El espectáculo mediático

Matinée (1976) de Jaime Humberto Hermosillo


Nov 3, 2020

TAMAÑO DE LETRA:

Hoy he vuelto a ver Matinée (1976); he recordado un poco mi niñez, la sensación de perseguir una aventura, así fueron mis matinées. Del cineasta mexicano Jaime Humberto Hermosillo, Matinée centra su relato en exponer desde una mirada infantil los conflictos morales de la sociedad mexicana: la violencia vista como espectáculo, la homosexualidad latente, la religiosidad, entre otros. Más allá de mostrarnos una idea romántica e idealista de aventura juvenil, el filme revela una realidad que quizás no esté muy alejada de la que hoy acontece. Recordemos: la producción cinematográfica de Hermosillo va de la mano del cine posmoderno de los años sesenta; tal y como señala Martha Gutiérrez Correa, a los filmes producidos bajo este signo no les interesa mostrar una mímesis de la realidad, sino criticar los principios que consolidaron la modernidad a través de lo amoral.[1]

La violencia como espectáculo se manifiesta en todo momento a través de la transformación de la mirada de los personajes infantiles, Aarón y Jorge. En la segunda secuencia del filme, desarrollada en la tienda de la madre de Aarón, podemos ver cómo los niños hablan sobre sus planes a futuro. Jorge se sitúa como un personaje atrevido, decidido a dejar sus estudios para trabajar en la capital como mecánico. Por otro lado, Aarón se muestra como alguien pasivo, responsable y cuyos planes se limitan a viajar al rancho de su tío y atender la tienda de su madre. La conversación cambia una vez que Jorge menciona viajar a la Ciudad de México con su padre, atrayendo la atención de su amigo, quien desea acompañarlo. Esto da pauta a que el niño cuente la anécdota de dos carteristas en el metro.

Resulta interesante cómo Jorge describe y relata puntualmente lo sucedido, así como las opiniones que tiene sobre los fenómenos delictivos de la capital: «asaltan las calles y matan en pleno día». Dicha secuencia denota cómo los niños ven la violencia como algo llamativo, algo que no solo puede resultar entretenido, sino fantástico. «Es como una película», comenta Aarón al final de la escena. Guadalupe Pérez-Anzaldo señala que, al situarnos ante una sociedad del espectáculo, lo único que interesa es convertirnos en atracción de las masas a fin de consolidarnos como figuras e ídolos: imágenes de representación.[2]

Otra cuestión que influye en consolidar a los niños como figuras del espectáculo es su viaje a la ciudad y su encuentro con una banda de ladrones. La muerte y secuestro del padre de Jorge hará que los chicos se incorporen a un grupo de asaltantes; su líder, Aquiles, se convierte en poco tiempo en un referente para los jóvenes. Hacia la segunda mitad del filme, vemos cómo Aarón obtiene más atención por parte de Aquiles; como resultado, el niño demuestra empatía e interés por los planes de su protector, dejando de lado a su amigo. Jorge pierde poco a poco la credibilidad y confianza en los adultos. Por su parte, Francisco, fiel compañero de Aquiles, se siente desplazado una vez que Aarón asume el puesto de secretario particular.

El plan de asalto a la Basílica de Guadalupe, así como la situación con Aquiles, hará que Francisco se replantee la situación en la que se encuentra; en su cuarto de hotel, charlando con Jorge, recuerda los momentos que pasó con Aquiles mientras estaban en la cárcel. Anhela regresar a ese momento. Francisco aconseja al niño huir con Aarón. «Es un sacrilegio. ¿Te imaginas si alguien nos delata? Volveríamos a la cárcel», expresa Francisco sobre el asalto, sonriendo y mirando hacia la nada. Dicha escena hace un guiño directo a uno de los temas recurrentes de la filmografía de Hermosillo: la homosexualidad latente. Si bien no lo hace de manera declarada, esta se interpreta en el recelo y anhelo de Francisco por regresar a aquellos momentos donde solo eran Aquiles y él.

Tras una fuerte disputa entre los protagonistas, Jorge y Aarón discuten el plan de La Villa. Aarón ha prometido trece monedas de plata a San Antonio con tal de que el atraco salga bien. «¿Cómo te atreves a pedirle a un santo que salga bien un robo? Eso es un pecado mortal», dice Jorge. Los personajes que desarrolla Hermosillo se fijan dentro de lo irracional, se enuncian como individuos que se jactan de burlar el peligro y los códigos sociales. Esa percepción banaliza y habitúa lo acontecido en pantalla, proyectando un relato donde los juicios morales pasan a segundo plano. No obstante, la idiosincrasia mexicana se hace presente a modo de sátira en Aarón, el único individuo cuya religiosidad se manifiesta con cada manda a San Antonio. Así se exhibe que no existe acto de fe verdadero sin beneficio propio.

El relato se fragmenta en la última parte de la película, como los intereses de los protagonistas. Jorge y Aarón denuncian el robo a la Basílica. Su aventura no termina aquí: desean presenciar el atraco. Ambos llegan a La Villa en autobús, corren, buscan un sitio desde el cual observar los hechos, suben a lo alto de una estructura y, desde las alturas, inspeccionan la zona para ubicar a Aquiles y Francisco. Al no encontrarlos, Jorge baja, corre a uno de los accesos y habla con un hombre. Regresa al lado de su amigo, el niño se acuesta para contemplar la detención de los asaltantes mientras revela que ha conversado con un agente secreto. Aarón huye, desea evitar que Aquiles sea apresado; mientras corre, se encomienda a San Antonio para que su protector no sea lastimado. El niño choca con una anciana y las monedas que había prometido al santo caen al suelo. Mientras todo esto sucede, Jorge se divierte observando el desenlace de la película de la cual ha sido partícipe.

En Matinée, Hermosillo vincula la fascinación por la violencia y los actos delictivos con la amoralidad mexicana, en tanto se prepondera el espectáculo y la ambigüedad moral en sus personajes. En consecuencia, la cinta se fija dentro del cine posmoderno mexicano, ya que, como menciona Alma Delia Zamorano, hace referencia a sí mismo, a la violencia que acontece en pantalla y en los medios,[3] buscando descubrir los efectos de la asimilación e insensibilización del ser humano que asume la violencia como algo normal y cotidiano.

*Este texto fue escrito como parte del seminario de crítica de cine del Centro Cultural de España en México y Correspondencias.

TAMAÑO DE LETRA:

 

  • 14_Sanctorum_04
  • 18_MS Slavic 7_03
  • 11_Pajaros de verano_02
  • 02_El silencio es un cuerpo que cae_02
  • 16_24Frames_03

NOTAS Y REFERENCIAS:

[1] Martha Leticia Gutiérrez Correa, «El cine de autor del cine moderno al cine posmoderno», en Razón y Palabra, Volumen 87, México, 2014. {Revisado en línea por última vez el 25 de octubre de 2020}.

[2] Guadalupe Pérez-Anzaldo, «Teorizaciones: la diversificación de la violencia» en El espectáculo de la violencia en el cine mexicano del siglo XXI, México, Cámara de Diputados, 2018, pp. 113-147. {Revisado en línea por última vez el 25 de octubre de 2020}.

[3] Alma Delia Zamorano Rojas, La posmodernidad en el cine: temas y géneros, Tesis de Doctorado, México, UNAM, 2006. {Revisado en línea por última vez el 25 de octubre de 2020}.