Dictadura y pesadilla

La Casa Lobo (2018) de Joaquín Cociña y Cristóbal León


Jul 9, 2019

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Durante el periodo comunista de 1945 a 1989, Checoslovaquia vivió una época dorada en la producción de cine de animación, pero, al mismo tiempo, sufrió la censura artística. El trabajo de directores como Jan Švankmajer y Jiří Trnka son claros ejemplos de esto; basados en la tradición teatral marionetista de su país, los directores se remitieron a las historias infantiles para hacer de ellas una suerte de tétricas imágenes oníricas en stop motionAlicia (Neco z Alenky, Jan Švankmajer, 1988)— y, en cierta medida, para protestar contra las condiciones impuestas por el Estado a los artistas —Ruka (Jiří Trnka, 1965)—.

En la animación, encontraron una forma de insinuar lo perverso y lo terrorífico que se oculta en los cuentos de hadas (y en las dictaduras). La animación tiene esa maravillosa capacidad de crear una especie de distancia con el horror; basta pensar en los dibujos de Art Spiegelman en Maus, donde cuenta la historia de su padre en el Holocausto, representando a las razas humanas a través de diferentes animales. La metáfora nos aproxima a lo que se nos figura indescriptible.

En este sentido, La Casa Lobo (2018), de Cristóbal León y Joaquín Cociña, trastoca la realidad y la hace pesadilla. Nos presenta lo que parece primeramente un cuento infantil clásico que se transforma después en una reflexión sobre lo perverso en el control y la obediencia. La Casa Lobo relata la historia de María, una joven alemana que escapa de la Colonia Dignidad y se refugia en una casa en medio de un bosque en el sur de Chile. En la casa convive con dos cerditos, Ana y Pedrito, los que serán sus únicos compañeros.

La historia se remite a una colonia alemana nacionalsocialista que, durante la dictadura, funcionó como centro de prisión, tortura y desaparición. También toma referencias de cuentos infantiles como Los tres cerditos o Hansel y Gretel; es un cuento de hadas con toques de terror que van de la mano con las transformaciones de la trama y de la propia protagonista. La animación está hecha con la técnica de stop motion y con figuras hechas con diversos materiales, como trapo, tiza o papel maché, en un aparente plano secuencia que muestra paredes, personajes y espacios en constante transformación.

Revelando en su forma su propio proceso de creación, el resultado es un desafío al orden realista que busca el fragmento y lo efímero. Todo parece inacabado, hay rayones, tachaduras e hilos visibles, y, como sucede en el cortometraje de Jiří Trnka, se alude a una omnipresencia (en La Casa Lobo, representada por una voz en off) que reproduce la sensación de enclaustramiento y vigilancia. Esto puede ser una referencia a los métodos de subordinación nazi de la Colonia Dignidad o tal vez sólo sea la reproducción de una macabra pesadilla infantil.

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