El día más breve del año

The World is Full of Secrets (2018) de Graham Swon


Abr 13, 2020

TAMAÑO DE LETRA:

En uno de los más enigmáticos poemas del escritor estadounidense E. E. Cummings, Maggie, Milly, Molly y May, cuatro amigas, bajan una tarde a la playa a jugar. La experiencia de cada una, narrada de forma individual, da estructura al texto y, a su vez, anticipa un distanciamiento definitivo. De manera sutil, en cada pequeño párrafo se nos presenta el carácter y los intereses de los personajes y, con ello, el posible rumbo desconocido que sus vidas tomarían. Sin nombrarlo, el poema traza una línea de tiempo escindida que, no obstante, mantiene en suspenso la esperanza de un reencuentro.

Retomo aquel poema porque hay algo de esa estructura que también da forma a The World is Full of Secrets (2018), ópera prima de Graham Swon. En el filme, Mel, Emily, Suzie y Becca se reúnen una noche, en el verano de 1996, en casa de Clara mientras sus padres no están. Desde el presente, indeterminado y misterioso, una voz en off nos advierte que un violento y terrible acontecimiento se cierne sobre las chicas, mientras ellas, ignorantes de su destino, disfrutan de la pijamada: se pintan las uñas, se perforan las orejas, hurgan entre los libros de la casa y, entre todo esto, juegan a contarse historias, historias de horror. «Lo más horrible que hayan escuchado», según propuso Suzie. —Mel hace gala de sus gestos, que expresaban más que sus palabras. / Emily narra una fábula sobre la violencia sistémica contra las mujeres desde el tiempo del antiguo Imperio romano para confirmar su superioridad moral. Su rostro, el más tierno e inocente de todos, se llenó de temor y orgullo mientras la contaba. / Y Suzie relata la historia más aterradora, una anécdota no tan lejana sobre cuatro brujas, que no eran más que adolescentes, que torturan y queman a una inocente compañera del colegio. / Y Becca hizo lo que siempre hace; urdir un plan para asustar a las demás, una invocación demoniaca que no sale bien y a nadie divierte.— Cada historia, contada a su manera, revela no solo la personalidad de las chicas, sino que sugiere, con pequeñas pistas, un horror todavía mayor.

Porque ninguna de esas horribles historias se aproxima a lo que está por sucederle a ellas. Sin embargo, dicho acontecimiento, que marca a la protagonista y motiva el recuerdo, no se ve ni se narra, se mantiene fuera de campo en ambos sentidos. La apuesta del filme radica en recuperar la potencia de la imaginación —la de las protagonistas y la del espectador— para generar dicho horror sin mostrarlo, prescindiendo de la representación y devolviendo una cualidad hipnótica a la narración oral mientras la pertinencia de la imagen se pone a prueba así misma.

Es por ello que el plano medio domina el grueso de la película. En larguísimas tomas fijas, atípicas para el género, Swon permite la completa exposición del relato. La larga duración de estos segmentos es crucial, pues enfrentan al ojo con el oído y devuelven la atención al delicado acto de escuchar, necesario para imaginar (para crear imágenes propias de efectos permanentes, cuya marca resulta más difícil de borrar). El ritmo del montaje, suave, parece emular la candencia de la palabra hablaba, de ahí que las disoluciones se deslicen dóciles, pero sin permitir el corte directo, y que, en cierto momento, por ejemplo, la dureza del plano contra plano se vea anulada con una simulada doble exposición en la que ambos rostros se muestran a la vez, conviviendo en las miradas y en la composición.

Las cosas no son lo que parecen, nos adelanta Graham Swon desde el principio. El fondo floral que abre la película, algo parecido a un telón o a un tapiz, se revela luego como una sabana sobre una cama. Sutil recurso que advierte de la importancia del punto de vista y nos previene de confiar en lo que vemos, anteponiendo la fidelidad de lo que se escucha. «Las historias son reales, esas personas existieron», arguye Emily: la sensación que le queda luego de aquel juego de relatos sin imágenes es el de haber estado ahí, de haber querido estar ahí para poder tomar acción en el destino de sus protagonistas. Y es la misma conmoción que The World is Full of Secrets consigue una vez alcanzado su inevitable final.

maggie and milly and molly and may

maggie and milly and molly and may
went down to the beach (to play one day)

and maggie discovered a shell that sang
so sweetly she couldn’t remember her troubles, and

milly befriended a stranded star
whose rays five languid fingers were;

and molly was chased by a horrible thing
which raced sideways while blowing bubbles: and

may came home with a smooth round stone
as small as a world and as large as alone.

For whatever we lose (like a you or a me)
it’s always ourselves we find in the sea.

E. E. Cummings

TAMAÑO DE LETRA:

 

  • El hombre cuando es hombre
  • Caperucita roja
  • Las poetas visitan a Juana Bignozzi
  • Santikhiri Sonata
  • Fauna-2