No importa dónde empieces, el destino será el mismo

La rueda de la maravilla (2017) de Woody Allen


Por Olmedo Altamirano 

No importa dónde empieces, el destino será el mismo

La rueda de la maravilla (2017) de Woody Allen


Por Olmedo Altamirano 

 

Tamaño de fuente:

Resulta una apuesta arriesgada cuando los directores optan por adaptar obras teatrales al cine, como hizo Xavier Dolan en Solo el fin del mundo (Juste la fin du monde, 2016), basándose por completo en el trabajo de Jean-Luc Lagarce. Sin embargo, en La rueda de la maravilla (Wonder Wheel, 2016), los elementos estilísticos propios del teatro antes que un obstáculo, son parte de la riqueza del más reciente filme de Woody Allen, logrando plasmar rasgos del dramaturgo Eugene O’Neill. Estamos hablando aquí de una combinación entre dos artistas de cepa neoyorquina.

La historia es introducida por Mickey Rubin (Justin Timberlake), actual salvavidas de Coney Island, y quien por circunstancias de la guerra se vio obligado a aplazar sus aspiraciones de convertirse en escritor de teatro. Él no solo será el encargado de dar pie a los otros personajes, sino que se verá involucrado en un aspecto puntual del drama de cada uno de ellos. Le acompaña Carolina (Juno Temple), quien luego de años de ausencia vuelve a casa de su padre, Humpty (Jim Belushi), con el fin de evadir a la mafia que la persigue. Humpty, un alcohólico en rehabilitación y operador de carrusel, comparte vida junto a su pareja Ginny (Kate Winslet), actriz frustrada y actual camarera en el parque de diversiones, quien a la vez es responsable por su hijo Richie (Jack Gore), un niño pirómano quien se ve ignorado por sus familiares.

Se trata de un drama psicológico, en el cual el director va dando guiños tanto en el guion como en las acciones físicas que se presentan. Cada frase o cada gesto debe detallarse para descifrar qué sucede en la psiquis de los personajes. No resulta un dato menor que uno de los libros que regala Mickey a Carolina en sus encuentros «casuales», sea Hamlet and Oedipus de Ernest Jones. Finalmente estamos ante un filme donde la palabra «repetir» se refleja en letras mayores.

Carolina no resulta ser tan diferente de su padre, a la larga es ella quien alguna vez pretendió encontrar en otro hombre la figura paternal, otro gesto del director hacia O’Neill, en este caso a la trama de Extraño Interludio. Sucede que entre mayores sean los esfuerzos por parte de los personajes en salir de la monotonía, en alcanzar la libertad que anhelan, están condenados a repetir el fracaso que los ancla. Ya Ginny nos ha advertido que no es la primera vez que ve cómo su vida se desmorona a causa de un adulterio, y teme que ello vuelva a suceder con Mickey.

¿Qué hay de Richie? Aquellos lapsos en que los adultos deciden descansar en contar sus sueños y frustraciones, la historia nos hace recordar que Richie también forma parte de ellos aunque no lo vean así. Para algunos resultará gracioso verlo prender fuego a las cosas, pero este no es más que un llamado de atención a que él si es consciente de lo que pasa. Basta con observar que los sitios que se propone incendiar son los mismos espacios que de alguna manera comparte con la mamá.

Kate Winslet destaca como el eje de esta rueda, la travesía a través de los claroscuros de su mente —tanto sus momentos vivaces, como los mas perversos— hacen que quienes la rodean se vean atropellados por el torbellino de su carácter. A pesar de que el azar la hace creer que al fin hay una vía para salir de la penumbra que le agobia a sus 40 años, es este mismo el que de nuevo le recuerda que está condenada a sufrir por sus acciones. ¿Las personas realmente cambian? Allen compartiría un «no» como respuesta. 

No solo por su teatralidad es que resalta La rueda de la maravilla, la cinematografía de Vittorio Storaro contribuye a ambientar la tragedia del sueño americano. Gracias a su trabajo fotográfico, logra recrear a Nueva York en los años cincuenta, cargada de optimismo durante la posguerra, pero que finalmente se estrellará ante una realidad mucho más cruel que las frivolidades que puedan ofrecer las atracciones mecánicas de Coney Island. El autoengaño como escapatoria a un imperativo que rige sobre nosotros: la vida es dura.

La rueda de la maravilla es el regreso de la mejor versión del director estadounidense, superior en cuanto a trama a sus proyectos pasados; ajustada a un guion ácido y personajes que bordan con los límites de la mezquindad y el patetismo. La gracia en un artista no es recrear la nostalgia que brinda sus obras pasadas, sino el de proponer algo nuevo y fresco, La rueda de la maravilla es el caso.