La confrontación sociocultural

El ombligo de Guie’dani (2018) de Xavi Sala


Sep 7, 2019

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La relación laboral y personal que tiene la servidumbre con sus patrones fue uno de los temas centrales en la discusión del cine mexicano en 2018. Lejos del discurso grandilocuente de Roma (Alfonso Cuarón, 2018) y del análisis introspectivo que logró Lila Avilés en La camarista (2018), El ombligo de Guie’dani (Xavi Sala, 2018) construye un relato, a través de una niña zapoteca que acompaña a su madre a su nuevo empleo como trabajadora doméstica en una casa de la Ciudad de México, en donde la búsqueda por la identidad propia da paso a la confrontación sociocultural.

Lo sacan de la comarca en la que ha nacido, que es como sacar a un árbol las raíces, con lo que pierde el mayor objetivo de la vida.
José Martí

La añoranza por el hogar está representada desde la primera secuencia de la película: Guie’dani toma un poco de tierra y la lleva consigo antes de embarcarse hacia la ciudad, destino que no significa el fin de la marginalidad o la apertura a un nuevo mundo, sino el olvido del origen.

Imposibilitada por factores sociales, su búsqueda por regresar a las raíces se desarrolla sobre la dicotomía campo-ciudad, en la que los empleadores no logran comprender el comportamiento de las recién llegadas y éstas se ven imposibilitadas de desarrollar sus actividades cotidianas con normalidad. Instrumentos como las cafeteras, los cubiertos y la regadera privan a sus actos de la naturalidad acostumbrada y se convierten en artefactos que, en lugar de hacer las cosas más fáciles, las complican. En ese sentir, la estética del filme es cuidadosa al retratar la naturalidad del campo en contraposición con el aprisionamiento que ejerce la enorme casa sobre la pequeña, cuyo desenvolvimiento casi siempre se ve condenado a los patios traseros.

La incomprensión de la gente de ciudad da como resultado el regreso a la visión del indígena como personaje sui generis, que requiere un cierto adiestramiento para lograr la convivencia plena en sociedad. Surge así un salvador blanco que se interesa por el progreso de Guie’dani mediante una educación uniforme que afirme su lugar en sociedad y le ayude a olvidar sus viejas costumbres, en especial la lengua materna. «Sería bueno que no hablaran en dialecto», le dice el dueño de la casa a la madre de Guie’dani. El repudio al «dialecto» se inscribe dentro de la negación —y, por lo tanto, eliminación— de cualquier factor extraño al seno familiar, y el zapoteco es visto como un síntoma rústico de retraso social para la clase alta.

Sin embargo, el aspecto sociológico de la cinta se ve enriquecido por la rebeldía de Guie’dani en medio de ese conflicto sociocultural, cuando ésta encuentra en su coetánea Claudia a la única cómplice de sus aventuras. Su amistad surge como oposición a la sujeción a las normas e incluso sirve para la confesión de profundos secretos («¿Tu patrón también te toca?», «De grande quiero ser todo menos sirvienta»). Ahí, El ombligo de Guie’dani lleva su atención de lo social a lo individual y ve el crecimiento de la adolescente como la situación perfecta para marcar las contrariedades en las que se desenvuelve la relación laboral de su madre.

Al priorizar la visión adolescente sobre la adulta —un recurso de Xavi Sala desde el cortometraje Hiyab (2004), en el que la confrontación oriente-occidente se desarrolla dentro de un salón de clases—, El ombligo de Guie’dani es un relato que crea una reflexión social desde los determinismos de la juventud y la manera en que éstos influyen en la percepción, tanto de la labor de los padres como de la propia individualidad.

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