Sobre el tono perverso en el cine mexicano contemporáneo

Las hijas de Abril (2017) de Michel Franco


Por Sonia Rangel 

Sobre el tono perverso en el cine mexicano contemporáneo

Las hijas de Abril (2017) de Michel Franco


Por Sonia Rangel 

 

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Los acontecimientos más grandes
no son nuestras horas mas estruendosas,
sino las más silenciosas.
No en torno a los inventores de un ruido nuevo:
en torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo;
de modo inaudible gira.
Nietzsche[1]

Las hijas de Abril (2017) es el quinto largometraje de Michel Franco, mismo que recibió el premio del jurado en la reciente edición del Festival de Cannes a Una Cierta Mirada (festival que, por otra parte, ha ido perdiendo poco a poco su brillo, dejando de ser ese faro que solía iluminar lo mejor del cine de arte/autor) y que cuenta con la destacada participación de la actriz española Emma Suárez.

Si bien la crítica es la forma de escribir acerca de lo que uno ama, cuando es necesario, ésta descubre su potencia disolvente y destructora movida por la indignación, el enojo o la urgencia. La crítica no es vehículo de transmisión de opiniones, sino una aproximación analítica que busca dar herramientas para pensar, en este caso el cine, haciendo visible e inteligible su construcción, modo de operación y efectos, no solo estéticos, sino también políticos.

Ver la película de Franco es ser testigo de cómo algunos directores, escudándose en falsas pretensiones de hacer arte, no les importa mercar con problemas que son no sólo graves, sino que lastiman de manera profunda a nuestra sociedad. Con respecto a esto, la preocupación que mueve a la realización, no es ni por el arte, ni por los problemas sociales, sino por ganar y recolectar laureles en festivales. A este tipo de filmes se les suele llamar “festivaleros”. El problema de estas producciones, más allá de ser estético, es de carácter ético y político, ya que son una serie de miradas irresponsables que pretenden abordar problemas sin hacer previamente una investigación rigurosa y profunda de los temas, teniendo como resultado que, en lugar de problematizar a partir de planteamientos críticos, unicamente muestran opiniones infundadas, ocurrencias, prejuicios y creencias superficiales. Esto no es arte sino productos de la sociedad del espectáculo que al banalizar problemas políticamente importantes como la violencia, el narcotráfico, la trata de personas, la migración, la miseria y —ahora en Las hijas de Abril—, el embarazo adolescente, los estetizan transformándolos en mercancías dadoras de éxitos internacionales. Películas como éstas no sirven más que para satisfacer vanidades y egos.

Según declaraciones de Franco, el filme busca plantear el problema de la relación madre-hijas, así como el lugar de la mujer en la sociedad mexicana en beneficio de una serie de recursos dramático-narrativos que inmediatamente remiten al delicioso filme de Roberto Rodríguez Mamá nos quita los novios (1952), aunque sin su ligereza, o bien, algunas series televisivas del corte de las que conducía la Sra. Silvia Pinal. Las hijas de Abril se centra en la relación tiránica madre-hija teniendo como motor de la acción el embarazo de Valeria —la hija adolescente de Abril—, tema que por demás es acuciante y que es dejado de lado en su gravedad, para de ahí derivar a una serie de situaciones y truculencias, falso realismo que termina por enredar el hilo narrativo hasta romperlo, cayendo en lo ridículo, inverosímil y absurdo.

En consecuencia, el filme es estéticamente nulo en términos formales. El guión no solo es inconsistente, sino que esta plagado de truculencias sensacionalistas. La construcción de personajes es pobre y presenta una fallida y gastada puesta en escena de actores y no-actores, misma que pareciera ser el nuevo cliché del cine mexicano. Más allá de que estética y formalmente la película no contribuye con nada al lenguaje cinematográfico, lo preocupante, insistimos, es que ética y políticamente no es inocente sino irresponsable de los efectos que produce, ya que el filme muestra un evidente desconocimiento de la importancia y gravedad del embarazo adolescente en nuestro país.

Por ende, no de los efectos de dicha desinformación es que no solo anestesian, sino que contribuyen a aplaudir y reproducir la ignorancia y la estupidez debido a que se pone del lado de las posturas mas conservadoras; irresponsable también porque al no cuidar el tratamiento del problema lo estetiza, banaliza e invisibiliza, desactivando la potencia crítica del cine. Este tipo de películas anestesian y crean la ilusión de que estamos en el mejor de los mundos posibles en lugar de sensibilizar e invitar a la reflexión. Creo que hoy más que nunca se necesita otro(s) cine(s), que despierte nuestra sensibilidad y nos dé qué pensar. Las hijas de Abril es un síntoma de que se tiene clara la vía del éxito (en términos de comercialización), con preferencia a la del pensamiento, la imaginación y la crítica. 

FUENTES:

[1] Friedrich, Nietzsche, «De los grandes acontecimientos». En Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza, 2000.