Andar descalzos

Vive l’amour (1994) de Tsai Ming-liang


Abr 7, 2022

TAMAÑO DE LETRA:

La venta en bienes raíces utiliza la ficción y el porvenir como herramientas. Entras a un espacio semivacío y creas escenarios ficticios y muebles imposibles en la casa. ¿Cómo será levantarse con esta luz por las mañanas?, ¿por dónde saldrá el humo en la cocina? o ¿cómo crecerán las plantas aquí? son preguntas que surgen a la par de la mirada y junto a un vendedor que busca convencerte de adquirir aquel espacio. Los bienes raíces se basan en una búsqueda constante de una familiaridad posible, de un lugar que podamos sentir propio o, por lo menos, cercano.

Vive l’amour (Tsai Ming-liang, 1994) trata sobre espacios provisionales, sobre andar descalzos y sobre la caricia, el encuentro o el deseo en sitios ajenos. Hsiao-kang, un vendedor de urnas, toma las llaves de un departamento en venta y comienza a vivir a escondidas dentro de este. Ah-jung, un joven que vende ropa de modo informal se quedará con las llaves del mismo departamento después de encontrarse con May Lin, la mujer que muestra ese lugar para una agencia de bienes raíces. Estos se conocen en un centro comercial, fuman uno al lado del otro sin intercambiar ninguna palabra, se miran de reojo, merodean entre escaparates de productos que no comprarán y películas que no verán juntos. También su relación es provisional.

Se plantea: ¿cómo hacer habitables estos espacios y afectos en tránsito? ¿Cómo darles un cuerpo relativamente estable para poder asirlos por un momento?

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Hsiao-kang se hiere el brazo momentos antes de que May Lin entre de improviso al departamento con un joven y se desnuden en silencio. Entre restos de sangre, Hsiao-kang se esconde. La sangre y los pies desnudos, la respiración de la pareja del otro lado de la habitación; de pronto, un espacio vacío es colmado de aliento y procesos vitales de personas desconocidas entre sí.

Para pasar desapercibidos, los personajes se quitan los zapatos y caminan en silencio por los pasillos. Este mismo gesto da cuenta de una estrategia sutil y casi imperceptible de apropiación del espacio. Nos descalzamos cuando llegamos a casa o cuando vamos a descansar. Tiene que ver con la decisión de quedarse o de partir.

Más adelante, May Lin se quita los zapatos para subirse a los autos y colocar letreros de venta en postes y árboles. Las posturas son contingentes y apresuradas. Estar descalzos implica cierta vulnerabilidad y denota un ambiente íntimo. Vive l’amour ronda acerca de dichos límites entre lo público y lo privado, fronteras expresadas no solo en los espacios y sus dinámicas, sino en cómo estos conceptos transitan, a su vez, sobre los cuerpos de los personajes y sus roces o cercanías inminentes.

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Los escenarios se conforman de centros comerciales, aeropuertos, parques, avenidas, puestos de comida callejera y habitaciones poco amuebladas o vacías. Las vivencias más íntimas suceden en estos sitios de paso. El reposo es momentáneo e implica la coexistencia con otros sujetos que, a su vez, están brevemente en cada lugar.

La película recorre espacios suspendidos entre la decisión de ciertos vecinos de dejar sus departamentos y el momento previo a una nueva mudanza. Los personajes duermen en colchones sin sábanas y abren los armarios con objetos olvidados. Aquí, la respiración, el sonido del agua al correr, los pasos o el abrir y cerrar de puertas son ruidos que se anteponen al paisaje sonoro casi imperceptible del exterior. Dichos sonidos han de ser apenas los imprescindibles para no evidenciar la presencia de sus nuevos ocupantes. La ausencia de música extradiegética da cuenta con mayor énfasis de este elemento del habitar.

Hsiao-kang pide un vaso de agua y un café en un restaurante. No espera nada, es el último en irse. ¿Cuánto tiempo podemos estar en un espacio y por qué? Los automóviles, los restaurantes y hasta los cementerios pueden albergar a sujetos que hacen tiempo o lo prolongan con la espera, merodeando. Los espacios provisionales se caracterizan por ser lugares en los que sus habitantes están a punto de partir siempre. Ah-jung vende ropa tendida en el piso sobre una sábana blanca que le permite estar preparado en todo momento para irse. Cada uno de los personajes se encuentran como suspendidos en este acto ralentizado de partir.

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¿Qué deseas cuando tomas aire después de hundirte en una tina o un baño o cuando rozas la superficie de una cama? ¿Por qué besamos la pared del baño o una fruta? ¿Por qué nos vemos a los ojos en los espejos? ¿Qué pensamos cuando sentimos el aire en nuestro cuerpo?

May Lin y Ah-jung se encuentran en un departamento que pronto o en algún tiempo será de alguien más. Se quitarán la ropa, se tocarán sin intercambiar palabras, se verán a los ojos, dejarán marcas en su cuerpo mientras Hsiao-kang caminará sin hacer ruido, del otro lado del departamento, con la camisa manchada de sangre. El triángulo se repetirá a lo largo de la película. La pareja unida por una noche ignorará que Hsiao-kang se halla escondido debajo de la cama escuchando su encuentro traducido en jadeos. El sonido es aquel espectro que nos permite participar de un suceso ajeno como si fuera propio. Escuchar un departamento vecino es participar de ese mismo espacio a la distancia, es un acto de intimidad a solas. Algo de todo esto se comparte con los teléfonos públicos, un sonido apartado que atendemos y del que participamos en ausencia, por unos segundos,
en una calle o en un interior.

Hsiao-kang come una sandía del piso y siente su cáscara contra su propia piel, como dos superficies que se reconocen. Ah-jung y él se saben del otro lado de la habitación o de la puerta cuando regresan de trabajar. May Lin come un trozo de pastel directo del refrigerador con las manos, entra al baño, deja el gas abierto sin quererlo y piensa algo que se nos escapa como espectadores, pero que suponemos. La languidez de estar en casa y desear algo indefinible y perder la vista y buscar. Vive l’amour es preparar comida en un hogar prestado y habitar lo transitorio como propio, es pensar en un lugar que no es nuestro, pero que necesitamos, con una confusa tristeza, ciertas noches.

TAMAÑO DE LETRA:

 

  • El poder del perro
  • Adios al lenguaje-2
  • Noticias de casa
  • Los espigadores y la espigadora
  • La mano