Qué pensar de una ciudad

Midnight Family (2019) de Luke Lorentzen


Oct 8, 2019

TAMAÑO DE LETRA:

Si uno quisiera hacer una película de mexicanos o negros, tendría que ser —hasta muy recientemente, quizás con la excepción de A Better Life— una película de pandillas (…) en lugar de mostrar lo que verdaderamente es, mostrar estas comunidades como sitios donde vive la gente.
Thom Andersen en la presentación «Site Unseen: L.A. on Film», 2013.[1]

Andersen hablaba de Los Ángeles, desde luego. Y de cine de ficción en una industria que parece bastante lejana de la actual. De todos modos, la idea es la representación de una comunidad mexicana que no esté enfocada en sus criminales o que no parta de sus estereotipos, sino al revés, de los hechos. Como el documental. ¿Y si se mostrara un lugar como «lo que verdaderamente es» y como un sitio «donde vive la gente» y aun así aparecieran atisbos de crimen e impunidad? La cuestión de cómo problematizar las carencias sistemáticas de humanismo y moralidad sin responsabilizar completamente a un solo grupo de personas nos encuentra de nuevo.

Thom Andersen también dijo una vez que «Los Ángeles es más bella cuando es vista en close-up».[2] De la Ciudad de México no podríamos decir lo mismo. En Midnight Family, la capital es más divertida cuando es vista en close-up, incluso más impactante, pero sigue siendo despiadada y tramposa. El documental de Luke Lorentzen registra de manera muy cercana los recorridos nocturnos de la familia Ochoa en la ambulancia pirata que trabajan. El padre, Fer, suele ser el copiloto de Juan, su hijo de 17 años que, al menos frente a la cámara, es el líder de facto del equipo. Manuel es el encargado de tratar (y cobrarle) a los pacientes y no es consanguíneo del resto. Por último está Josué, el hijo pequeño de Fer que falta a la escuela para desvelarse con su familia, juega en la parte trasera del auto, se esconde en un compartimento secreto cuando su presencia podría ser problemática y, extrañamente, administra las finanzas familiares mejor que los adultos. Los Ochoa operan mediante sobornos a la policía, comisiones de un hospital privado y lo que puedan cobrarle a la gente que transportan, brindando un servicio que, según el dato que abre la película —esta ciudad sólo tiene 45 ambulancias estatales para atender a una población de casi 9 millones de personas—, el gobierno local y la Secretaría de Salud claramente no están haciendo bien.

Un pulso incansable va hilando retratos íntimos y simpáticos, entrevistas, pláticas de accidentados sin mucho pudor a que los filmen y vistazos furtivos a las calles mexiqueñas en la ilusión de una larga noche. Lo que hemos visto recientemente en documentales de Frederick Wiseman o Roberto Minervini, donde el entramado de situaciones nos aclimata (ya sea armónicamente, en el caso del primero, o pasionalmente, en el caso del segundo) al temperamento de una comunidad hasta hacernos sentir invisibles entre sus filas, el montaje de Midnight Family hace con la urgencia de un reportero de nota roja. Por «situación», entendamos un suceso que está profundamente relacionado con el lugar en donde se desarrolla: una fusión de los personajes con los diferentes escenarios de la ciudad nocturna que hace que la cámara salte hábilmente del toldo de la ambulancia al rostro perfilado de su conductor bañado en azul neón; un segundo está dentro de la cabina, donde los hermanos se insultan cariñosamente, al otro está temblando sobre el pavimento, a unos metros de un policía que discute libremente con el mayor de los Ochoa, diciendo cosas que un chilango promedio casi nunca alcanza a escuchar de un uniformado (y mucho menos si lo están grabando).

En esa selección de ocurrencias afortunadas y en la decisión de dejar ciertos elementos fuera de campo —pero al alcance de los oídos—, Midnight Family tiene la capacidad de síntesis que una crónica periodística debería tener siempre, con la que una relación de detalles sobre un caso particular permite vislumbrar fenómenos complejos. Por ejemplo, la parte donde una llamada de emergencia se convierte en una secuencia de arrancones: los Ochoa se percatan de otra ambulancia que va a atender el mismo accidente que ellos y, como esto se trata de dinero, se precipitan sobre ella vertiginosamente para rebasarla a toda costa, infringiendo señalizaciones de tránsito y utilizando carriles prohibidos mientras Fer grita por el altavoz para que los otros vehículos se muevan de su camino: «¡Avánzale, Corona, por la derecha! ¡Puedo ir por un familiar tuyo!». El muy inofensivo chantaje emocional y la mentira en otras ocasiones —herramientas que tienen consecuencias cada vez más escalofriantes— hacen avanzar a los personajes, y no se puede cuestionar su efectividad porque, en este caso, llegan antes que sus rivales. ¿Deberíamos preocuparnos por la cantidad de vidas que pusieron en peligro en esta carrera irresponsable o alegrarnos porque un paciente recibirá atención a tiempo? ¿Qué pensar de una ciudad donde, para ayudar a alguien, se tuvieron que romper una cantidad absurda de reglas? ¿La precariedad y la competencia del sector privado no está por lo menos mejorando la rapidez del servicio de ambulancias piratas?

Muy inteligentemente, Midnight Family guarda su pregunta más incómoda para el final. Quizás sin antes haber compartido Ruffles de queso con Josué o haber sonreído por la carismática franqueza de los soliloquios de Juan, hubiera sido muy duro aceptar que, por el precio de una comisión para nuestros héroes de media noche, vimos a alguien morir frente a nosotros dentro de esa ambulancia de locos. Las mañas de los Ochoa dejan de ser tan pintorescas cuando la misma cámara que nos hizo reír con ellas nos hace testigos de los alcances de su daño colateral.

TAMAÑO DE LETRA:

 

  • Bacurau
  • Dogman
  • Retrato de una mujer en llamas
  • Los muertos no mueren
  • El automovil gris

FUENTES:
[1] La presentación fue parte de un simposio organizado por el Getty Research Institute para la exposición Overdrive: L.A. Constructs the Future 1940-1990 y puede ser vista en línea aquí.
[2] Thom Andersen, «Get Out of the Car: A Commentary» en Slow Writing: Thom Andersen on Cinema, Estados Unidos, The Visible Press, 2017.