Vivimos tiempos solitarios (2/2)

Friends and Strangers (2021) de James Vaughan


Feb 8, 2021

TAMAÑO DE LETRA:

1. «I’m getting over someone. Do you know what I mean?»


«Quiero decir», explica Alice, «que allá afuera hay alguien que yo amo, pero con quien ya no puedo estar». Ese alguien definitivamente no es Ray, su acompañante en un improvisado viaje de campamento. Y él tampoco quiere nada con Alice. Friends and Strangers (James Vaughan, 2021) es una película para darse cuenta de que no nos estamos dando cuenta, porque ya van varios treintañeros que me dicen «Ser soltero es increíble» y la verdad es que yo no les creo nada. Vivimos tiempos solitarios.

Y las personas no hacen más que pasar de largo a Ray. Nada es suyo y nadie lo entiende. Su presencia se identifica como sustituible o indeseable por primera vez cuando Alice le miente para quedarse sola un rato. Estoy cansada, voy a tomar una siesta, ve tú. Cuando él se va, ella sale a caminar al lago. Se encuentra con una niña. En un par de segundos, hay más química y entendimiento entre la pequeña y Alice que entre los amigos acampando juntos. La niña le pregunta por su novio y Alice corrige inmediatamente: «Él no es mi novio». Antes de saber quién es Ray, sabemos quién no es.

Partir de una negativa suena confuso, pero coincide exactamente con las relaciones de Ray y Friends and Strangers: no somos, pero aquí estamos. Por solidaridad con el lector, no voy a detallar las veces que desempeñé un cargo laboral que ni siquiera entendía todavía o que fallé en cumplir las expectativas de una relación sin saber cómo llamarla, pero esa acción preventiva, ese reaccionar a ciegas, es lo que Ray no hace. El paradigma social es más rápido que la comprensión de sus participantes: ser antes de reconocerse.

2. «The Queen is blue»


Hasta las separaciones más profundas o los profesionales más fracasados pueden dar risa si se observan desde el ángulo correcto. El ángulo deformante. ¿Qué es? ¿En qué nos transforma? ¿Cómo regreso a lo que era si todo se vuelve extraño? Friends and Strangers lo aprovecha, lo reproduce como un punto ciego entre la expectativa y la real pesadilla de la incertidumbre en una situación cualquiera. Si uno no sabe quién es o qué quiere, ya cayó en ella: en la risa que no aparece con el resultado imprevisto de tal o cual premisa, sino que nos señala como imprevistos a nosotros. Voltear a todos lados y notar que los ojos están puestos aquí, en la anomalía. El gag humano.

El ambiente a la David Lynch y el dinamismo contenido en cada plano hacen brotar la sospecha de uno de esos ángulos deformantes en la casa del nuevo empleador de Ray. Después de una presentación incómoda por la torpeza y la impuntualidad del joven videógrafo, lo invitan a esperar en la sala: un cuarto con las paredes repletas de pinturas grotescas e irreverentes: Donald Trump semidesnudo posando en una cama, la Reina Isabel vestida de rosa, con la mirada frenética. Ray no sabe en dónde acaba de meterse. Le presentan a la hija, encargada del proyecto; ella le habla como si lo examinara de pies a cabeza con sus palabras; barriéndolo, como decimos en México. El empleador lo bombardea con preguntas y Ray solo balbucea o responde estupideces. Lo barren de nuevo. Vuelve a la sala y la Reina Isabel está vestida de azul. ¿Ese cuadro no era rosa hace unos minutos? Sin un botón de rewind, nunca vamos a estar seguros, y Ray está quedando como un loco.

¿Dije David Lynch? Esta casa australiana parece una de esas mansiones de Malibú donde ocurren encuentros oscuros en el cine. Ray parece Andrew Garfield en Under the Silver Lake (David Robert Mitchell, 2018), Alicia en el País de las Maravillas.

3. «One of those sincere guys»


En su texto para la serie Appreciations del Festival Internacional de Cine de Róterdam, Adrian Martin asegura que Friends and Strangers es «hasta los talones, una película de Sydney» en contraste con la calidez pasional que supuestamente tiene Melbourne, su ciudad rival. «Todas las relaciones en Sydney (…) son, por lo tanto, furtivas, efímeras, ambiguas».[1] Qué bien resume a tanta gente de mi edad, pensé: romances furtivos, hogares efímeros y situaciones laborales ambiguas. Un día eres fulano, el que se dedica a esto y aquello, amigo de esos y esas, y al otro ya no hay nadie. La identidad comienza a desvanecerse.

Así empieza la fuga dentro de la diégesis, al pedirle explicaciones a un ligue, ser indiscreto con un amigo o sumirse en el infierno de una casa ajena. Friends and Strangers es la farsa de nuestro corazón errante. La puesta en escena de un mundo abierto, del macrocosmos, de las ciudades tan llenas de aire y concreto que se levantan más alto de lo que el individuo va a llegar a ser jamás. La frialdad y el atractivo instagramero de Deragh Campbell, Julian Radlmaier o Martín Rejtman en un Sydney vuelto hormiguero de excéntricos centrífugos, seguros de su camino.

El único que no entiende a dónde va es Ray, si bien encaminado por sus padres y sus amigos, pero prácticamente ingenuo. Cerca de un lago, Alice le confesó a una extraña que su amor estaba perdido, y luego inferimos que el de Ray también, que alguien lo dejó solo. A lo mejor ahí empezó el desfase. Ray es un tipo que atiende a todo menos a lo que está pasando, que anda paso a paso ocultando su debilidad cuando en la delantera ya todos saben de qué está hecho. «Uno de esos tipos sinceros», lo describe una amiga suya, explicando por qué no quiere salir con él.

TAMAÑO DE LETRA:

 

  • The Viewing Booth
  • Elmer Gantry_2
  • After Yang
  • Memoria
  • Diarios de Otsoga

FUENTES:
[1] Adrian Martin, Friends and Strangers – What Is It That We’re Taking Slow?, IFFR, 2021. {Revisado en línea por última vez el 05 de febrero de 2021}. (T. de A.).