el acto mismo de narrar. De modo que el contenido se origina en la forma, cobra un sentido intermitente y frágil que cada cual busca institucionalizar como verdad. Ya no necesita haber sucedido para formar parte del pasado ¿Dónde reside entonces la especificidad de lo histórico? Tal vez podríamos ensayar que lo histórico es el tejido fino de los distintos momentos superpuestos; de sueños, ficciones, hechos, pensamientos, recuerdos, documentos y demás que por su densidad procesual resultan inatrapables. En principio, la historia y el pasado no son lo mismo, pero mantienen una disimulada relación amorosa.

En Rey, la memoria no puede ser leída como un rompecabezas cuyas piezas encajan a la perfección, más bien es de una cualidad enigmática y espectral que nace del encuentro de miradas y sensibilidades que luchan por llenar las hendiduras que va dejando la historia, misma que pertenece más al terreno de la invención que de la arqueología. Orélie-Antoine de Tounens, es en la superficie un abogado francés y en la profundidad un personaje desdoblado por las conjeturas y los secretos sobre sus hazañas, que cuentan su delirante intento en el siglo XIX -aparentemente logrado-, de fundar la monarquía de la Araucanía en el lejano cono sur, con el fin de rebatir los constantes ataques del estado chileno contra los pueblos mapuches. Una de las versiones de lo ocurrido, se va revelando en el juicio llevado a manos de los militares chilenos que son representados con máscaras fársicas propias de una teatralidad cinematográfica que ridiculiza las representaciones históricas gobernantes. La gestualidad con la que Niles Atallah interviene la física de las imágenes, suma al desmoronamiento de lo que se tiene por verdadero. Formatos, texturas y archivos que lejos de aclarar los hechos los empañan, trazando expresiones laberínticas que albergan pistas para perdernos. De algún modo, la biografía de Orélie-Antoine nos permite desconocerlo, como si todo estuviera elaborado desde coordenadas fantasmas.

Finalmente, Niles Atallah reconstruye con el cine un suceso previo al nacimiento del cinematógrafo, como si postulara que las fronteras de los sonidos, los silencios y las imágenes en movimiento se suspenden ante la falta de registros, y que sin embargo, el mismo hecho de pensar sobre un suceso, lleva irremediablemente al momento en que el suceso empiece a pensarnos a nosotros, como el inicio de toda historia.